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CRÓNICA DEL FESTEJO |
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Olivenza (Badajoz) 5 Marzo 2010 - |
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"Juan
del Álamo, novillero capaz".
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SALIERON dos novillos amplios, bien comidos y bastante bruscos: un segundo sardo y un cuarto negro tizón. A aquél se fue a recibirlo a portagayola Juan del Álamo; al otro le puso cuatro pares de banderillas Paco Chaves. El sardo llegó a pegarse dos volatines completos, de los de enterrar los pitones y caer sobre los lomos. Uno de esos volatines fue al salir lanzado de una talaverana, lance de manos altas por tanto: inexplicable suceso. Fue novillo peleón pero cobardón. Tardo, apretaba y arreaba. O se quería ir suelto. Desarmó y persiguió a Juan del Álamo dos veces. La segunda, hizo peligrosamente hilo en tablas con él. Guillermo Marín, matador de toros retirado y ahora mentor de Juan, le hizo un quite notable por todo: con el brazo sacado a tiempo por encima de la barrera como si fuera una punta de capote; y quite puro porque evitó un percance. El otro toro brusco del envío de Fuente Ymbro fue el negro cuarto, tan generoso en carnes. Cosió a cabezazos el peto de pica y desarmó hasta cinco veces a Chaves, rehiletero muy seguro. Hubo trallazos por las dos partes: muletazos descompuestos por arriba y viajes descabalados y como en oleada del toro. Al arrastre del cuarto novillo el balance era pobre: el primero de los novillos de Gallardo, gacho, cuello de gaita, empaló a Chaves y lo revolcó, lo desarmó pero no tantas veces como el cuarto y, sin ser el toro de juguete, se dejó, solo que no se inspiró ni se sujetó del todo el torero; el tercero, sangrado en dos puyazos, se aculó en tablas después de una costalada. El joven Tulio Salguero, templado en dos primeros lances muy bonitos, intentó en vano fijarlo en los medios. Chaves, ni quieto ni movido, oyó un aviso en cada toro antes siquiera de haber pensado en cuadrarlos. Juan del Álamo se peleó más de la cuenta con el bruto sardo que mató por delante. Mucha sangre del toro en el cuello, la camisa, mangas y pechera, La pelea, de mucho corazón, tuvo el gancho clásico del novillero con aspiraciones: tesón, arrojo, alguna delicada chispa suelta. Juan del Álamo, de Ciudad Rodrígo, abre año como la gran esperanza del campo de Salamanca. Con el quinto novillo de Fuente Ymbro vino a confirmar ese papel de torero en agraz. Asentado con el capote en lances en línea pero de mucho carácter, se destapó como muletero en ese segundo turno. Descaro y firmeza propios de novillero. Bragueta, ilusión, alegría. Muletazos limpios y no pocas veces templados también. Ligazón. No siempre soltado el toro en las tandas ligadas. Sino tapado. Buen son con la mano derecha. Menor el acople con la izquierda. Reuniones ajustadas. Resuelta personalidad. La banda de la Sociedad Filarmónica, que es casi una sinfónica, pudo al fin entrar en escena. Bastante redondo el trabajo. Una estocada suficiente. Hacía frío, se cerró mucho el cielo, pero se pidió con fuerza la segunda oreja. Y las dos se dieron de premio. De los dos novilleros extremeños del cartel, Chaves y Salguero, el más nuevecito es este Tulio Salguero, de familia de vaqueros y picadores. Acaba de empezar en novilladas picadas. Es fino en todo: el porte, la intención. Sosegado, silencioso. El sexto novillo, que derribó pero se fue suelto, de aire bravucón, se jugó bajo lluvia fuerte y la cosa de puso incómoda. Un quite valiente por gaoneras. Salguero aguantó estoicamente el chaparrón, pegó algún bonito muletazo enroscado, trató de torear por abajo. Mató sin acierto. Pero sintió que la gente estaba con él.
Colpisa - Barquerito |
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