Habla con la pasión que escribe y con ese gusto que
tienen muchos intelectuales franceses por la
teorización, por las disquisiciones de factura
racional sobre asuntos que implican aficiones y
pasiones. Esa disposición le viene, quizá, por su
origen barcelonés, donde saboreó, en la tertulia de
su padre, los muchos saberes de personas como Néstor
Luján. Licenciado en Ciencias Económicas, director
general de Relaciones Informativas de la presidencia
del Gobierno en el efímero Gabinete de Leopoldo
Calvo-Sotelo, Carlos Abella (1947) ha firmado
algunos libros de referencia para los aficionados a
la fiesta, como la «Historia del toreo» que editó,
en dos tomos, Alianza Editorial. El mismo sello ha
publicado hace sólo unos meses «José Tomás, un
torero de leyenda», una reflexión sobre la última
gran figura de los ruedos. Abella habló ayer en
Gijón, invitado por el Ateneo Jovellanos, de lidia y
otras cosas.
-¿Por qué es José Tomás, a su juicio, un torero de
leyenda?
-Aparte de las razones estrictamente taurinas, es
decir, sus triunfos en los ruedos, creo que ese
carácter de leyenda, que es una variación más
sociológica, está fundamentado, en mi opinión, en el
reto que él asume al reaparecer en la plaza de
Barcelona. Es un compromiso. Yo creo que él se dice,
¿tiene algo de especial que yo reaparezca en
Badajoz? Pues no, se verá como algo normal. Ahora
bien, si lo hace en Barcelona tiene un significado.
No quiero decir que él se hubiera planteado echarle
un pulso al nacionalismo catalán, pero sí hay un
compromiso con la lidia.
-¿Por qué Barcelona?
-Él quiso apoyar la fiesta en Cataluña. ¿Y qué pasó?
Pues que fue un acontecimiento no sólo español, sino
de todo el mundo del toreo. Vino gente de México, de
Francia, de todas partes, para verle. Llevaba cinco
años retirado.
-¿Qué tiene José Tomás que no posean otras figuras
de la lidia?
-Misterio, solemnidad, severidad, respeto a su
condición de artista... Hay que entender que él
vuelve en un momento en que otros toreros habían
degradado su propia imagen, y no quiero dar nombres.
Y también cuando algunos matadores se habían dejado
manipular por ciertos medios de comunicación que, de
alguna manera, ridiculizaban o vulgarizaban esa
condición de artistas. Con su reaparición, y sin
presumir, porque él no presume de nada, reivindica
ese papel y viene a decir que el torero no puede ser
un payaso de la sociedad. Ha devuelto, asimismo, la
emoción a la lidia, porque asume el riesgo. Y para
colmo ha echado un pulso a los poderes
institucionales del toreo, empresarios y alguna
cadena de televisión.
-¿José Tomás es una nueva versión del torero
trágico?
-No. Tiene el concepto de que las cosas se deben
hacer lo mejor que se pueda y de que la estética es
importante. Ha hecho una cosa que ya se había
olvidado: pasar la raya de lo inconveniente, es
decir, si hago tal cosa corro un riesgo; él lo
corre. El toreo vivía en un mundo confortable,
aunque nadie está libre de la cogida, pero él pasa
esa raya, se expone. Es un valor añadido a su
personalidad, que ayuda a llevar más aficionados a
la plaza.
-En otro libro suyo («De Manolete a José Tomás») une
el nombre del diestro de Galapagar al de uno de los
grandes iconos de la lidia. ¿Son maestros
equiparables?
-Es un guiño para resumir sesenta años de toreo y de
historia de España, pero también hay un
reconocimiento explícito de la admiración que José
Tomás tiene por Manolete. Yo interpreto esa
admiración como una comprensión profunda de un
torero sobre el otro, pero es cierto que hay otras
interpretaciones, como si José Tomás quisiera morir
igual que Manolete. No, no es eso, aunque es,
también, un torero riguroso, solemne, serio.
-A eso me refería. ¿Hay una misma concepción de la
lidia, o de la vida, entre ambos maestros?
-Estamos afinando muchísimo. Hay que tener un
diagnóstico de la sociedad en que uno vive para
saber cómo nos comportamos. Manolete, en el contexto
político de los años cuarenta, vive una situación
afectiva difícil, con una mujer muy cuestionada (la
actriz Lupe Sino), y vive esa relación desde la
condena social. José Tomás se ha percatado de que en
esta sociedad hay cosas que no están tan bien vistas
como a él le parece, y no lo digo por su novia, pero
él es políticamente incorrecto respecto a otros
toreros. Tiene una novia que es una chica normal,
sencilla, como cuarenta mil, y le gusta que no sepan
dónde está. Y eso también le pasaba a Manolete, que
llego a vivir en México para poder esconderse. José
Tomás también es feliz en Aguas Calientes, en
México, donde posee una casa. Tiene el sentido de
que cada momento que vive es trascendente.
-¿José Tomás es el mejor torero vivo?
