La marcha de Juan Murillo, por
razones que deben explicarse cuanto antes, supone un nuevo
duro golpe al muy devaluado prestigio de la Real
Maestranza. Parece que hay una 'mano negra'
intentando que Sevilla pierda su sitio. Jamás antes se había
tenido que hablar y escribir tanto y tan mal sobre los toros
en Sevilla. Juan Murillo simbolizaba la veteranía en el
palco, el saber estar, la tranquilidad para el aficionado en
época convulsa, de probaturas políticas en el palco. Con él
estaba asegurado (incluyendo los lógicos errores menores que
cada cual puede cometer en su labor) una defensa de las
normas básicas del espectáculo taurino. Si hay torero de
toreros, se puede decir que Juan es presidente de
presidentes. Su prestigio ganado a pulso en el día a día no
sólo era reconocido en Sevilla, sino fuera de Sevilla,
siendo un ejemplo válido para cualquier presidencia de
cualquier plaza, como se ha manifestado en reuniones de
formación y congresos de equipos gubernativos.
Como él mismo describe en su libro ('De botijero a
presidente'), ha ocupado todos los cargos de un equipo
gubernativos: secretario de actas, delegado gubernativo,...
Ha sido una carrera éticamente correcta aunque no siempre
políticamente correcta. Sin embargo, esa inquebrantable idea
en la consecución de sus responsabilidades le ha llevado a
ser el único presidente de los últimos 25 años en permanecer
en el cargo a pesar de los continuos cambios de delegado de
la Junta de Andalucía en Sevilla.
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 El presidente y sus asesores - Foto: Matito |
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Personalmente
es
un
tipo
que
merece
mucho
la
pena.
He
conocido
pocas
personas
tan
tolerantes
y
abiertas.
Por
mucha
presión
y
tensión
que
tuviera
en
los
reconocimientos
o
cualquier
otra
tarea
de
su
cometido,
Juan
siempre
descolgaba
su
teléfono
para
atender
a
los
medios.
Lo
conocí
al
poco
de
su
primer
año
como
presidente,
tras
el
cese
del
recordado
José
Luis
León.
Previamente
había
publicado
un
artículo
duro
en
la
forma,
aunque
correcto
en
el
fondo,
sobre
su
titubeante
comienzo,
con
errores
palpables.
En
los
primeros
tratos
que
mantuve
con
él
no
hubo
ni
un
único
reproche;
nada.
Ninguna
referencia,
y me
atendía
como
a
uno
más,
o,
incluso,
con
mayor
atención.
Aquello
me
desarbolaba.
Una
actitud
tan
tolerante
y
abierta.
Después,
con
las
primeras
confianzas,
sólo
hubo
alguna
referencia
suya,
en
plan
de
cariñoso
guiño
a
aquel
tema,
con
el
que
ya
terminó
de
convencerme
de
cómo
es
com
persona
y
cómo
acata
sus
responsabilidades.
Su marcha se debe a un cúmulo de circunstancias.
Durante la Feria de Abril ya se veía venir que, o bien lo
cesaban, o bien se iba. De hecho ha aguantado la Feria de
Abril por ejercer una vez más su responsabilidad, porque su
intención fue dimitir casi al minuto de ser nombrado. Ello
significa –es de cajón- que las relaciones o su confianza
con la nueva delegada de la Junta en Sevilla,
Carmen Tovar, no debe precisamente la mejor.
Tampoco es éste el único motivo; está claro que sus
relaciones con la empresa Pagés
son también tensas y con demasiadas presiones. Durante los
últimos años, la Delegación ha ido cediendo terreno a los
taurinos, en forma de ceses o cabezas cortadas de
presidentes con personalidad y defensores más del público
que del taurino; lease los casos de Francisco
Teja o Antonio Pulido.
Salvo por la meridiana experiencia de Gabriel
Fernández Rey -que aún no se puede considerar
una experiencia alta-, el palco que queda en la actualidad
es endeble. Además del citado Fernández Rey, el único
capacitado para estar en él, no es de recibo que los otros
dos presidentes sean Anabel Moreno,
con tan sólo dos años de experiencia en Sevilla, sin que
antes haya ejercido en ningún otro palco, y durante los que
ha acumulado graves y visibles errores (la negación de
orejas el año pasado a Pepín Liria, vuelta al ruedo a un 'victorino'
sin petición,…), y un señor llamado Julián
Salguero, que nunca ha presidido antes, y que
este año debutará en la Maestranza directamente en festejos
menores. Así, los taurinos van a ser reyes en los corrales y
miedo me da pensar lo que va a pasar en adelante con las
presentaciones de los astados en Sevilla, si ya de por sí
estaba mal...
En relación con el veto que la empresa Pagés me ha
impuesto este año por ser 'un niño malo' –simplemente
discrepar con respeto de algunas de sus actuaciones-, estuve
hablando con Juan Murillo durante la Feria de Abril. Se
interesó más que por la absurda situación en sí, por el
estado de ánimo mío, quedando despejada su duda al poco de
comenzar a hablar. Esa conversación no la puedo desvelar
detalladamente, pero contenía claves de su marcha. Al final
me lanzó un mensaje Juan, un mensaje que le tendría que
lanzar yo ahora, porque si yo ese mensaje lo sigo
cumpliendo, él parece que se cansó antes. O lo cansaron
demasiado. Lo han cansado entre unos y otros. El mejor
presidente de las últimas décadas en la Maestranza se
marcha. La presidencia de Sevilla queda huérfana de
experiencia. Pero aquí no pasa nada. La Junta de Andalucía
sigue mirando para otro sitio en relación con lo que está
sucediendo en Sevilla: malas presentaciones del ganado,
críticas generalizadas de la prensa, comunicados de la
Unión de Abonados, vetos, comunicado
de la Asociación de la Prensa,
dimisión de presidente, pases de callejón sin reconocerse
por la empresa,... Y sin embargo la Junta de Andalucía,
máxima garante del espectáculo taurino, ni sabe ni contesta.
Ni está ni, lo que es peor, se la espera. La situación
taurina en Sevilla sigue en caída libre. El prestigio de
Sevilla se sigue devaluando a marchas forzadas. Qué pena.
¡Vaya faena, Juan!