Corrida de Fuente
Ymbro muy desigual.
Las dos orejas del
mejor toro de la
tarde, premio largo
para Luque.
Talavante, más firme
que afortunado, y
mal con la espada
Un picotazo tomó
el toro de Fuente
Ymbro que rompió
plaza y con eso
bastó. La cresta
hirsuta, afilado el
hocico, bizco y
astifino, negro, ni
grande ni chico. Muy
dócil, noble, fijo
en el engaño. Pero
con la fuerza mínima
y ni un gramo más.
Versión ecléctica de
Talavante: un par de
cosas de la
tauromaquia de José
Tomás, otras tantas
de la de El Juli y
hasta una imitación
de Perera. Con la
izquierda, algún
apunte de la propia
prosa también. Al
hilo del pitón
Talavante, como si
ahí fuera a resistir
el toro más que
encañonado
propiamente. Un
desarme inoportuno.
La acción, en los
medios. Fue
perdiendo gas la
cosa de lance en
lance. Cuatro
pinchazos sin pasar,
una estocada.
Colorado ojo de
perdiz, rechoncho y
bajito, el segundo
fuenteymbro iba a
ser el toro de la
corrida. Alegre,
pronto. Sólo que
sefue abriendo un
poco más y otro poco
luego, y otro
poquito después y,
si no corta a tiempo
Daniel Luque, la
cosa acaba en
bandera blanca y
rendición en tablas.
Luque atacó desde el
comienzo: nueve,
diez, once lances de
salida, ganando
terreno, desde la
raya primera al
mismo platillo. Bien
volado el capote,
buena la colocación
algo forzados los
lances, seguro el
empeño. Una lidia
farragosa,
demasiados capotazos
innecesarios.
Después de una vara
buena, todavía un
quite por
chicuelinas rematado
con larga campera y
personal, de rico
acento. Como el toro
servía,
Luque
brindó a la gente.
Honor al quite: una
faena resuelta y
segura, por una
mano, por la otra, tandas de cuatro y cinco, dobles cambiados en los
remates, tapado el
toro casi siempre,
descargada la suerte
a veces pero al toro
le convenía la
inercia carrilera.
Circulares de ida y
vuelta. Lineal la
faena: de sumar y
sumar. Ninguna duda,
ningún error, un
reloj. Una estocada
ladeada.
Alto, acaballado,
colorado, el tercero
de corrida olisqueó
de salida –¡no sería
buscando agua...!-,
se fue corrido al
caballo de pica y
convirtió en caótico
un puyazo de
bravucón. Un
monosabio nervioso
estuvo a punto de
provocar un
estropicio y la
cogida de Manuel
Montoya, que estaba
lidiando. Y bregando
con el toro, el
caballo y el
monosabio. Los tres
a la vez. Corrido
tomó un segundo
puyazo ese torote.
Rubén Pintar toreó
de capa a pies
juntos con fácil
soltura. Media de
remate de un quite
fue de calidad. La
querencia del toro
eran las tablas.
Metía la cara, pero
no repetía si no lo
engañaban. Lo supo
engañar el torero de
Tobarra. Listeza. Y
tablas de torero
puesto. Algo
machacona la faena,
porque la pelea
estuvo resuelta
enseguida. Cuando
cortó el toro viaje,
Rubén tuvo que
asirse al lomo más
de una vez. Un
pinchazo, una entera
caída. Suficiencia.
La noticia de la
feria: hizo menos
frío de lo previsto.
Predicciones de
cuatro grados. Se
anduvo en torno a
los diez. Talavante
no le tomó la medida
al cuarto, que,
estrecho de sienes,
bizco y aliradito,
enseñaba las puntas
a las gradas más que
al torero. Muchos
lances de Talavante.
Ninguno bueno. Y un
trasteo en los
medios cargado de
buenas intenciones
pero frustrado
enseguida. El toro,
muy flojito, sacó
bondad por la mano
izquierda. Sin
empujar apenas. No
le dio el aire para
más. Al menor tirón,
protestaba punteando
y
desencuadernándose.
Dos o tres muletazos
distinguidos.
Metisaca y estocada
delantera. Silencio.
Los dos últimos
fueron toros de
pobre nota. Sin
fijeza un quinto
chorreado en verdugo
que, suelto del
caballo y dolido en
banderillas, campó
por libre buscando
puerta por donde
escapar. No dio
Luque con la fórmula
de sujetar a tan
alocado conductor.
Una buena tanda de
castigo a última
hora. Con eso habría
bastado. Y antes.
Una estocada
trasera, de gran
oficio, y un
descabello a lo
Barrera. Frenado,
escarbador, las
manos por delante en
señal de
resistencia, el
sexto, de buenas
hechuras –amplio,
ligeramente
ensillado, bien
armado-, salió rana:
medias embestidas
regañadas y hasta
inciertas. Cero en
ritmo y entrega.
Manso estilo. En
corto, encima Rubén
Pinar para someter
del toro la parte
más quejosa. En
sordina la faena. De
torero capaz. Más la
habilidad que el
riesgo. Mucha
habilidad.