Los mexicanos Humberto Flores y Víctor Mora se fueron de vacío con más pena que gloria. Con una entrada de unas siete mil personas se lidiaron seis toros de Barralva, desiguales en tipo, hechuras y condiciones de lidia.
Hubo más genio que bravura, pese a que al segundo de la tarde se le premió injustamente con la vuelta al ruedo en el arrastre. Toros de encaste español de Atanasio Fernández, con mucho aparato, pero poco fondo, todos con pocos pases dentro del cuerpo, aunque cumplieron con los picadores. Quizá el tercero ha sido el mejor, pero se paró muy pronto.
Flores, con el segundo de la tarde, toro con genio y lanzó derrotes bruscos, anduvo tratando, pero sin lograr el propósito. Mató de varios intentos y escuchó pitos. El toro fue premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre. Con el cuarto, tuvo mejores destellos, pero el astado al final se paró y se fue a las tablas donde dobló varias veces. Silencio con aviso y pitos.
Bolívar, que confirmó la alternativa, se mostró como un torero con mucho valor, que sabe el oficio. Con el primero realizó una faena con momentos toreros, pero la res fue a menos y mató mal. Palmas.
Con el quinto, que era violento y con genio, el caleño lo entendió perfecto y dejándole la muleta en la cara le robó muletazos de valía. Lástima que mató de una estocada atravesada y un bajonazo, después de un aviso. Saludos desde el tercio.
Mora estuvo dispuesto con el tercero. El toro pronto se fue a menos, que regateaba la embestida. El diestro a su modo se la jugó y estuvo ahí en la cara y logró muletazos de valía. Regular con la espada, escuchó división de opiniones.
En el sexto, otro ejemplar sin clase ni estilo. Al inicio del trasteo logró pases magníficos, pero todo fue a menos. Mal con la espada, escuchó un aviso y se silenció su labor.
En el segundo toro, el subalterno Bernardo Angelino saludó montera en mano tras colocar dos excelentes pares de banderillas
EFE