CRÓNICA DEL FESTEJO

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                     

Valencia 18 Marzo 2.010 - 8ª feria.

Una de Juanpedro sin premio

FICHA DEL FESTEJO

Valencia. 8ª de feria. Tres cuartos largos. Soleado, templado.
Seis toros de Juan Pedro Domecq, bien presentados, de desigual juego. Con genio manso el quinto. Muy bondadosos pero frágiles primero y sexto. Bueno el tercero. Manejables los otros dos


Julio Aparicio, de grana y azabache, silencio en los dos.

Morante de la Puebla, de azul pavo y oro, saludos y silencio.

Cayetano, de azul ultramar y oro, silencio tras un aviso y silencio.

 


Morante de la Puebla


 


Rechoncho, que no acochinado, abierto de cuerna, el toro de Juan Pedro que rompió plaza tuvo la fuerza mínima. Bondadoso, se abría de flojo. Al final de una escueta faena de Aparicio, se echó. El primer puyazo, certero pero desmedido, fue letal. No estaba el horno para bollos. Sobró una segunda vara sólo señalada. Las banderillas, de más. El toro se venía dócil y despacio pero, tan sin ánimo, que parecía rebrincarse y dudar. Aparicio toreó de capa con armonía. Con las bambas o los vuelos. A pies juntos, con la mano izquierda, tres muletazos distinguidos. Bonitas salidas de la cara. Dos pinchazos sin soltar, una estocada.

El segundo, charrengue, o sea, jabonero, bien afilado, cobró un desafortunado puyazo trasero y medio derribó. Al salir del cuasi derribo, sorprendió al descubierto a Antonio Jiménez El Lili, que lo lidiaba, y lo persiguió. Bien colocado, Cayetano cortó en quite oportuno, el toro se le metió por la mano izquierda y estuvo a punto de levantarle los pies. Al toro le dolería la divisa, clavada muy delante. El embrollo de la persecución y la colada en el quite lo resolvió Morante con lances a una mano por delante, de los de defenderse y no dibujar. Fueron preciosos. Igual que el ritmo y el encaje de las verónicas del recibo. Sólo las de la mano derecha; por la izquierda se acostó y disparó fuego graneado el toro, que, después de zurcir a cabezazos un burladero, tomó la muleta sin renegar.
Morante le pegó a compás media docena de exquisitos muletazos. Con ellos se abrió hasta más allá de la segunda raya. En la segunda tanda de tomas del toro, el son de Morante era el mismo. Los músicos atacaron el “Amparito Roca” y se creó un contrambiente. Un destrozo. Todavía hubo una tercera tanda en redondo, despaciosa y garbosa, pero ya empezó entonces el toro a tropezar tela en los remates. Y Morante a ponerse muy en corto. Una tanda por abajo y con la izquierda, por el pitón de la protesta. Y ya no protestó el toro, pero enganchó una vez y otra. No tantas porque la faena, en un solo terreno, fue breve. Morante, dormido el cuerpo, se adornó con dos molinetes rebuscados, de los de rancio repertorio sevillano, y dejó igualado al toro con dos ayudados sensacionales. Una estocada corta y tendida, que se fue hundiendo casi sola.

De los seis juampedros, el mejor fue el tercero, acodado, en tipo. De salida, Cayetano trazó sin embraguetarse templados lances de acompañar. Se picó el toro poco, Cayetano quitó por tijerillas, tres, libradas a media altura, y larga y brionesa, y todavía Aparicio salió a quitar a la verónica clásica de cuerpo tensado y brazos echados más que mecidos. Se trastabilló el toro al verse obligado. El toro fue de ir y venir con mucha nobleza, con alguna leve claudicación. A ese aire, sin forzar, se acopló Cayetano con la muleta en una limpia faena de buen ritmo, sin apreturas, elegante, compuesta la figura. La banda se arrancó con “El gato montés” no se sabe si a tiempo. Chirrió: no es pasodoble de faena, sino de concierto. Igual que “Amparito Roca” es más de marcha que de torear.

Para torear con la izquierda Cayetano se ayudó de la espada. Sueltos los muletazos, bien acabados. Uno cambiado de rodillas sacudió el ambiente. Y la faena que perdía gas poco a poco. Casi de sorpresa, y por exceso de confianza o por falta de recursos o reflejos, justo antes de la igualada Cayetano salió cogido y volteado feamente por la espalda. Estaría en terreno del toro sin saberlo. Salió ileso. La reacción fue de torero de casta. Dos pinchazos, una entera al salto y tres descabellos.

Bonito toro el cuarto. Con sus dos buenas puntas. No tanto poder. Aparicio apuntó con el capote bellamente y dibujó tres hermosos lances de lidia, de abajo arriba. Escarbó el toro, se dolió en banderillas. Aparicio prefirió no castigar por abajo ni obligar demasiado. Si el toro no iba dominado, punteaba. Y si no, se hubiera ido al suelo. Dilema insoluble. Se arrancó la música sin quórum. Ni de músicos ni de clientes. Una trinchera, un molinete, dos con la izquierda de tremendo espectro, una faena muy de Aparicio. Con ayudados de apertura, cargada la suerte; pases mejor empezados que concluidos, el alarde dos cambiados de los de echar por delante el toro entero de un golpe. Dos pinchazos y una estocada desprendida.

El quinto salió frenándose y escarbando, como los pregonados. Chorreado y cabezón. Morante dejó que lo lidiara Rafael Cuesta, que pegó más capotazos de la cuenta. Antes y después de la primera vara. Tras ella apareció Morante discretamente. Tres varas tomó el toro, que después de la tercera arreaba todavía más que antes de la segunda. La correa violenta: se sacudía la muleta, llegó a arrancársela a Morante de las manos con las pezuñas. Se apalancaba y punteaba a la defensiva. Una suficiente faena de castigo de Morante, de impecable compostura, muy torera. Un pinchazo, media lagartijera, dos descabellos.

El sexto, colorado ojo de perdiz, fue tan bondadoso como el primero, no tan frágil. Una larga cambiada de rodillas de Cayetano en el saludo, lances a pies juntos sin ajuste pero sueltos los brazos. Un galope bueno del toro, que tras la segunda vara estaba exánime. Telonazos para abrir faena. Y, luego, correr la mano para desplazar toro, tocarlo tan poco que parecía de repente que Cayetano toreaba sólo sobre la inercia. Impulsitos del toro, que se arrodillaba de cuando en cuando. Bien sujetado, el toro habría durado y sido probablemente más. Pero no se puede probar. Una estocada.
 

COLPISA - Barquerito

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