CRÓNICA DEL FESTEJO

                                                                                                                                                                                                                                                                                                               

Castellon 9 Marzo 2010 -

"Herido el debutante Juan Cervera"

FICHA DEL FESTEJO

Castellón. 3ª de feria. Menos de media plaza. Soleado, frío.
Seis novillos de los hermanos González Sánchez-Dalp. Todos, con el hierro de Manolo González, salvo el segundo, que llevaba el de Toros de Jarrama. De serias, buenas y generosas hechuras la novillada. El segundo se empleó con buen son. Encastado el tercero, que tuvo motor. Manejables los demás.


Conchi Ríos, de escarlata y negro, ovación tras un aviso y silencio.

Juan Sarrión, de azul pavo y oro, saludos, ovación y silencio.

Juan Cervera, de púrpura y oro, herido por el tercero. Sarrión, de Castellón, y Cervera, de Benifaraig (Valencia), debutaban con picadores.

Juan Cervera fue intervenido en la enfermería de la plaza de un puntazo profundo en el tercio anterior del muslo derecho. Cornada de pronóstico menos grave.


 

 

Al catálogo de novilleros de las escuelas taurinas de Castellón y Valencia vinieron a sumarse dos nombres nuevos más: el de un Juan Sarrión castellonense o castellonero, apellido oriundo de Teruel, y el de Juan Cervera, de Benifaraig, junto a Valencia capital. Sarrión brindó el novillo de su debut con picadores a Rufino Millán, que acaba de jubilarse como director de la Escuela Taurina de Castellón. Descubrieron en honor de Rufino una minúscula plaquita de cerámica de Alcora u Onda. En un escondido corredor de la plaza.

Millán, novillero de los años 50, es natural de Morella, la capital del Maestrazgo. Ayer amaneció Morella nevada como una silueta tibetana. A Rufino Millán le pegó el año 56 en Tudela de Navarra una cornada en el escroto un novillo albaserrada de Julián Escudero. O sea, un victorino. Un novillo de encaste Núñez, y del hierro de Manolo González, le pegó ayer una cornada en el muslo al otro debutante, a Cervera, que en vísperas del debut cambió de apoderado.

Sarrión es pelirrojo, y no hay tantos toreros que lo sean. No se despinta. Cervera, de quien predican ser una versión clonada de Enrique Ponce, es magro, enjuto y pálido. Cuando debutó con picadores, en esta misma feria, hace veintipico años, Ponce no levantaba tres palmos. Infantil el porte, pero torero el gesto natural. De Ponce. El novillo que hirió a Cervera, tostado chorreado, rubias las greñas, gacho y astifino, ancha la cuna, tuvo la velocidad clásica de los núñez. Antes de la cornada, ya le había cogido Cervera una vez. Por dormirse en un aprovechón y gustoso muletazo de mano baja con la diestra. Un muletazo de dibujar y acompañar, no de gobernar el viaje. La segunda cogida, en parecido trance –un muletazo desmayado-, se saldó con una paliza formidable. Tuvo el toro a Cervera entre las manos y lo molió a pisotones. La cornada, un puntazo profundo de casi diez centímetros, fue certera. Probablemente se la pegó el toro en el mismo momento de la cogida y no en el suelo. El toro se metió para empalar al joven torero por la entrepierna. No iba toreado. Un exceso de confianza. La paliza fue de tal calibre que Cervera ingresó en la enfermería desvanecido.

Los tres muletazos de castigo con que Conchi Ríos dejó cuadrado al novillo fueron espléndidos. Pases de dominio, pero de una plástica impecable. Con la espada no anduvo Ríos ni fina ni decidida. Ni pasó ni metió el brazo. Conchi Ríos era cabeza de cartel y directora, por tanto, de lidia. La única de la terna que ya había saboreado las mieles de torear con picadores. Murciana. En Murcia hay un torero pelirrojo, Alfonso Romero.

Conchi Ríos tiene personalidad. Sabe estar en la plaza. Sabe colocarse y encajarse. Torea sin apreturas, en línea. Tiene descaro, que es parte de la personalidad. Se enfadó de pronto y le pegó al primer novillo una tanda de arrojo y auténtico temple. Se rajó luego el novillo, que se había puesto pegajoso. El otro novillo que mató Conchi, quinto de la tarde porque se corrieron turnos tras la cogida de Juan Cervera, no fue sencillo. Adelantaba por las dos manos. Trasteo movidito, pero suficiente. La intención de torear de frente, que es loable. Una rara tanda de espaldinas encadenadas. Improvisación sobre una base clásica. Gasta engaños ligeros de buen vuelo. Conchi gasta coleta. La trenza arranca de la coronilla y no del cogote. Original. No es coleta torera ni ortodoxa. La torera está por cuajar y ver. No es una osada. Puede circular. Si aprende a meter la espada.

Sarrión hizo en los tres toros un poco de lo mismo y de lo mismo mucho. Fiel a la moda de las faenas que se atienen al canon de la rutina. De las de pegar muchos pases para asegurar el son del toro con la pretensión de domarlo. También en el joven Sarrión ha encarnado la idea de que a los toros hay que taparlos por sistema y coser pero no ligar muletazos. Como está rodado, sabe ponerse. Tiene sentido del temple. Ni un enganchón pese a que la velocidad de los tres toros que mató fue distinta. Es frío. Pero valeroso. Ninguna pereza para irse a los medios. No maneja la espada. Sí los nervios.
 

Colpisa-Barquerito

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