Alicante. 2ª de abono. Tres cuartos largos de plaza. Templado. Aparicio, convaleciente, fue baja en el cartel original.
Seis toros de Zalduendo (Fernando Domecq Solís). Corrida terciada, en tipo, justa de trapío. Segundo y cuarto, claudicantes. El quinto, con un punto de aspereza. Muy nobles primero y sexto. Bondadoso el tercero.
Mano a mano. El Juli, de azul pavo y oro, dos orejas, una oreja con petición de la segunda y oreja con petición de la segunda. José María Manzanares, de azul marino y oro, oreja sin mayoría, saludos y dos orejas .
El ambiente fue
de euforia. El
Hércules de Alicante
acababa de ganar en
Irún el ascenso a
Primera División y
la gente entró en la
plaza pegando botes
de alegría. En las
gradas y andanadas
de sol se coreó el
“¡Hér-cu-les, Hér-cu-les…!”
de rigor. Con el
acento cargado en la
última sílaba. El
Juli se encargó de
prolongar el estado
de general euforia
con cada una de sus
apariciones. De
volver a volcar una
y otra vez el
ambiente a su favor,
y cuantas veces
quiso y dispuso. Fue
una de esas tardes
implacables de El
Juli. De no
perdonar.
Tres toros de
condición
relativamente
distinta, tres
lidias de precisión
y seguridad
soberbias, tres
faenas de rampante
ritmo sostenido, sin
un solo error ni un
momento de desmayo.
Dos estocadas sin
puntilla en sus dos
primeros turnos.
Media en la cruz en
el último de los
tres. Al primer
zalduendo,
aleonadito,
enmorrillado,
castaño y acapachado,
lo dejó templado en
un rumboso saludo de
siete verónicas de
ganar terreno y
rigor de una en
otra. Media de
remate y una larga.
Hubo un atrevido
quite por faroles.
Esa fue seña de El
Juli en esta fiesta:
parar y templar de
salida, abrochar con
quites distintos. Y
lidiar con una
concisión admirable.
Ni un capotazo de
más. Poquísimos
capotazos. Sólo de
este primer toro le
dieron a El Juli las
dos orejas, que se
reclamaron en los
tres turnos con
idéntica razón y la
misma fuerza.
La primera faena fue
de suave son: los
enganches y los
toques, los remates.
Tandas ligadas en el
sitio. Fue ganando
descaro todo poco a
poco, pero en tromba
también: trincheras,
cambios de manos, un
farol ligado con el
de pecho, tandas
enroscadas sacadas
del repertorio
mexicano,
improvisaciones a
pies juntos, El Juli
entre pitones y
desafiante cuando
estuvo rendido el
toro, tres
primorosos pases
para cuadrar y un
cañonazo. La
estocada de la
tarde. El quite de
regalo fue, en el
tercero, por
chicuelinas casadas
con una larga
espléndida. La
faena, la más
imaginativa de las
tres, se abrió con
estatuarios
ajustados, discurrió
con fluidez aunque
El Juli tuvo que
darle al toro
oxígeno en pausas
menores, y empezó a
columpiarse de
sorpresa en
sorpresa: dos
afarolados ligados
con uno del desdén
en una tanda
insólita; toreo
enganchado por
delante pese a que
por la izquierda
adelantaba el toro,
muletazos codilleros
con la diestra que
fueron árnica para
el fondo del toro y
una final de
absoluta traca:
péndulos resueltos
con la dosantina y
nuevo péndulo y
hasta un tercer
péndulo dentro de la
propia tanda que
concluyó con
temerario desplante
frontal. Una traca
final de toreo por
bajo con la diestra.
Rotundo. Sólo dos
muletazos para
igualar y otro
cañonazo.
El palco acababa de
premiar a Manzanares
con una oreja que
pareció penalti a
favor del equipo de
casa: ni la faena ni
la estocada ni el
capote. Y el mismo
palco le negó a El
Juli la segunda
oreja del tercero,
que habría subrayado
la brecha que El
Juli había desde el
arranque abierto en
este mano a mano
improvisado.
Manzanares no se
acopló con un cuarto
torete abrochado y
exánime al que mató,
como a los otros
dos, a paso de
banderillas y
perfilándose muy de
lejos.
El único toro algo
problemático fue el
quinto, que, un
punto áspero, pegó
taponazos con la
derecha y acusó una
pelea agresiva en el
caballo. Escarbador.
El Juli le hizo un
quite mixto muy
logrado: chicuelina,
tafallera, farol,
caleserina y media,
la mejor de la
tarde. Brindis al
público y honor al
brindis porque fue
faena de entrega
llamativa. De no
perdonar ni al toro,
que protestaba pero
no encontraba presa,
ni al rival, que
estuvo de pronto
contra las cuerdas.
De rodillas la
apertura de faena en
cite de largo, de
dominio el toreo con
la diestra por abajo
y ligado, de gran
desparpajo los
ataques por la
izquierda. Llegó a
ponerse de pie la
gente, que coreó con
óles media faena. De
nuevo el palco se
enrocó.
El sexto, atacado de
kilos pero tan
brocho que se tapaba
hasta la vista, tuvo
por la derecha gran
nobleza. Desangelado
y falto de ritmo
hasta entonces,
Manzanares vio el
cielo abierto y en
dos tandas con la
derecha puso la
firma de su plástico
sentido. No con a
otra mano. Raudas
salidas de suerte,
cierta falta de
determinación. Dos
orejas: estaba el
árbitro
decididamente con el
torero de la tierra.
Cuatro a tres.
Engañoso el
resultado. El Juli
fue el Hércules. Sin
comparación.