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El Bolsín taurino de ciudad Rodrigo homenajea al ‘eterno maletilla’

29 Enero 2011 - 23:00 Redacción
Ni el frío, ni el día desapacible impidieron que Conrado Abad, Conrado para todos, el eterno maletilla, cumpliese ayer su sueño. Con 84 años cumplidos y más de medio siglo de presencia en las fiestas de Ciudad Rodrigo, el eterno maletilla volvió a ponerse delante de las vacas en una emotiva jornada en la que sus paisanos adoptivos, amigos, compañeros, aficionados y numerosos profesionales quisieron rendirle homenaje.

Casi medio millar de personas acudieron ayer al prólogo de la 54 edición del Bolsín Taurino Mirobrigense que, aprovechando el homenaje a uno de sus personajes más clásicos, quiso reunir a finalistas y triunfadores del certamen de promoción más antiguo de España.

La jornada, organizada por la familia bolsinista en colaboración con torosturismo.com, sirvió para reivindicar también una filosofía de vida, de afición, de apoyo a los chavales que empiezan, de lucha por alcanzar un sueño y de hermandad entre los mirobrigenses.


Conrado recibe la estatua del maletilla como homenaje de la familia bolsinista / Mondrián

Pocos quisieron faltar a una jornada plena de emoción. Los actos se inauguraron con una mesa redonda en la que estuvieron presentes el exalcalde de Ciudad Rodrigo, Miguel Cid Cebrián, en representación de la familia bolsinista, el ganadero Javier Sánchez Arjona y los diestros Flores Blázquez, José Ignacio Sánchez y Javier Castaño, así como la novillera retirada Perla Piña, que se clasificó como finalista en 2001.

Tras repasar la evolución histórica del certamen, llegó el turno de reencontrarse en el ruedo. El hotel Conde Rodrigo II, donde a partir de la próxima semana comenzarán a probarse los 50 aspirantes de este año, fue testigo de un tentadero especial, en el que ganadores de varias épocas, de 1981 a 2007, se impusieron al frío para demostrar que quien tuvo, retuvo. El vallisoletano Jorge Manrique, el madrileño César Jiménez y los salmantinos Andrés Sánchez, José Manuel Zamorano y Damián Castaño aprovecharon las virtudes de las vacas de Santos Alcalde, con gran nobleza. Manrique destacó toreando con la zocata, Sánchez con el capote, Castaño por su voluntad y tesón, Zamorano en una faena a más y un dispuesto Jiménez recibieron las ovaciones de los cientos de personas que acudieron a la llamada de la familia bolsinista.

Sin embargo, el momento más emotivo llegó con la segunda vaca. Aunque le correspondía a Andrés Sánchez, segundos antes de darla puerta apareció Conrado, con una muletita, y se colocó en una tronera del burladero. Su curtida figura asomó entonces por la piedra buscando la ocasión de volver a ponerse delante, de agradecer el cariño de sus amigos y de matar ese veneno que desde que tenía 16 años lo llevó a abandonar su casa persiguiendo un sueño. Y Andrés, que le había brindado la actuación, le cedió el turno, pidió que cerrasen la vaca en un burladero y Conrado, el eterno maletilla, se puso delante un par de series ante el asombro y la alegría no sólo del eterno maletilla, si no de todos sus amigos y compañeros. Emocionado, satisfecho y, sobre todo, inmensamente feliz, Conrado recogió la última ovación en el ruedo.

Después llegaron muchas más en una comida homenaje en la que el eterno maletilla narró, con emoción, su historia. Fue el broche a una jornada de campo en la que los bolsinistas le regalaron una estatua con la figura del maletilla, el alcalde de la ciudad mirobrigense, Javier Iglesias, le entregó un cuadro con el escudo de la ciudad, y en el que torosturismo.com y el escultor Antonio Casares de la Riva le hicieron entrega de varios recuerdos. Incluso César Jiménez, que habló en representación de los matadores de toros, emocionó al eterno maletilla recordando cómo se conocieron y definiendo su afición como “la pasión del toreo frente a lo material. Un ejemplar de bohemia y de sencillez en la vida. La felicidad y la libertad”.

Pero el momento más intenso llegó cuando el propio Conrado tomó la palabra para agradecer el cariño de sus vecinos, compañeros y amigos. “Nunca pensé que iba a recibir tanto elogio cuando salí de mi casa”, confesó el eterno maletilla, que a continuación relató una vida ligada al toro y a las capeas.
“Un día, hace 65 años, vive a esta provincia con un fin, quería ser torero. Cuando era niño jugaba al toro y cuando me hice mayor, a los 16 años, me distancié de mi familia, en su contra, para conocer el toro”, confesó Conrado. “Me fui a Sevilla y empezaron las vicisitudes. Dormía en la estación de trenes y para comer llevaba las maletas a los viajeros que llegaban. Un día vendí la ropa que tenía y me compré una muleta, y aunque iba a las fincas, no pude torear y me dieron ganas de volver a mi casa”.

Tras pasar por Bilbao, donde llegó a torear de luces, Conrado recaló en Salamanca, donde le aconsejaron que fuese a Robliza de Cojos.
“Hice noche en un pajar pero pude torear. Aquí los señores ganaderos eran distintos, me daban de comer, de dejaban dormir y podía torear”, asegura. Después llegó Ciudad Rodrigo, donde ha pasado “de ser un aficionado a los toros a ser uno más de la familia”. Querido por sus vecinos, ni siquiera el no poder matar el novillo de las fiestas en 1963, cuando ganó el Bolsín, le restó el respeto de quienes lo consideran un mirobrigense más.

Tras dos años sin torear, apartado de los ruedos por una cornada sufrida en Torrejoncillo (Cáceres), Conrado asegura que tal vez “haya perdido el ruedo, pero he conseguido, entre otras cosas, muchos amigos”. Palabra de bohemio, que recibió una atronadora ovación.

 Tribuna de Salamanca

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