CRÓNICA DEL FESTEJO

                                                                                                                                                                                                 

Olivenza (Badajoz) 7 Marzo 2010 - (matina)

FICHA DEL FESTEJO

Olivenza. 3ª de abono. Matinal. Lleno: 5.600 espectadores. Nubes y soleados claros Seis toros de Zalduendo (Fernando Domecq Solís). El tercero, sobrero. El cuarto, muy bondadoso, y el quinto, con motor y fondo, fueron los de mejor nota. Se dejó el sobrero, grandón. Con ritmo el sexto, muy pegado en el caballo. Mansito el primero. El segundo, aunque derrengado, dio juego. Cinco toros posibles. Talavante se reencuentra pero se le niega la espada y su mejor faena acaba en toro de tres avisos.


Enrique Ponce, de carmesí y oro, silencio tras dos avisos y dos orejas tras un aviso.

Alejandro Talavante, de turrón y oro, ovación y saludos tras los tres avisos.

Cayetano, de verde nilo y oro, una oreja y ovación tras un aviso.
 


 

Primero, un doméstico toro gacho y capacho y una faena maratoniana de Ponce sin mayor relieve pero castigada con dos avisos. Luego, un toro brochito, chorreado en verdugo que llevaba pellas de barro en morros, sienes, lomos, panza, pechos y hasta las cerdas de la penca, como si se hubiera revolcado en un fangal. La estampa viva de este invierno tan lluvioso de Extremadura. La finca de Zalduendo se encuentra en Moheda, provincia de Cáceres.
Derrengadito de cuartos traseros, mugidor, las fuerzas justas, pero bueno el son de ese embadurnado toro para venirse dulcemente y repetir. Tras una buena tanda con la izquierda en los medios, Talavante acortó distancias y optó por los circulares en la suerte natural y contraria cosidos en una sola circunferencia o dos, que son moda y se celebran como insuperable alarde. Tranquilo, Talavante pareció muy dueño. Mató de bajonazo.

El tercero salió husmeando por encima de las tablas, se vino cruzado al capote de Cayetano hasta tres veces y casi se lo lleva por delante, las cuadrillas hicieron gestos de que el toro no veía y asomó el pañuelo verde. El sobrero, de más volumen pero ni más cara que el resto de la corrida, se afligió tras sorda pelea en una vara de las de zurcir el peto y proclamarse contra el estribo. Se dolió en banderillas. Parecía que no. Sacó, sin embargo, en la muleta ritmo bueno de toro más que manejable.

Le encontró Cayetano enseguida el aire, el sitio, el cómo y la distancia y lo toreó con regusto, compás, asiento y clásico acento. Nada más clásico que el natural ligado con el de pecho, por ejemplo. Y eso hubo. Y cambios de mano, los de la firma, los cambiados por alto lanzando suavemente al toro, los pases del desdén marcados con el mismo compás del toreo básico. Empaque natural en las salidas del toro y en las entradas también. Blandida la muleta como si fuera alada. La faena, con su propio hilván, se pasó de tiempo, el toro se quería sin disimulo ir a tablas y Cayetano tomó una decisión que pareció una aventura: sacarse el toro a los medios, cuadrarlo en ellos y atacar allí mismo. Una estocada al salto que fue mortal. Muy bonito el trabajo calmado y suelto de Cayetano.

Alegres embestidas


El buen aire del cuarto fue manifiesto desde el primer tímido galopito. Iba a ser el toro de más bondad de la corrida. El más suave, aunque se entregara en el caballo. Embestidas alegres y acompasadas, fijeza, repetición segura por las dos manos. Una larga faena de Ponce. Larga por su exceso de pausas y paseos. Más tibia que profunda, de perder pasos para coser y no ligar, de rematar por abajo los muletazos largos, con sus cambios de mano previsibles y los cambiados de pecho provocados desde el hocico. Hubo muestras del catálogo propio: los molinetes de apertura en doble ración. Mucha plaza recorrida y el regalo del alarde que más prodiga Ponce: el doble circular genuflexo con cite de espaldas al toro en postura heterodoxa y cuasi ortopédica, cuya segunda parte se resuelve con un cambio de mano que parece el non plus ultra. Antes de cuadrar Ponce al toro sonó un aviso. Tras el aviso, agarró, soltando el engaño, una estocada tendida. Hizo falta el concurso de los peones en rueda para que el toro doblara. Dos orejas.

El quinto, abrochado, de cuello corto y poderoso y hechuras más en la línea de Jandilla que en la escindida de Zalduendo, fue un toro notable por la manera de atacar. No agresivamente pero sí con la determinación tan particular del toro encastado. Se entregó Talavante con él en faena decidida pero inconstante: no siempre cargada la suerte, pero ligados por norma los muletazos de tanda, soltando toro o sin soltarlo; airosos los remates de pecho o en ayudados por bajo. Ayudado de la espada toreó Talavante al natural esdrújulamente. Muy marcado el juego de codos en escuadra. Convicentes los toques suaves para mecer al toro y no engañarlo. Con ambiente volcado, Talavante no le vio al toro la muerte: un pinchazo en la suerte contraria, media tendida y trasera, diez descabellos a toro tapado, tres avisos. Lo hicieron salir a saludar. Con el barullo de los tres avisos se arrastró el toro sin una palma.

El sexto, más cuajadito que los cinco previos, escarbó pero empujó en el caballo en larguísima vara. Cayetano hizo un gracioso quite por tijerillas. En el saludo había dibujado raros lances de manos altas y bello vuelo. De nuevo en la muleta vino a verse versión buena de Cayetano: decisión, compostura, lacio toreo de brazos muy sueltos, natural encaje, ritmo. Una tanda de rodillas para abrir con toreo de castigo y no de alivio; dos de naturales muy despaciosos, la suavidad para estar y manejar, que para el toro fue solución perfecta. Pero larga la faena y sin remate con la espada. Ya era la hora de comer. Dos horas y media de corrida. El sol salió a la una en punto. No había asomado por Olivenza desde que empezó esta feria.

Colpisa - Barquerito
 

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