-No he escrito el libro porque crea que es el mejor
torero, sino porque creo que es la personalidad
taurina más importante del momento. Luego puedo
estar de acuerdo con su concepto del toreo, que
también lo estoy.
-Insisto en la pregunta.
-Con sus imperfecciones, sí creo que es el torero
más importante. Está tirando de la fiesta, del
interés de los aficionados. Yo soy un mitómano y no
hay una sola imagen de él conducido a la enfermería;
es muy sufrido, no habla, y los periodistas le odian
por eso.
-También ha escrito libros sobre Paco Camino y Luis
Miguel Dominguín. ¿Son sus matadores preferidos?
-No. Usted es periodista y seguro que hubiera
aceptado una propuesta para escribir una biografía
de Dominguín, un personaje apasionante, el hombre
más inteligente que he conocido. Era burlón,
irónico, sabía de la vida más que nadie. Yo le
conocí en una época casi terminal, cuando él ya lo
había vivido todo. El libro sobre Paco Camino
responde más a cuestiones estrictamente toreras. Es
muy amigo de José Tomás, con quien ha coincido en la
decisión de devolver la medalla de Bellas Artes del
Toreo (por la concesión de este galardón a Francisco
Rivera Ordóñez). Es un gesto de rebeldía, para
reivindicar que la medalla se debería haber
concedido a otros toreros.
-¿Aplaude ese gesto?
-Ellos lo que piensan es que otros toreros más
antiguos no tienen esa medalla.
-¿De dónde le viene a usted la afición por los
toros?
-De mi padre. Me crié en un ambiente muy
intelectual, de afición al toreo, pero en el sentido
culto del término. Los amigos de mi padre eran gente
como Néstor Luján, por ejemplo, que era, también, un
gran gastrónomo, un hombre del Renacimiento. Sabía
de todo.
-Y escribía bien de casi todo.
-Sí, su «Historia del toreo» es maravillosa.
-¿Concibe una España sin la fiesta de la lidia?
-No, pero puede ocurrir.
-¿Es consciente de que el toreo cada vez tiene más
detractores?
-Soy consciente de que hay gente que no quiere ser
española, nada más; los demás nos dedicamos a vivir
y construir, mientras que ellos insisten en
desvincularse de lo que les identifica, aunque,
luego, pueden identificarse con el béisbol.
-Entre sus libros hay una biografía de Adolfo
Suárez, prologada por Raymond Carr. Es un personaje
que ha pasado de ser vituperado por casi todos al
ensalzamiento unánime.
-Yo me comprometí mucho con la primera época de la
Transición y me pareció muy injusto que se quisiera
acabar con él de aquella manera. Sólo el llegó a
dimitir.
-¿Qué le parecen los libros de Cercas y Gregorio
Morán sobre el 23-F y sobre Suárez, respectivamente?
-Estoy con el libro de Cercas. Por mi cargo en la
Moncloa, me tocó vivir el juicio del 23-F y fui
condecorado por su Majestad. El presidente Calvo-Sotelo
me había pedido que mediara entre los militares y
los periodistas, que eran dos mundos antagónicos. El
primer día ya echaron a Pedro J. Ramírez y yo le
acompañé a la puerta. Me negué a que fuera
custodiado por militares. La verdad es que le
fastidié la foto: el periodista expulsado por
militares, pero no lo podía permitir.
-Gregorio Morán ha matizado en el nuevo libro, una
revisión, su imagen de Suárez.
-Ha pasado con todos, incluida la izquierda que hizo
todo lo posible por acabar con Suárez. «O la
democracia o Adolfo Suárez», dijo Javier Solana en
1980. Yo creo que el primer libro de Gregorio estaba
inspirado por Torcuato Fernández- Miranda. Éste se
había dado cuenta de que Suárez, que creo no se
portó bien con Torcuato, le apartó.
-¿Por qué dice que no se portó bien?
-No quiero ser rotundo en este asunto, pero creo que
se podía haber hecho mejor, aunque el Rey le dio un
ducado y el «Toisón de oro».
-También tuvo relación, por su responsabilidad, en
el Gobierno de Calvo-Sotelo con Sabino Fernández
Campo...
-Sí, sobre todo en los días del juicio por el 23-F,
cuando los militares golpistas querían involucrar a
toda costa a su Majestad.
-¿Qué opinión tiene del papel que jugó Sabino
Fernández Campo?
-Fue un hombre fundamental en la noche del 23-F,
durante el juicio por el golpe y en bastantes cosas
más. Es un hombre muy importante en la historia de
España.
«Sin querer ser rotundo en este asunto, creo que
Suárez debió hacerlo mejor con Torcuato
Fernández-Miranda»
«Sabino Fernández Campo ha sido fundamental en
bastantes cosas, muy importante para la historia de
España»
«Luis Miguel Dominguín era apasionante, el hombre
más inteligente que he conocido»
«La decisión de Tomás y Camino de devolver la
medalla de Bellas Artes por el galardón a Francisco
Rivera es un gesto de rebeldía»