Antes Ramsés, bajo el aguacero, había vendido una serie de manoletinas que aumentaron el clamor en los tendidos. Se pidió fuerte la segunda oreja.
Pepe Manrique que abría cartel, cuajó al primero de capote y con la muleta aprovechó la buena condición del toro, ligándole derechazos profundos y templados, sometido siempre por abajo, pero su mal uso de la espada lo privó de cortar orejas.
Su segundo no se desplazó en el capote, se escupió cuantas veces lo pusieron al caballo y pegó dos arreones peligrosos en las tablas no bien empezada la faena de muleta. Luego rompió a bueno el toro, transmitiendo mucho por el derecho y dejándose entonces.
Manrique colocado donde el toro pedía, al hilo, sin toques bruscos, lo llevó toreado pudiendo, en series de importancia y torería que le valieron cortar una oreja.
El tercer colombiano del cartel, Juan Solanilla, quitó por ceñidas chicuelinas a su primero y prometió al doblarse con buena clase, pero el toro, parado, no le dejó mostrar sus cualidades ante sus reservada condición.
Con el sexto Solanilla no pudo componer una faena airosa por la infame condición del animal. Con la espada sudó tinta antes de rematar al toro.
EFE
