CRÓNICA DEL FESTEJO

Sevilla 14 Abril 2010 -  6ª de feria

Esto solo lo hace un  torero
 

FICHA DEL FESTEJO

La Maestranza. 6ª de Feria de Abril. Más de media plaza.

Toros de El Torreón y uno del Conde de la Maza, el cuarto, lidiado como sobrero. Aceptables de presentación, descastados y flojos. Los más manejables segundo y tercero. Con mucho peligro el del Conde de la Maza.

Antonio Barrera, de negro y oro. Saludos y silencio.

Luis Bolívar, de celeste y oro. Saludos y silencio.

Salvador Cortés, de azul marino y oro. Saludos y silencio.

Se guardó un minuto de silencio en memoria de José Luis Barrera, padre de Antonio Barrera que hizo el paseíllo desmonterado

Saludó tras banderillear al tercero Luis Mariscal.

 

Galería fotográfica de Matito

Muy poco que contar y mucho que decir. Porque esto no lo hace nadie. Ni futbolistas ni cualquier otro deportista de élite. Ni el más apegado a su profesión. Esto sólo lo hace un torero. Sólo lo hacen estos hombres que están en la raíz de cómo somos. Los únicos que prueban no zafarse del combate de la muerte. Sólo lo hacen estos valientes que con el miedo a cuesta lo superan  para vivir. Antonio Barrera se tragó su pena, se enfundó su traje negro y oro y se plantó en el patio de cuadrillas. Donde debía de estar. Donde quería que estuviese quien le inculcó ser quien es. Aunque él, que se fue ayer, ya no viva para gozarlo. O para sufrirlo.

     Porque esta tarde el progenitor de Barrera hubiese sufrido con el maldito destino y peor suerte del hijo torero. Muy poco que contar, casi nada, ya todo se ha dicho. Porque los toros de César Rincón, de bonitas hechuras, serios y  de afilados pitones se dejaron la casta y las fuerzas en el campo ganadero. La corrida ni se picó. Y ni por esas. Y para colmo, el que más gustó de salida se partió el cuerno derecho al rematar en el burladero. El sobrero del Conde de la Maza, esta vez sí fue “condeso” y no hubo forma de meterlo en el engaño. El destino, Antonio, el destino lo quiso así.

     Antonio Barrera se desprendió de cualquier artificio banal para poner en valor y sobre la balanza del toreo toda su carga emotiva. La faena con el manso y complicado primer toro de El Torreón fue una porfía para elaborar unos pases, que sin sobresaltos, revelaron la capacidad  del sevillano. Incluso le bajó la mano en el natural por ese afán de sacar partido a la nula embestida de un toro ya en las tablas. Tras la buena estocada le ovacionaron con fuerza su loable actitud.

     La rabia y la angustia al torear al peligroso cuarto lidiado como sobrero, se transformaron en un querer y no poder. El toro de los Herederos del Conde de la Maza, con las fuerzas justas, se orientó de inmediato en los inicios de faena. Después de una larga cambiada de rodillas en el tercio a la salida de chiqueros,  el sevillano probó fortuna citando desde los medios para prologar faena con el pase cambiado por la espalda. Y ni un pase más. Tarascadas al pecho del torero que  resistía y esquivaba  en feroz lucha. Tras matar de media estocada y dos descabellos se retiró con el silencio respetuoso de la plaza en busca de su pena.

     A Luis Bolívar le tocó el toro más toreable de la tarde. El segundo, flojo como todos, mostró nobleza en  unas embestidas que el colombiano supo aprovechar, a medias, por el pitón derecho. Toreó despacio con la diestra, hilvanó tres muletazos, no más, e incluso tuvo estilo un bonito cambio de mano. Quiso hacer el toreo al natural, pero ya no fue igual, con un toro agotado lo intentó sin conseguirlo. De todas formas, Bolívar, no dejó satisfecha a la gente. La espada cayó baja y fue ovacionado. Con el manso y complicado quinto desistió pronto y lo finiquitó de media estocada.

     El afán de Salvador Cortés por recuperar su sitio perdido es digno de encomio. Lo intenta todo aunque consigue poco. En sus dos toros no dudó plantarse a portagayola. Limpias resultaron ambas largas cambiadas.  Con el tercero, noble y con las fuerzas muy justas quiso probar fortuna citando desde la larga distancia  para hacer el toreo diestro. Tras los primeros muletazos la faena cayó en una intermitencia que ya no levantó. Hubo pases ligados, algunos acelerados, para terminar con la derecha con un toreo más despacio y acompasado. La faena resultó larga y poco consistente. La estocada fue de las que tumban sin puntilla. Con el sexto, más de lo mismo, hubo momentos de buen toreo, pero con  la dificultad de la escasez de fuerza. Lo más emotivo, los dos soberbios pares de banderillas de su hermano Luis Mariscal al tercero que tuvieron el justo honor de la música. 

   

Manuel Viera-sevillataurina.com

 Laplazareal.net © casemo