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Arlés, pasión encendida por el toro

16 Abril 2010 - 15:00 Redacción
Mientras en Cataluña quieren abolir los toros, en Francia la feria taurina de Arlés reúne a 500.000 visitantes y más de 60.000 aficionados.
 

SORPRENDENTE. Son las paradojas que tiene la vida. Con la que está cayendo en España en torno a los toros, que si suprimir la Fiesta, que si es una barbarie, que si los catalanes no quieren ni oír hablar de ella, que si da como vergüenza admitir que la tauromaquia es parte de la cultura española... van los franceses y sólo les falta decir que el toro lo han inventado ellos.


Plaza Arles - Archivo

En el sureste de Francia, justo en línea encima de Tarragona, a una hora y cuarto de España en avión, la ciudad de Arlés vive la fiebre taurina no sólo durante el mes de abril en período de feria, sino durante los 365 días del año, en los que la locura por este arte hace vibrar desde al veinteañero al octogenario. El mismo Picasso tenía su asiento reservado en la plaza, un anfiteatro romano de la época de Julio César (ya que para eso él la fundó en el año 46 a.C. y después de Roma es la ciudad con más monumentos romanos), la que le arrancó el corazón a golpe de olé y contribuyó de forma destacada en dar a conocer la urbe que desde entonces celebra con más ahínco que nunca lo que ya consideran casi su propia tradición a ritmo de pasodoble y Paquito el chocolatero. Pero eso sí, en versión light, porque en lugar de cerveza y fino al final de la corrida se brinda con champán. Muy chic la cosa. Y otro dato: antes de entrar a la plaza los franceses van equipados. Se colocan un sombrero y, puro en ristre, despliegan su amor por el toro sobre la grada con elegancia, orgullo y sentimiento. Y a cada pase... un olé con palmas ardientes y lluvia de claveles.

La feria de Arlés reúne a unos 500.000 visitantes en estas fechas y a más de 60.000 aficionados, y como dice el alcalde y vicepresidente del Consejo General de Bouches-du-Rhone, Hervé Schiavetti, en el catálogo de fiestas “la feria simboliza todo lo que la cultura taurina es capaz de crear y de llevar a lo sublime”. Las palabras de la empresa en boca de Luc y Marc Jalabert al referirse al toro son: “Un diamante en sus múltiples facetas. La riqueza del arte taurino se explica por su diversidad. El punto común a todos los artistas es la presencia del toro, aquí, en Arlés, es el elemento central del espectáculo, una feria auténtica”.

Y cuando la ciudad se viste de luces en abril se desata aún más esa fiebre por el universo de la tauromaquia cuyo cartel de este año ha dedicado su coso, entre otros brillantes espadas, a Uceda Leal, El Juli, Miguel Ángel Perera o Matías Tejela, con toros de la ganadería de Jandilla y Bohórquez (porque tampoco faltaron corridas de rejoneadores), y tanto Fermín Bohórquez como Andy Cartagena o Pablo Hermoso de Mendoza han destacado con sonado éxito entre el público galo. No en vano, en Arlés existe una escuela taurina que enseña los fundamentos de este arte a una treintena de alumnos. Y sus calles son en realidad un trozo de España en Francia.

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