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CRÓNICA DEL FESTEJO |
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Palencia 30 agosto 2010 |
Los novillos que no se morían |
Muy dura,
demasiado.
Exigente,
peligrosa y
bien
presentada.
La novillada
de Valdellán
puso ayer en
serios
apuros a los
tres
actuantes,
incluso al
de más
oficio, como
el
salmantino
Juan del
Álamo, que
se las vio y
deseó para
matar al
cuarto de la
tarde. Tanto
que llegó a
escuchar el
tercer
aviso. No
llegaron a
salir los
mansos,
porque el
novillo
dobló al
poco, aunque
su muerte
todavía se
alargó
durante
algunos
minutos
porque el
animal no
permitía ni
que le
apuntillaran.
Y si al
cuarto le
costó morir,
no menos le
costó al
tercero, al
quinto o al
sexto. Este
último,
incluso con
cinco duros
puyazos
sobre el
lomo. Pero
ni a la de
tres. Los
novillos
parecían no
querer
morirse
nunca, para
la
desesperación
de los
novilleros,
que tampoco
encontraban
el hoyo de
las agujas
en unos
animales que
no
humillaban
prácticamente
nunca la
cabeza y que
se
arrancaban
ante
cualquier
movimiento.
Tampoco
resultaron
fáciles para
el toreo con
la muleta,
ya que
llegaron en
general muy
distraídos y
sin fijeza.
Únicamente
el quinto,
el mejor de
la tarde,
permitió un
cierto
lucimiento
de José
Ignacio
Rodríguez,
que llegó a
estampar
algunas
bonitas
series de
naturales y
encadenó
algunos
muletazos
con la
derecha.
Consiguió
bajarle la
mano y
conectó con
los
tendidos.
Pero el mal
hacer con la
espada,
malogró la
consecución
de trofeos.
Juan del
Álamo, por
su parte,
dejó patente
su
conocimiento
del oficio y
lo demostró
con sus dos
enemigos. Al
primero lo
vio desde el
principio y
pudo alargar
la mano
izquierda,
aunque la
faena no
llegó a
templarse
por la
fuerte
embestida
del animal.
En el
cuarto, todo
hacía
presagiar
que podría
levantarse
la tarde.
Del Álamo
había
cortado una
oreja al
primero y
había
comenzado la
faena con
muchas
ganas. El
novillo no
era malo y
arremetía
con
intensidad.
El joven
salmantino
consiguió
someterlo y
ofreció un
toreo
variado,
plagado de
bellos
adornos. Sin
embargo, las
cosas se
torcieron a
la hora de
matar, y
tras un lío
de espadazos,
descabellos
y más
espadazos,
sonaron los
tres avisos
y los pitos
del
respetable.
El joven
palentino
Diego
Fernández lo
pasó aún
peor que sus
compañeros,
ya que
adoleció de
una mayor
falta de
preparación
para
enfrentarse
a una
novillada
con
picadores, y
aún menos
para lidiar
con
ejemplares
de más de
450 kilos.
Con el
tercero de
la tarde no
coniguió
centrarse, a
pesar de
ofrecer un
pitón
izquierdo
aceptable.
Le pesó la
responsabilidad
y no se
llegó a
sentir
seguro en
ningún
momento, lo
que se notó
a la hora de
entrar a
matar.
Perdió los
nervios y
sonaron los
tres avisos.
El segundo
novillo no
le gustó y
permitió al
picador
ensañarse,
pero el
animal llegó
con fuerza y
superó
ampliamente
al
novillero,
que
evidenció
una baja
preparación.
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