NARANJO, POR MUY BUEN CAMINO
El nombre más destacado de la tarde, por la firmeza y el arrojo que puso en todo momento, fue el colombiano Santiago Naranjo, al que se le vio puesto y asentado, con el oficio bien aprendido.
Con su primero, novillo rebrincado y protestón, se lució ya con el capote en un quite por delantales. En la muleta supo Naranjo tocarle las teclas adecuadas al novillo a base de buena colocación y arrestos para robarle meritorios muletazos.
Naranjo "tragó" lo suyo, como se dice en la jerga, y tan sólo tuvo el borrón de dos desarmes, pero en el conjunto de la faena aprobó más que de sobra el torero, que falló también en la suerte suprema.
Y más de lo mismo en el quinto. Idéntica actitud y disposición, muy de verdad Naranjo, que tiró de raza para arrancar muletazos de trazo muy firme a un toro que se defendía echando la cara arriba, y sin terminar de pasar.
Pero con la espada es otro cantar. Es lo único que debe pulir Naranjo, pues en cuanto a formas toreras ha convencido, y mucho.
Pero un torero sin espada, ya se sabe, no puede llegar nunca a nada.
Protagonista también en la tarde, Manuel Larios, que dejó interesantes pinceladas en el toreo al natural en su primero, aunque sin llegar a estructurar faena frente a un novillo muy bronco con el que no pudo entrar en profundidades.
Pero el cuarto, si. Buen novillo de Lozano Hermanos, encastado, con mucha movilidad, humillando y con codicia. Esta vez Larios se pudo desquitar con un toreo asentado y de mano baja, mejor con la mano diestra. No obstante a la faena le faltó algo más de chispa por parte del novillero, que no siempre acertó a llevarlo (al animal) con limpieza.
Mató a la primera y hubo hasta pañuelos en la petición, sin embargo, insuficientes para cortar la oreja. Tuvo que conformarse con una vuelta al ruedo. La ovación de gala fue para el novillo en el arrastre.
Belando no se acopló con su primero, con el que lo intentó por el pitón izquierdo en dos tandas con cierto decoro, perdiéndole pasos al animal, dentro de un conjunto al que le faltó limpieza y mayor conjunción. Además estuvo muy fallón con los aceros, dando tiempo a que sonaran dos avisos, y a puntito estuvo que le dieran el tercero.
Con el manso sexto, faena anodina y sin historia de un Belando desconfiado y frío. EFE