CRÓNICA DEL FESTEJO

Guadalajara 18 septiembre 2010

Sólo "El Cid", y a medias, en una corrida muy deslucida por el ganado
 

FICHA DEL FESTEJO

Toros de Santiago Domecq, el tercero con el hierro de Ana María Bohórquez, desiguales y justos de presencia, sin casta ni fuerzas. Corrida sin fondo, muy deslucida, en la que se salvaron en parte, segundo y sexto.

Julián López "El Juli": dos pinchazos y dos descabellos (silencio); y pinchazo y estocada (silencio).

Manuel Jesús "El Cid": pinchazo y estocada (oreja); y estocada (oreja).

Alejandro Talavante, que sustituía a Miguel Ángel Perera: estocada tendida (silencio); y pinchazo y estocada (silencio).

La plaza rozó el lleno en tarde de nubes y claros y temperatura fresca.


 

LA TARDE PARA "EL CID"

"El Juli" no tuvo la mínima opción con su primero, toro que se acabó prácticamente en el caballo, muy desfondado, y con el que al madrileño no le quedó otro remedio que abreviar.

Y con el cuarto más de lo mismo. "El Juli" toreó con buen aire a la verónica y en posterior quite por chicuelias. Y aunque cuidó mucho al toro en el caballo, no pudo tirar de él en la muleta ni a media altura. Tarde aciaga para "El Juli" por culpa del ganado.

"El Cid" tuvo en primer lugar el toro más potable del envío, noble y repetidor, al que cuajó de capote con bonitas verónicas sacando al animal a los medios, gustándose después con suaves delantales para poner en suerte en el caballo.

La faena de muleta tuvo los pasajes más importantes en el toreo a derechas, sobre todo tres tandas al inicio, de muletazos largos, limpios y ligados. Al natural no hubo la misma comunión, ayudándose "El Cid" con la espada. A vueltas al otro pitón, volvió el sevillano a gustarse, también y sobre todo en los remates y adornos finales. El pinchazo previo a la estocada no fue impedimento para la oreja.

En el quinto ya no fue igual "El Cid", a quien le pudieron las dudas a la hora de plantear faena, no obstante, lo bien que toreó de capote y las "cositas" sueltas en la muleta, además de matar a la primera, le valieron otra oreja.

Lo único reseñable de la primera labor de Talavante fue un quite por lopezinas en el capote, y los estatuarios como prólogo de una faena que quedó en simple proyecto, dada la extrema flojedad del astado y el ánimo nulo de embestir.

El sexto tuvo algo más motor que sus hermanos, y esta vez Talavante, muy despegado y sin acoplarse, fue el que falló. EFE

 

 

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