|
FICHA DEL FESTEJO |
|
La
plaza
tuvo
algo
menos
de
un
cuarto
de
entrada
en
tarde
nublada
y
fresca.
Se
lidiaron
novillos
de
Mari
Carmen
Camacho,
bien
presentados
y de
juego
desigual.
Los
mejores,
2° y
6°.
Jesús
Fernández,
ovación
tras
aviso
y
ovación.
Conchi
Ríos,
oreja
y
ovación.
Alberto
López
Simón,
que
debutaba
con
picadores,
vuelta
tras
petición
mayoritaria,
y
bronca
"al
palco"
por
denegar
el
trofeo
tras
aviso
y
oreja
tras
dos
avisos. |
|
|
Jesús Fernández que
recibió a su primero
a portagayola, cuajó
una faena que por
momentos tuvo mucho
interés, sobre todo
en varias series a
derechas, con
muletazos templados
y de buen aire. Pudo
haber cortado una
oreja, pero su
desacertado uso del
descabello hizo que
se esfumara.
El cuarto, un
inválido que
claudicaba
constantemente, muy
protestado por los
tendidos, impidió
que Fernández
pudiera hacer apenas
nada con él.
Conchi Ríos
cayó de pie en su
presentación en
Barcelona, sobre
todo tras una buena
faena a su primero,
al que saludó con
aroma y cierto gusto
a la verónica, y al
que muleteó con
aplomo, valor y
arrogancia tanto a
derechas como al
natural. El pinchazo
previo a la estocada
no fue obstáculo
para que paseara un
trofeo.
Con el quinto, sin
embargo, cambió el
panorama. Novillo
flojo y con genio,
que tan sólo
permitió a Ríos
mostrarse muy
voluntariosa y
decidida.
El debutante con
picadores Alberto
López Simón, que
entró a última hora
en el cartel
sustituyendo a
Martín Reina,
protagonizó los
mejores momentos de
la tarde, asombrando
con un concepto muy
personal, de valor,
temple, quietud y
elegancia.
Con su manso
primero, estuvo por
encima de las
circunstancias.
Comenzó la labor de
rodillas en el mismo
centro del ruedo,
para posteriormente
exprimir al máximo
al novillo en una
faena sobre ambas
manos, que tuvo
calado en los
tendidos. Le
pidieron con fuerza
la oreja, que la
presidencia denegó,
siendo abroncada
tras el arrastre del
animal.
Y lo mejor, para el
final. López
Simón estuvo
sobresaliente desde
la apertura de
capote, con bonitos
lances a la
verónica, como en la
posterior faena de
muleta, con tandas
de muletazos por los
dos pitones largos,
templados y por
abajo. Trasteo de
suma limpieza y
ligazón, que hizo
vibrar a los
tendidos.
Entró la espada a la
primera pero el
novillo se amorcilló
dando tiempo a que
sonaran dos avisos,
enfriando el
ambiente. Y lo que
pudieron ser dos
orejas y la
correspondiente
salida a hombros
quedó en un solo
trofeo pero con
sabor a triunfo
grande.
EFE
|