CRÓNICA DEL FESTEJO

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                     

Valencia 16 Marzo 2.010 - 6ª feria.

"El Juli se zampa la fiesta de Ponce"

FICHA DEL FESTEJO

Valencia. 6ª de abono. Lleno. Soleado, fresco.
Seis toros de Zalduendo (Fernando Domecq Solís). Corrida terciada, cómoda y bastante pareja pero desigualada por un quinto más ofensivo que los demás y de línea y condición diferentes. Ese quinto apretó, se metió, punteó, tiró gañafones, se puso incierto y se acabó defendiendo. Los otros cinco fueron nobles. De mucha bondad el sexto, pero hubo que tirar de él. Mansito el cuarto. Se emplearon sin resistirse los otros tres.
Mano a mano.

Enrique Ponce, de carmín y oro, silencio, una oreja y saludos tras un aviso.

El Juli, de corinto y oro, dos orejas, saludos y dos orejas. Salió a hombros.

Ponce celebraba fecha redonda: veinte años justos de alternativa, que fue aquí mismo. Rompió una ovación rotunda al final del paseo y Ponce salió a saludar. Sacó con él a El Juli después.


El Juli brinda su toro a Ponce


 

Tres tardes se ha anunciado Ponce en Fallas, que es la feria donde de verdad manda. Para matar seis toros. Los tres primeros, de Zalduendo, en mano a mano con El Juli. Eligió cartel, ganado y fecha el propio Ponce. No era en rigor un mano a mano, sino corrida de dos toreros. Pero de pronto dejó de serlo. “De pronto” fue a partir del quinto toro. Sesgo inesperado. No entraba en cálculos que fuera a dar tanta guerra ese quinto, que descabalaba por lámina y cara la corrida entera, terciada y en tipo, justa de artillería.

Retinto y lombardo, buen mozo, enroscada en el tronco la cabeza tostada, armado por delante y muy afilados los pitones, parecía de otra corrida, de otra fiesta y hasta de otra ganadería. Al tercer capotazo de saludo y tanteo en tablas obligó a Ponce a saltar de costado al callejón. Y, si no salta, se come a Ponce el toro, que era de repente el dueño del cotarro. Carreras sueltas de acá para allá, como las de las vacas resabiadas de las capeas, tres puyazos de bravucón, descompuesto el toro, que, cercado pero no toreado por muchas siluetas, y ausente Ponce de tan atolondrado manejo, se lidió sin criterio. Sólo dos lances en frío de El Juli parecieron fijar terrenos y bajarle a la fiera los humos.

Visto el estilo del toro, que se movía sin encelarse, parecía proceder una faena de castigo. En las cuatro primeras tomas el toro arreó por la mano derecha trallazos. Punteaba la muleta, se ponía por delante, era andarín. Con la sangre más fría que caliente, Ponce desechó la idea del trasteo de aliño. Por la mano izquierda, sin rebosarse, resistiéndose y como a ráfagas, el toro metió la cara un par de veces. Esa señal la captó Ponce, que, tirando tapado por delante, abrió al toro donde menos pudiera defenderse. De rayas afuera, donde tiene ventaja el torero sobre el toro defensivo. Tragón, Ponce aguantó tres viajes de escalofrío. Por la mano tratable. Ayudándose de la espada, provocando las embestidas a posados pisotones, tocando por delante lo justo y corriendo la mano con destreza, Ponce le sacó al toro media docena de muletazos con la zurda de gran emoción. Vació por arriba y abierto cuando apretó el toro, que lo desarmó una vez y lo intentó tres más. Más de emoción que de gobierno, enardecida por una tanda de tres molinetes seguidos, la faena se fue de tiempo, como tantas de Ponce. Con la plaza candente y volcada, no hubo manera de igualar. Un metisaca en los bajos, una corta que la rueda de peones convirtió en media, un aviso, cinco descabellos a toro andante.
El Juli le había cortado para entonces dos orejas al primero de su lote tras graciosa faena de precisión: ni un muletazo de más ni de menos, cambios de mano por detrás para ligar en terreno del toro espectaculares muletazos templados, ligazón, sentido del ataque y la doma, el toro en la mano a pesar de su primera brusquedad, un sopapo inapelable. Rodó sin puntilla ese toro que llevaba, de antes, seis hermosas verónicas de recibo con media y revolera de broche, y un picante quite por villaltinas. Al cuarto, suelto de mansear y desganado, lo llevó tapado y despacio, lo mimó y lo engañó, le hizo dos o tres trenzas bolilleras de péndulos cambiados, pretendió sin razón recibirlo con la espada y al segundo viaje lo tiró sin puntilla.

Y sin puntilla al sexto, que, después del tragantón de Ponce, fue como un calmante. No Julián, que, desatado sin avisar, decidió que sí, que la corrida era un mano a mano de verdad, y que, amigos para siempre, y fundidos Ponce y él en un brindis afectuosísimo, pero ahora no iba a perdonar. Con el toro suelto y atascadito, El Juli desenterró el quite de El Zapopán para felicidad de todos. Seis lances en los medios que remató con larga cambiada de rodillas y soberbia brionesa. Ponce replicó con tres chicuelinas en quite desafiante.

Eso encendió la mecha de un Juli del todo arrancado, insaciable. Despatarrado, por las dos manos, en cortas y largas distancias, más y más despacio, a tiempo los toques, resueltas las dos paraditas mansas del toro con sendos encajes sin fisuras, péndulos, trenzas, el pasimisí, un capricho. Y una estocada hasta la bola. De la cual salió el toro rodado y casi fulminado. Dos orejas otra vez. Clamor de los gordos. Una oreja del tercero para Ponce, que lo tumbó sin puntilla tras una faena larga, más lindo el comienzo que los últimos capítulos, repetidos. Y un primer toro flojito, jugado con viento, que duró veinte viajes y Ponce brindó a su abuelo, que estaba en el mismo sitio que hace veinte años. Con la misma ilusión de entonces.

 

COLPISA - Barquerito

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