CRÓNICA DEL FESTEJO

Sevilla 13 Abril 2010 -  5ª de feria

¡UF, qué alivio!.

FICHA DEL FESTEJO

La Maestranza. 5º festejo de Feria de Abril. Más de media entrada.

Toros de Palha, desiguales de presencia, algunos chicos, feos de hechuras y bastos,  mansos y descastados. Quinto y sexto con mucho peligro.

Serafín Marín, de celeste y oro. Silencio y silencio.

Arturo Macías, de rosa y oro. Silencio tras aviso en el único que mató.

Iván Fandiño, de lila y oro. Silencio y silencio.

Incidencias: La corrida comenzó quince minutos más tarde  por las tareas de retirada del plástico que protege el ruedo.

Parte médico:
Arturo Macías fue asistido de herida por asta de toro en cara interna, tercio medio del muslo derecho que atraviesa el Sartorio y vasto interno, llegando hasta la parte posterior del fémur en una extensión de 20 centímetros. Otra herida con trayectoria hacia arriba y hacia fuera de diez centímetros de extensión, sin lesionar paquete vascular. Pronóstico Grave

 


Arturo Macias - foto: Matito

Galería fotográfica de Matito

¡Qué toros joé! ¡Qué aburrimiento! ¡Qué martirio!  No es fácil definir un comportamiento tan infame de unos animales seleccionados para embestir y con ellos, se supone, hacer el toreo y crear arte. ¿O no? Además de malos, feos, chicos unos y bastos otros. Bonitos los menos. Desigual corrida muy mal presentada. Toros avacados, anovillados, impropios de esta plaza.  Toros mansos sin paliativos, sin una gota de casta y excesivamente complicados por su eminente peligro. Los “Palha” se han cargado la tarde del “martes y trece”. Los animalitos portugueses le han dado el disgusto al ganadero Joao Folque, y le han hecho pasar casi tres horas de sopor a mucha gente. Y además, han sido gafes para un mexicano dispuesto, en su debut sevillano, a demostrar  calidades y cualidades.

     Arturo Macías, con la primera  comparecencia  en esta plaza,  se convierte en el primer torero herido grave del ciclo. El manso y peligroso quinto, que se revolvía con aviesas intenciones en busca de su presa, le cazó en los inicios de la faena de muleta, le empitonó y lo dejó caer de nuevo sobre las afiladas puntas  para inferirle la cornada en la cara interna del muslo derecho con una extensión  de veinte centímetros. Macías le quiso enseñar los dientes con naturalidad y sin descomponerse al complicado bicho, y de paso hacer valer  unas formas muy concretas de hacer el toreo, quedándose quieto, que parecían agradar, pero que también quedaron sin mostrar. A la enfermería se lo llevaron herido de gravedad.

     Ya en el segundo, otro manso de libro, feísimo de hechuras, anovillado, sin remate, y de malísimo comportamiento, quiso mostrar su naturalidad atornillando las zapatillas en el albero y ajustándose la embestida en unas chicuelinas de infarto. El prólogo de faena se hizo interminable por la paciente espera  en el cite para lograr el pase cambiado por la espalda desde los medios. E incluso le echó la muleta por delante para dibujar templados trazos que, obviamente, no podían tener continuidad en la ligazón. Le bajó la mano por ese afán de someter la embestida, con el resultado de repetidas pérdidas del engaño al ser arrollada la tela por el bicho. Atisbó valor  y serenidad  en los vanos intentos finales metido entre los pitones. Lo intentó todo, pero nada consiguió. No tuvo toros.

     Tampoco lo tuvieron  Serafín Marín e Iván Fandiño. El torero catalán está por recuperar el sitio perdido. Quiere volver a ser como fue: un prometedor torero. Pero no sé, me queda la duda, si tuvo verdadera intención de echarse pa’lante. Con alguna que otra precaución intentó faena con la diestra al manso y parado primero. Sólo medios pases pudo conseguir de un toro que nunca embistió. Aburrió con un trasteo desganado que parecía pensado casi como souvenir  de Feria de Abril para aquellos que nos visitan. O como recurso justificativo de estar puesto en Sevilla. Al descastado y soso cuarto  transmitió simplicidad en una faena que consumió en excesivos tiempos muertos en la preparación de cada pase. Le pidieron que terminara. Lo mejor la estocada contundente y certera.

     Iván Fandiño mostró maneras, aunque toreó sólo de capa. Hoy no era el día. Con el noble y soso tercero anduvo con ganas en un trasteo que transcurrió entre muletazos vibrantes y otros enganchados. Una pizca mejor con la derecha  que con la izquierda, pero con ninguna de las dos manos hubo entendimiento. Con el sexto, con genio y peligro, se peleó con unas embestidas que nunca supo por donde le iban a venir. No hubo forma de  robarle más de dos muletazos seguidos.

     Ya digo, seis silencios como seis losas. Tras dos horas y media  de bostezos todo terminó. ¡Uf, qué alivio!

Manuel Viera-sevillataurina.com

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