PALCO" DESMEDIDO
El ambiente de
fiesta en Santander
es extraordinario y
contagioso. Su
feria, fiel reflejo
del carácter de la
ciudad, festivo y
generoso, algo que
se nota también en
la plaza, donde las
orejas muchas veces
no están en
proporción a los
méritos en el ruedo.
Por poco que
destaque algún
torero ya tiene
premio.
Sucedió con
Francisco Marco, que
aunque nacido en
tierras navarras
tiene estrechos
vínculos familiares
en Cantabria, o al
revés: el caso es
que el hombre se
reivindica como
local a la hora de
contratarse lo mismo
para Pamplona en
sanfermines que para
esta plaza y feria
de Santander. Y pasó
también con
Cayetano, con quien
se desbordaron los
afectos.
No fue buena la
corrida que lidió "Joselito",
propietario de los
hierros de "El Tajo"
y "la Reina", aunque
dos toros -segundo y
tercero-, los de
"los triunfos",
fueron excepción.
Los toreros, por su
parte, más o menos
inspirados, más o
menos resueltos o
capaces, más bien
menos en todo. Así
que el abultado
número de trofeos no
guarda proporción
con lo que pasó.
La oreja que paseó
Marco del toro de su
reaparición después
del percance que
sufrió el pasado día
8 en Pamplona, tenía
tufo claramente de
paisanaje. Fue bueno
el toro, muy bueno,
por ritmo, temple y
calidad.
El hombre, previa
larga de rodillas en
el tercio, lanceó a
la verónica con
voluntad, igual que
en el galleo por
chicuelinas para
poner en suerte, y
un quite también a
la verónica ya no
fue gran cosa. A la
faena de muleta le
faltó reposo y
fibra. Aún yendo los
muletazos a la
velocidad del toro,
y ligados la
mayoría, aquello
tuvo escasa entidad.
Poco bueno, y sólo
por la derecha.
La estocada tampoco
resultó muy
ortodoxa. Lo dicho,
paseó una oreja que,
tal y como tiene el
hombre las cosas,
todavía le servirá
para alimentar la
esperanza de futuro
en su carrera.
Su segundo toro se
movió en plan
revoltoso, sin
estilo, reponiendo
las embestidas,
también en ocasiones
"haciendo hilo". El
hombre lo toreó
siempre por fuera,
en línea, sin llegar
a estructurar faena
a pesar de la
cantidad de pases
que le pegó.
Por agravio
comparativo, si a
Marco le dieron una
oreja en el segundo
siendo el toro bueno
y poquita cosa la
faena, a Cayetano le
premiaron con dos en
el tercero, primero
de su lote, por una
labor que tuvo más
destreza y sobre
todo encanto.
Bien con el capote,
en unos primeros
lances sueltos pero
con finura, y en un
bonito quite por
gaoneras.
Espectacular
apertura de faena,
con cinco pases de
rodillas. Y aunque
un punto acelerado
en lo fundamental,
la faena tuvo
momentos notables
antes de que el
animal pidiera
tablas, donde
todavía Cayetano le
dio "fiesta" con
pases sueltos.
La estocada, en "el
rincón" que hizo
famoso su abuelo, el
gran Antonio
Ordóñez, dio paso a
dos orejas muy
protestadas.
Cayetano las enseñó
antes de
entregárselas a uno
de sus banderilleros
para iniciar la
vuelta al ruedo sólo
con el capote y la
montera en las
manos.
El sexto fue brusco
y áspero, tomaba la
muleta rebrincado,
quedándose corto y
reponiendo, y
parándose enseguida.
El trasteo resultó
de lo más
deslavazado, sin
ningún poso.
Dentro de lo poco
buena que resultó la
corrida, "Morante"
cargó con el peor
lote. No "sirvió" su
primero, protestando
mucho por arriba y
perdiendo las manos
a poco que se le
obligaba. Sólo a
media altura, y
también sólo por el
pitón izquierdo,
medio "se dejó".
"Morante", siempre
en la periferia, no
tuvo compromiso de
faena.
El cuarto prometió
por un momento, pero
sin dar tiempo a que
el trasteo tomara
consistencia. Un par
de tandas a
derechas, simples
pinceladas, antes de
que el toro buscara
tablas, también con
ánimo de echarse. No
hubo nada, ni de
bueno ni de malo.
EFE
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