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La negativa de indultar un toro deriva en una bronca monumental en la plaza de toros de Granada

 19 Abril 2010 - 08:00  Redacción


La tarde de ayer en la Monumental de Frascuelo pudo y debió finalizar con la mayor y más emotiva de las apoteosis, pero el delirio terminó por degenerar en bronca porque el palco, ayer presidido por Francisco Serrano, llevó hasta su último extremo la aplicación del reglamento, cosa que habría que aplaudir si no fuera porque ese mismo reglamento se vulnera un día sí y otro también y suele aplicarse en función de criterios que obedecen más a gustos o simpatías personales -las de los propios presidentes- que a las demandas de los públicos, que son a fin de cuentas los que mantienen el espectáculo taurino y los que, en teoría, deberían ser dueños de las sensaciones y emociones que se generan en los ruedos.
 


Plaza toros Granada - Archivo

Ocurrió en el último acto de la larga función del XIV festival a beneficio de Granadown. Un astado de nombre 'Honorífico', que de salida había atropellado violentamente al novillero local 'El Nico' en su recibo a porta gayola, había cincelado embestida a embestida un monumento a la bravura. Pura boyantía, extraordinaria fijeza, nobleza a raudales. Novillo pronto, solícito a cada demanda de su matador, sin un mal gesto, siempre humillado, codicioso, con clase. Un regalo que, naturalmente, propició todo un recital de entrega y buen hacer del joven espada granadino, con el rostro marcado por el golpe del susto inicial, pero sin merma en su ánimo, ni en su entrega ni en su inspiración. Nicolás López 'El Nico' fue construyendo una faena con pasajes de excelente toreo. Trazo firme, largura y hondura. Por los dos pitones, en redondo y al natural. Series interminables de circulares, con el toro prendido en los vuelos de la muleta. Y el novillo siempre a más, sin ninguna renuncia, fijo en el engaño, con infinito fondo, con superior clase. La emoción desatada en el ruedo y en los tendidos, poblados de pañuelos pidiendo el indulto del bravo animal. En trance el novillero, en éxtasis el público. Se sucedieron las series, los redondos, los naturales, las manoletinas, los pases de pecho, los remates. Docenas de pases, docenas de emociones y el mismo animal presto y dispuesto a embestir. Un clamor toda la plaza en demanda del mayor de los premios para tan bravo animal. Pero frente a la unánime petición, la nota discrepante de una presidencia que no debe tener muy claro que la grandeza del toreo reside en generar emociones y que por encima de la letra impresa de los reglamentos está el sentimiento. Al final 'Honorífico' fue despenado de dos pinchazos y una estocada y fue premiado con la vuelta al ruedo, pero no era el final que merecía. Tampoco el que se había ganado a ley 'El Nico', que vio cambiada la gloria de algo tan especial como la de ser artífice de un indulto por un premio de dos orejas que sólo tiene reflejo en las frías estadísticas. Lamentable.
 
Antes, el ídolo de la tierra, David Fandila 'El Fandi' había cambiado radicalmente el curso de los acontecimientos con una extraordinaria faena a otro novillo de vuelta al ruedo de nombre 'Pocholo' y con el mismo gran fondo de bravura y nobleza que 'Honorífico', aunque no expresada de forma tan manifiesta. Imponente 'El Fandi', que supo exprimir hasta la última gota de casta del novillo y sacó a relucir su generosísima y cada vez más contundente tauromaquia en el conjunto de una labor variadísima con el capote, explosiva con las banderillas y de mucho peso con la muleta, ayer en su versión más pura. Fenomenal, además, la estocada, de ahí que paseara los máximos trofeos.
 
El resto de los novillos lidiados tuvo como denominador común la falta de fuerzas, lo que condicionó la labora de los espadas. Ponce sólo pudo dejar ver detalles de su maestría, 'El Cordobés' se mostró en estado puro, con todo lo que ello significa de comunión con el público y de puesta en escena, Rivera Ordóñez se superó con las banderillas y cuajó una faena más que aseada, Juan Bautista estuvo por encima de su oponente en un trasteo de mucho interés y mérito y el rejoneador Sergio Galán además de clavar con limpieza toreó a caballo, que es lo mejor que puede decirse de un rejoneador

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