CRÓNICA DEL FESTEJO

Andujar (Jaén) 10 Septiembre 2010 -

Dos orejas para Padilla  y una para Iván García en la primera corrida de la feria de Andújar

FICHA DEL FESTEJO

Andujar (Jaén). Se han lidiado seis toros de Cebada Gago de correcta presentación, cinqueña y de juego variado, en una tarde de agradable temperatura donde la plaza ha cubierto un tercio de las entradas.

"El Fundi": Silencio y oreja.
Juan José Padilla:
Silencio y dos orejas.
Iván García:
Ovación y saludos y silencio.

Sólo Juan José Padilla fue capaz de sobreponerse a una complicada corrida de toros y salir por la puerta grande en una tarde en la que, curiosamente, las reses eran el atractivo. Cebada Gago llegaba con el aval de ganadería “torista”, pese a que, en realidad, llevan el germen Domecq que es el que le sirve para triunfar a las figuras. Sin embargo, ayer se vio en Andújar que la selección en el campo resulta fundamental. Cebada tiene “pata negra” en genética, aunque a la hora de elegir parece que opta por toros y vacas que, si fueran personas se llamarían “camorristas”. Tienen su parte dura, que da emoción y miedo cuando sale, pero también algunos llevan malas ideas, lo que hace que la lidia sea casi misión imposible.

Los tres primeros de la tarde tuvieron genio y mala sombra. No se puede hablar de falta de fuerza, sino de ganas de rajarse cuando se les podía. El Fundi notó a la verónica que su astado tenía poco recorrido. Echaba la cara arriba, lo que fue un problema para el picador ya que cuando sintió la puya lo hizo más y dio pingos hasta que se quitó la vara y derribó a la cabalgadura. El matador se anunciaba en un cartel de toreros banderilleros, pero no lo vio claro y no quiso poner los palos, lo que molestó al público. Luego, en la muleta mostró, otra vez, poco recorrido y la cara arriba, lo que hacía que viera al torero por encima de la muleta. Sin duda, malos síntomas para estar confiado. Mucha pierna para atrás del torero, por lo que abrevió. Enfadó al público.

Padilla salió con ganas. Le dio una larga cambiada de rodillas muy ajustada y, luego, metió los riñones y compuso la figura a la verónica. Invitó a Iván García a banderillear para componer un tercio digno, pero nada brillante. Luego, el toro apretaba hacia adentro, tenía tendencia a arrollar y se rajó cuando le pudo. Nada más. Iván García respondió bien a la verónica y brilló con unas chicuelinas en los medios. En cambio, el toro no se empleó con la muleta. Encima, se echó dos veces en los medios, lo que desesperó al respetable. Está claro que un toro que se acuesta y hay que tirarle del rabo para levantarlo no transmite miedo alguno. Sería como si al temido león hubiera que tirarle de la cola para que rugiera.

A partir del cuarto, la corrida cambió. El Fundi cortó un trofeo a esta res. Tampoco puso banderillas, pero toreó bien a la verónica e interpretó unas chicuelinas al paso muy ajustadas para conducirlo al caballo. Fueron tan apretadas que la primera dio miedo. Con la muleta trató más de poderle que de templarlo. Lo dejó a su aire, no lo obligó y le tragó con la derecha para sacarle series que caldearan los tendidos. Los muletazos los compuso a media altura para que el animal no se rajara, por lo que tuvo que aguantar un molesto calamocheo. Al final, estuvo torero y llegó al público. Cortó una oreja.

Era el preludio de las dos que cortó Padilla en el quinto. Y eso que no pasó nada con el capote y el tercio de banderillas recordó a El Bombero Torero. El toro suelto, el matador corriendo para los burladeros o tomando el olivo y, a la vez, muy mosqueado con los subalternos. Lo mejor fue el tercer par, en el que levantó al público con la suerte del violín. Comenzó el trasteo en el estribo. Luego, puso las dos rodillas en tierra y se lo sacó a los medios. Se enroscó al toro en dos series y, cuando se rajó, Padilla atacó. Fue a poderle y cuando el animal reculaba hizo desplantes que divirtieron. Lo mató bien y obtuvo la puerta grande como premio.

Iván García tuvo un dilema óptico con el sexto. El torero, desde el principio, no vio al toro con opciones. Movía capote y muleta porque pensaba que el animal tenía problemas oculares, pero, en realidad, la cuestión estaba en que el toro veía más de la cuenta. De hecho, miraba al capote y a la muleta, pero también a él. Además, por encima de los engaños lanzaba miradas aterradoras. De hecho, con la muleta el toro lo veía tan claro que lo quería coger y ahí se acabó la faena.


Enrique Alonso / Andújar - Diario Jaen

 

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