MIXTA DE POCA MONTA
El rejoneador José Luis Cañaveral, que sustituyó a Sergio Galán, anduvo tan pulcro como discreto en su primera faena frente a un toro que se paró a las primeras de cambio y con el que se arriesgó en banderillas y en dos rosas en el epílogo.
En el cuarto acusó el poco rodaje que lleva, pues el toro, con movilidad, fue bueno para el rejoneo. Sin embargo realizó una faena de lo más anodina.
El primero de Salvador Vega fue un toro noble al que toreó con ajuste y compás a la verónica en el recibo y al que instrumentó una notable faena de muleta, sobre todo por el pitón derecho, el menos malo del animal, por donde surgieron muletazos ligados y de estimable trazo. Paseó un trofeo.
Con el peligroso quinto estuvo muy firme y muy sereno, destacando sobre todo en un tanteo por abajo con el que abrió faena, muy torero y profundo. Volvió a estar a buen nivel con la mano derecha, hasta que llegó un inoportuno desarme. La faena, no obstante, tuvo interés dada la complicada condición del toro. Pero esta vez, y después de matar a primera, no hubo petición de oreja.
Macías, que reaparecía después de la grave cornada que sufrió en el Puerto de Santa María hace veinte días, llevó a cabo una faena muy sosita, en la que dejó algún detalle suelto pero sin redondear. Además no anduvo acertado con la espada.
Con el sexto no dijo absolutamente nada. Prácticamente todos los muletazos salieron tropezados, y eso que el toro embestía por abajo y planeando sobre los engaños. Faena de pases y más pases, voltereta incluida, que no fue a ninguna parte.