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Posiblemente, los
antitaurinos no consigan prohibir las corridas de toros en
Cataluña; pero han logrado insertar en la sociedad el
debate: toros sí, toros no. Como si no tuviésemos problemas
más serios que discutir.
Como en este mundo
traidor nada es verdad ni es mentira, los defensores de la
fiesta y sus detractores tienen su punto de razón. Lo que ya
no es tan normal es que el tema sirva de excusa para
manifestar veladamente, otras cuestiones ajenas al debate:
demonizar a Cataluña, cuando muchos catalanes están a favor
de la fiesta.
Ahora Madrid y Valencia
con una buena dosis de populismo, la declara de interés
cultural. ¿Motivos económicos, políticos, afán de
protagonismo? Con tantos argumentos gratuitos y de poco
peso, ajenos a la cuestión principal, el árbol de los
intereses no deja ver el bosque de la auténtica fiesta.
Una cosa conviene
aclarar para intentar aclararnos: nuevamente son los
aficionados los únicos que cargan con el peso de la defensa
de la fiesta. Ganaderos, apoderados y empresarios, están a
verlas venir. Total, si no hay fiesta en Cataluña, la habrá
en otras partes y a seguir viviendo.
Es una lástima que en
estos momentos de confusión no se aproveche para reflexionar
sobre el verdadero estado de la fiesta. Es verdad que la
juventud no muestra mucho interés por las corridas de toros.
La crisis económica está haciendo mella en las taquillas .
Excepto en las grandes ferias, mucho cemento en los
tendidos. Y el que se va de las plazas desencantado y
aburrido, ya no vuelve.
Estamos comprobando años
tras años, que muchos ganaderos no están haciendo una
selección rigurosa como antes y sale a los ruedos lo que
sale: toros sin fuerza, escasos de raza, incapaz de
transmitir un mínimo de emoción; los nuevos taurinos
justifican el toro un pelín “edulcorado” para la tauromaquia
que se practica hoy. Ahí está por ejemplo, Juan Pedro en
Valencia. Para muestra un botón. Más que edulcorado,
empalagoso pensamos muchos aficionados. Cierto es que aún
así, los toros hieren y pueden matar.
Es hora pues, de que
autoridades, ganaderos, toreros, apoderados, empresarios,
medios de comunicación y aficionados, hagan una profunda
reflexión sobre el estado actual de la Fiesta, si queremos
que esto tenga futuro.
Rafael Gómez Ojeda
19 Marzo 2010
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