CRÓNICA DEL FESTEJO

 

San Sebastián 20 agosto 2010 -

"Joselito", aquel gran matador de toros, ahora gran ganadero

FICHA DEL FESTEJO

Cinco toros de "El Tajo" y "La Reina", bien presentados y bravos. Corrida con clase y muy buen fondo, en la que fue excepción el revoltoso primero. Destacaron sobremanera, segundo y quinto; y fueron asimismo buenos, cuarto y sexto. Al aprobarse sólo cinco toros, salió un "remiendo" de "La Campana" que hizo tercero, sin celo.
 
Francisco Rivera Ordóñez "Paquirri": tres pinchazos y media (silencio tras aviso); y cuatro pinchazos (silencio tras aviso).
 
Antonio Barrera: estocada baja (oreja); y estocada desprendida (oreja).
 
David Fandila "El Fandi": estocada desprendida y dos descabellos (ovación); y pinchazo, estocada trasera y descabello (oreja tras aviso).
 
En cuadrillas, Paco Peña se desmonteró en el segundo.
La plaza tuvo un tercio de entrada en tarde espléndida y un día más inexplicablemente con la capota echada, convertido el recinto en una auténtica sauna.

 

 

EL TORO EN SU MEJOR EXPRESIÓN

 

La falta de costumbre del toro bravo ha pillado por sorpresa a toreros y público. El toro, hoy, en su mejor expresión.
 
Sin exageraciones en presencia. Corrida, de los hierros "El Tajo" y "La Reina", de los que son propietarios el que fuera importante matador de toros José Miguel Arroyo "Joselito" y su descubridor y apoderado de siempre Enrique Martín Arranz, pareja de hechuras, bien hecha, bajita y en tipo, seria por delante, con desarrolladas y astifinas defensas, brava para los montados, noble y al tiempo con "carbón".
 
De cinco embistieron cuatro -el primero, el único que no humilló-, y de qué manera. Segundo y quinto, haciendo "el avión", como se dice en el argot cuando el animal planea inclinando ligeramente uno de los dos pitones al seguir los engaños por abajo.
 
Y los toreros han estado nada más que "por allí", que es frase también de la jerga que da a entender que ninguno estuvo a la altura de las circunstancias.
Con mayor fortuna Barrera, a la postre cortó una oreja de sus dos buenos toros. "Fandi", que cargó previamente con el lunar de la tarde, el deslucido astado de "La Campana", terminaría llevándose también una oreja en el sexto por una faena sólo bullanguera. Mientras, Rivera Ordóñez, el ahora llamado "Paquirri", ni eso.
 
El público aplaudió los arrastres con igual entusiasmo que viene haciéndolo todos los días con todos los toros sean de cualquier clase y condición, mansos, con genio, "rajados", ásperos o sencillamente inválidos.
En San Sebastián se va a ver sobre todo al torero, y la "deferencia" de los aplausos para los arrastres no significa que al toro se le tenga en cuenta. Son ovaciones mecánicas.
 
Hoy hubo una oportunidad para valorar en su verdadera dimensión la importancia del toro, y para ello haber pedido la vuelta, como ejemplos claros, del segundo o el quinto, para uno de los dos, o para los dos. Pero nadie dijo ni mu.
 
Gran toro el segundo, corniveleto, de bonita alzada, al que Barrera saludó con notables verónicas. Bravura en los dos encuentros con el caballo. Y enorme brío en la muleta, "empujándola" por abajo y repitiendo incansablemente.
 
Barrera lo toreó bien, pero escaso. Las series demasiado cortas. El toro pedía más, mucho más. Y cuando entraba Barrera a matar todavía tenía el animal una faena más.
 
Otro toro de categoría, el quinto, tuvo ritmo, extraordinaria clase y muy buen son. Y segunda faena de Barrera justita de todo, por no decir que en ocasiones se vio el hombre desbordado. Pero hubo oreja, que al fin y al cabo era lo que parecía interesar a la gente.
 
"Fandi" no pasó de sus acostumbradas "acrobacias" con capote y banderillas en el de "La Campana" que hizo tercero, toro aplomado, que se desentendió enseguida de la pelea.
 
El sexto fue el contrapunto. De nuevo la bravura. Todo un espectáculo, el animal con el hocico arrastras, en largos viajes de ida y vuelta, "El Fandi" no sabía cómo ni por dónde atacar. Faena de mucha polvareda y escaso poso que no justificó tampoco el trofeo.
 
A "Paquirri" le cabe la disculpa de que el primero de corrida se movió con genio, rebrincado, embistiendo con todo. No era fácil ahormarlo, y aunque quiso el torero, no pudo. El cuarto humilló menos, pero embistiendo también. La faena de "Paquirri" fue tan larga como anodina. EFE

EFE

 Laplazareal.net © casemo