CRÓNICA DEL FESTEJO

                                                                                                                                                                   

Arles (Francia)  12 septiembre 2010 - Festejo matinal

Tomasito Joubert, torero interesante

FICHA DEL FESTEJO

Arles (Francia). 3ª de la Feria del Arroz. Matinal. 3.000 espectadores. Veraniego.
Matinal. Seis novillos de Antonio Palla. El segundo, jugado de sobrero. De buenas hechuras y desigual condición. Cumplidores en el caballo, manejables los seis.


Alejandro Enríquez, de guinda y oro, aplausos en los dos. Thomas Joubert “Tomasito”, de carmín y oro, vuelta tras un aviso y ovación tras un aviso.
Diego Silveti, de verde manzana y oro, aplausos y palmas tras un aviso.
 

 

Eran nuevos en Arles el granadino Alejandro Enríquez y el mexicano Diego Silveti. Entre uno y otro, el relleno sustancioso del cartel: el torero de la tierra, Thomas Joubert, que ha vuelto a anunciarse con su apodo original: Tomasito. Debutaba en Arles el ganadero, el salmantino Antonio Palla, de cuyo hierro fue el toro de rejones que abrió la gran fiesta taurina del sábado: la de las diez orejas, cinco El Juli y cinco Juan Bautista, y la de la gran manifestación pro tauromaquias.

Tomasito toreó bien y a ratos bastante bien. Con el capote: transparente el encaje, bueno el juego de brazos, cierta armonía en el lance clásico –la inmortal verónica de manos altas, las revoleras, las largas-, no tanta sutileza en las manos o muñecas, desparpajo en el toreo más convencional –las talaveranas, las chicuelinas de costado, la larga cambiada de rodillas- y un querer estar en todas antes y después de varas. Con la muleta: temple cándido y sincero, ligazón y ajuste en tandas por las dos manos, serenidad para volver tras dos volteretas a la cara del toro, que lo sorprendió descubierto y no tuvo más remedio que cumplir con su deber: hacer presa. Presa, no carne ni sangre.

Despaciosidad, esa pequeña gota mística del toreo que se ofrece como en sacrificio. ¿A la manera de José Tomás? No. Pero la estancia en México ha dejado en Tomasito una huella: el toreo vertical, de no rectificar ni a costa de atropellar la razón. Como tantos toreros tancredos, la expresión peca de hierática. Frialdad. Es valiente este torero, y el valor es genuino. La imaginación: para menudear en adornos como el molinete ligado al pase de las flores, y éste con el de pecho. Ensayos en serio de toreo fundamental. Entereza, Más fluida la faena del quinto novillo, que embistió despacito. Más sólida la del segundo, que salió de sobrero, porque éste pegó sus taponazos. Y la espada. La espada que no entra o entra mal y tarde, porque Tomasito ni juega la mano del engaño ni pasa ni hace fuerza con la mano que empuña el acero. Y eso lo echó a perder casi todo. Porque con el descabello tampoco es el que lo inventó sino todo lo contrario. El torero tiene ángel además de valor.

Caligráfico, frío de cuello el granadino Enríquez, que lucía un espléndido terno guinda y oro. Todo el oro del mundo en la chaquetilla. Sin mayor suerte, porque los dos toros menos propicios de la bondadosa y algo apagada novillada de Palla fueron primero y cuarto. El cuarto se derrumbó varias veces y, después de vuelto a la vertical, parecía el carretón a cámara lenta, y entonces Enríquez pegó con la zurda dos muletazos de artista. Sólo dos. Sereno y compuesto en el otro turno. Fácil con la espada: dos enteras tendidas.

Arles ha sido de siempre puerto franco para los toreros mexicanos y esta vez desembarcó el último vástago de una dinastía de felinos reyes: los Silveti. Diego Silveti, que sólo lució su buen gusto genético en una parsimoniosa tanda con la zurda al sexto novillote, y que toreó mucho más templado por alto que por bajo, como si se le encasquillara el arma al buscar el muletazo puro que tira del toro hasta el final arrastrándolo. Más decidido con el sexto que con el tercero, de pareja condición, pero ese sexto enterró dos veces pitones en otros tantos volatines y no pudo lo debido. Grandes intentos con el capote a la espalda. Pero, cuando ajustados, los lances salieron enganchados. Y viceversa.
 

COLPISA - Barquerito
 

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