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CRÓNICA DEL FESTEJO |
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Lima (Perú). 5 Diciembre 2010 - |
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Una oreja para Ponce, El Juli y
Castella en la última corrida de Lima
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No fue redonda la última tarde de la feria
del Señor de los Milagros. Una tarde que
parecía romper y que se vio enrarecida por
el criterio del juez al no entregar la
segunda oreja a El Juli, en el segundo de la
tarde, y por el cambio del quinto, por
razones casi inexplicables.
Lo más destacado fue la faena de muleta de Julián López al segundo de la tarde, que el torero de Velilla endulzó dejándole la muleta en el hocico para así obligarlo a repetir. Los muletazos de El Juli fueron profundos, templados y rotundos. El toro terminó rompiendo con gran calidad y pudo entonces torearlo a gusto, con profundidad y sabiduría para darle los tiempos necesarios y con hechicero temple para obligarlo a seguir la flámula. El cierre fue rotundo: bernardinas ajustadas y un redondo con rodillas en tierra que dejaron caliente los tendidos. La estocada, algo trasera y desprendida, no convenció al juez de plaza que tuvo que soportar una gran bronca por no conceder el segundo apéndice. A por todas salió también El Juli en el sexto, al que ejecutó un quite por lopecinas ajustadas. El toro no rompió, falto quizás de fuerzas, por lo que sus arrancadas desiguales fueron muchas rebrincadas. Sin embargo, el toreo del madrileño, todo entrega y poder, forzó el saludo en el tercio, tras pincharlo. Abrió plaza Enrique Ponce que tuvo como primero de su lote un toro que no se entregó. Fue esta una faena larga, de menos a más, intentando siempre que el toro rompiera hacia adelante y consiguiendo en algunas series que el público se entregara, con fervor casi religioso. Su segundo fue cambiado, lo que no gustó nada al valenciano. El reemplazo fue manso y tuvo peligro en los primeros tercios; sin embargo, por el lado derecho, embistió con suavidad no replicada por el lado izquierdo. Ponce ejecutó muletazos cadenciosos, relajado el cuerpo, templando y llevando hacia adentro las embestidas del morlaco. Sebastián Castella, puso su habitual y serena entrega. Se apresuró algo mecánico en su primero, al que exigió desde el inicio de la faena con la muleta. Hubo, mediada la faena, una gran serie por la derecha pero el toro volvió a su condición inicial, de suave sosería, de escaso gas. En el séptimo lo intentó nuevamente. El toro parado, tardo, no permitió una faena con la solidez que da lo ligado. El toro, que tomaba a regañadientes la muleta, fue exprimido por el francés, cuya insistencia no logró calentar a los tendidos que se mantuvieron algo fríos a lo largo del festejo. Cayetano quiso pero no pudo. Su disposición se vio en los dos de su lote: sosos éstos, sin transmitir, permitieron muletazos suaves y templados pero sin emoción. Terminó abreviando en el octavo, agotadas las posibilidades de refrendar su auspicioso debut en Acho y con un corte en la mano fue a dar, al final del festejo, a la enfermería. EFE
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