Tanto el uno como el
otro siguen
empeñados en
cultivar a toda
costa un arte en
el que también el
sentimiento sale a
escena sin
traicionar a los que
buscan el simple
espectáculo en el
ruedo, sin más
exigencias. El
rejoneo dio, hace ya
tiempo, ese
volantazo artístico
con el que se quiso
peinar los últimos
flecos de una
tauromaquia sólo
basada en la
espectacularidad de
la monta y la épica
de la doma. La
maniobra quedó
hecha, y es ahora
cuando los grandes
éxitos del toreo a
caballo llegan en
frenético festín
sin espacio para el
freno ni la pausa.
Hermoso y Ventura, o
Ventura y Hermoso,
dúo imprescindible
en todas las ferias
importantes de
España, lo hacen
cada tarde.
De ello doy fe.
De cómo sigue
manando el toreo con
Hermoso de forma
ralentizada antes y
después de clavar a
la altura del
estribo de forma
soberbia y
majestuosa. De cómo
Ventura no lo tiene
fácil para destacar
y puntuar, pero
destaca y puntúa con
un rejoneo cuya
complejidad deriva
en explosivo cóctel
basado en la
exigencia de la doma
llevada al límite,
y un valor innato
que dinamiza y hace
original un toreo
espectacular y
exageradamente
atractivo para las
mayorías. Hoy ganó
Ventura. De
inmediato atacará el
navarro.
La tarde ha
sido de Diego
Ventura pese a la
escasa calidad de
los toros de
Bohórquez, muy
nobles, pero mansos
y descastados. Y
ganó porque sabe a
la perfección los
gustos del público.
Su puesta en escena
es perfecta. Su
provocación levanta
pasiones y… lo demás
viene por añadido.
La depurada doma, su
perfecto dominio de
las suertes y su
enorme valor le
hacen ejecutar un
rejoneo que acaba
con todo. Levantó el
alicaído ánimo del
público en el inicio
de la lidia al
tercero. Toreó con
“Nazarí” llevando al
toro pegado a la
grupa en acompasado
galope junto a las
tablas, para después
clavar en lo alto
con perfección
milimétrica.
“Morante”
mordisqueó, y
“Califa” se entregó
para que el
lisboeta-sevillano
clavara las cortas y
se adornara después
en espectacular
testarazo con su
frente a la testuz
del toro. Rejonazo,
estudiada
provocación, el
delirio y… dos
orejas
Al sexto,
manso, lo mantuvo en
los medios con
sobrada
inteligencia.
Utilizó el quiebro
para clavar de
frente con “Orobroy”.
Igual lo hizo con
“Revuelo” de adentro
para fuera, y con
“Ginés” buscó la
espectacularidad de
los adornos en los
cites para clavar
rosas en perfecta
sincronización.
Vuelve a acertar con
el rejón de muerte,
dos orejas y la
Puerta del Príncipe
abierta para él.
Sin embargo,
Pablo Hermoso
ralentizó la
galopada del toro
cabalgando en
minúsculos círculos
sin aspavientos y a
corto y despacio
galope. Lo hizo de
costado a lomos de
“Chenel” para clavar
al quiebro parando
el tiempo. Repitió
la suerte con
“Caviar”, y con
“Pirata” puso
banderillas cortas.
Clavó a dos manos y
se adornó por los
adentros con
perfecto dominio. El
reiterado fallo con
el acero le privó
de un seguro
trofeo. Tampoco lo
consiguió del
quinto, un manso que
buscaba la salida
desesperadamente. A
pesar de ello, todo
el rejoneo que
ejecutó el caballero
navarro fue de
enorme pureza. Es
decir, lo hizo
despacio con “Silveti”,
muy despacio, y de
frente dando el
pecho de la
cabalgadura. Se
adornó en los cites
y clavó arriba con
“Icaro”, y utilizó
las dos manos para
poner banderillas
cortas con “Pirata”.
El nuevo fallo con
el acero le volvió
a privar del seguro
apéndice.
Y Bohórquez a
lo suyo. Se mostró
clásico, sin
banalidades y sin
provocaciones con
los toros más
destacados de la
mansa corrida de su
propiedad. Y eso,
hoy, le gusta a
menos gente. Toreó y
clavó, pero no mató.
Como siempre.
Manuel Viera-sevillataurina.com