Dos bravos novillos se rompieron la mano. Uno del lote del mexicano Oliver y otro en el de Sergio Blanco. Los dos al inicio de la faena de muleta, arruinando dos triunfos posibles y probables.
La novillada fue buena, enfatizando el fenomenal momento de la ganadería de propiedad de D. Santiago Uribe, tras triunfar en Cali.
Ante ellos tres novilleros con ilusión, toreados, firmes, aunque se les vio poca clase quizás, o no a tono con la de los astados. En eso fueron superiores los de La Carolina.
El primer novillo no llegó a descolgar del todo, pero embestía despacio. Noble fue, pero falto de chispa, repetidor y lo llevó templado Blanco en series ligadas y aseadas. Suficientes para la oreja tras la estocada fulminante.
Su segundo se rompió la mano, tras haber embestido con enorme clase al capote. Lástima.
El mexicano Oliver Godoy se vio en la misma circunstancia en el segundo de la tarde tras ofrecerle el capote y darle finas verónicas. Abrevió tras el tercer muletazo que origino la invalidez del animal.
Tuvo, sin embargo, ante si singular oportunidad al corresponderle Pretencioso, bravo novillo de gran calidad y clase al que toreó bien por ambos lados, algo apurado por instantes por las inacabables embestidas del bravo al que se dio la vuelta al ruedo.
Cristian Gómez con decisión flameó la muleta al bravo tercero. Lo pasó con las dos rodillas en tierra y lo intentó primero con la derecha. Transmite el novillo y el local le coge el ritmo sobresaliendo algunos lentos naturales que fueron los mejor de su faena.
El sexto bis manseó y no humilló mucho, pero tuvo delicada prontitud, suavidad y nobleza a borbotones y estuvo a tono Gómez con él, instrumentándole larga faena que no calentó del todo los tendidos. EFE