PROTAGONISMO OPORTUNISTA E INNECESARIO
Pobre novillada de Santos Alcalde, muy en el límite de todo, sobre todo de bravura y fuerzas. Los tres novilleros actuantes vinieron con ganas de dar un toque de atención en los últimos coletazos de la temporada, y al final, Gómez del Pilar fue el que puso el argumento a la tarde con una imagen de torero firme y cuajado.
A su manso primero lo toreó con temple y limpieza fundamentalmente con la mano diestra, pues por el izquierdo no "tragaba" el animal. Labor entonada de Del Pilar, por encima de las condiciones de su antagonista, que acabó también por "rajarse", y que al menos le valió para justificarle. Al final lo emborronó todo con los aceros.
El que cerró plaza fue el más toreable del encierro. De salida manseó como todos sus hermanos, sin querer saber nada del caballo y saliendo huido de los capotes.
Pero en la muleta fue afianzándose el animal, sobre todo gracias a la firmeza y capacidad de Del Pilar, que prologó la faena con una serie de rodillas. Ya de pie, se gustó en las primeras tandas a derechas de muletazos largos y despaciosos, con empaque y buen gusto. Al natural consiguió también pasajes interesantes, pero sin tanta unidad.
La espada no cayó en sitio adecuado, pero con el primer viaje fue suficiente para que el novillo rodara. Hubo fuerte petición de oreja, pero el presidente, en un alarde de protagonismo oportunista e innecesario, no se la dio. Dio una vuelta al ruedo que vale tanto o más que el trofeo denegado.
Juan Manuel Jiménez tuvo un primer novillo tan noble como falto de fuerzas y que manseó en todos los tercios, no obstante, el hombre se mostró cumplidor en un trasteo aseado siempre a media altura, más en labores de enfermero que otra cosa.
Con el cuarto tampoco fue mucho más allá Jiménez. Novillo, que ya cantó su condición de manso desde el primer puyazo, del que huyó despavorido. En la muleta, a pesar de que el primer muletazo lo tomaba más o menos bien, al segundo ya se defendía, frenándose y echando la cara arriba.
Jiménez se mostró voluntarioso pero sin resolver nada en una labor fría y que nunca llegó a trascender a los tendidos.
Al primero de Sergio Blasco, muy feo de hechuras, le faltó sobre todo "transmisión". Se movió con cierta bondad en la muleta, pero sin decir absolutamente nada y flojeando en más de una ocasión.
Labor de más a menos en la que sobresalió una tanda estimable a derechas y algunos muletazos sueltos, pero sin redondear nada.
El quinto fue otro novillo de pobre presencia. Altón y muy escurrido de carnes, ayuno de bravura y de muy poca clase, siempre con la cara natural y sin estar sobrado tampoco de fuerzas. Para más inri llevó una lidia desastrosa.
Blasco instrumentó una labor un tanto deslavazada, bien en las dos primeras tandas con la mano diestra en la apertura, pero, al echarse la muleta a la otra mano, surgieron los enganchones, y en consecuencia, el desinterés. Y a vueltas al otro pitón ya no se acopló Blasco. EFE