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CRÓNICA DEL FESTEJO |
Sevilla 20 Junio 2010 -
Torea Diego Silveti el novillo de su presentación y tarda en mostrar unas formas con la capa que al fin llegan en el quite por gaoneras que es puro disfrute por quietud y templanza. Después hubo muletazos ingeniosos con los que, despacio, llevó la sosa embestida del parado tercero en no más de dos y el de pecho. Este otro Silveti, al parecer, tiene capacidad para ejecutar un toreo más que interesante. En realidad se le vio poco, la flojedad del novillo diluyó un trasteo en el que no encontró la forma de emocionar. Sin embargo, citó adelantando la tela y trazó el pase de manera notable, atisbándosele detalles en un toreo expresivo e interesante. Lástima que no sepa matar. En el primer intento con la espada fue cogido de mala manera recibiendo una cornada en el muslo izquierdo que le impidió después continuar la lidia. Como pudo finiquitó al novillo pasando a la enfermería por su propio pie. De la novillada de El Serrano, de impecable presencia, –otra corrida de toros- destacaron el primero y el sexto. Ambos le tocaron en suerte a José María Arenas, que con enorme actitud quiso darle diversidad a su toreo. Lo hizo con el capote en los lances al primero, quitó por faroles y rivalizó con lopecinas tras el quite de Arévalo. También en banderillas se lució junto al valenciano con contundencia, sin embargo, no fue capaz después de mandar en una embestida noble y franca, para acto seguido comenzar a divagar reivindicando no sé que otras características a un novillo bravo y noble. No lo entendió con la diestra y sólo apuntó el natural al final de faena. Demasiado poco para tan buen utrero. Al cuarto, que se quedó parado tras la segunda entrada al caballo, lo banderilleó de forma desigual para dibujar después algún que otro muletazo diestro sin emotividad. A ambos lo mató de forma excepcional. Al cuarto lo fulminó de excelente estocada. Arenas, por cogida de Silveti, se encontró con un sexto noble y repetidor. Otro gran novillo de El Serrano. El albaceteño anduvo con el capote vulgar y con las banderillas muy desigual, para hacer con la muleta lo mejor de su incompleta tarde. Trazó una faena en la que se intercambiaron muletazos diestros de calidad con otros enganchados, bajó la mano e hilvanó tandas con buen gusto. Muy al final se echó la muleta a la izquierda para trazar la mejor serie del trasteo. Le siguió otra más embarullada, para terminar con un circular invertido. Esta vez mató muy mal y hasta la vuelta al ruedo resultó excesiva. José Arévalo es un torero que congenia con el espectador. Le sucede a todo aquel que le importa más el ser que el estar y quiere permanecer mucho tiempo en esto. Arévalo va por ese camino. Tiene tendencia a enfatizar siempre lo que hace, pero también demuestra la fortaleza que desprende la seguridad de poder con todo, hasta de ser capaz de irse por dos veces a portagayola. El valenciano le echó ganas a la tarde, y valor, mucho valor. Toreó con gusto a la verónica, galleó con naturalidad, quitó por tafalleras, por chicuelinas y hasta banderilleó con facilidad, con verdad y con recursos, a sus dos novillos. Con el noble, aunque tardo y brusco, segundo que brindó a Joaquín Díaz “Cuqui de Utrera”, se quedó muy quieto, lo citó de lejos y le bajó la mano en una faena vibrante sin demasiado acople. Hubo muletazos templados, bien rematados, algunos ligados, pero sin continuidad. Los detalles y los adornos finales definieron un toreo que, aunque poco refinado, si es para tener en cuenta. El quinto, manso y con problemas, le volteó al quitar de forma espectacular, se recuperó de inmediato, banderilleó con enorme valor e inicio faena con gran disposición. Le puso ganas y muy al final, al hilo de las tablas, le exprimió los pocos pases que aún tenia el complicado utrero. Mató bien a su primero y no lo supo hacer con el último. Manuel Viera-sevillataurina.com |
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