La dureza, el sacrificio y la exigencia de una preparación "al cien por cien" son algunas de las razones por las cuales, a sus casi cuarenta años -que cumplirá el próximo 10 de septiembre-, el rubio torero de Valladolid ha tomado la decisión de retirarse, porque "todo tiene un principio y también un final", ha añadido.
"Me apetece un año de despedida bonito, lejos de la presión de tener que cortar orejas, que es como uno puede dar su verdadera medida, para poder disfrutar en sitios y en momentos clave", ha manifestado el diestro, quien ha situado a la afición de Madrid y a su plaza como los principales responsables de haber sido torero.
|
Fue en Las Ventas donde, a finales de junio de 1991 y cuando aún resonaba el eco de las tres puertas grandes de César Rincón en menos de un mes, cuando Manolo Sánchez se presentó como novillero ante la cátedra un 20 de junio, gustó y repitió una semana después con el resultado de una salida a hombros.
"La afición de Las Ventas me lanzó y apoyó desde un principio: todo se lo debo a Madrid", ha evocado este fino matador y aseado estoqueador que maneja con soltura el capote y encuentra en su poderosa muleta la clave de una personal tauromaquia basada en la técnica y la razón.
Ese éxito fue rubricado al año siguiente en la Feria de San Isidro de 1992, también como novillero, con una nueva puerta grande (su segunda y última) y el ambiente propicio para tomar una exitosa alternativa meses después en el abono de san Mateo de su Valladolid natal, el 22 de septiembre de 1992, con Roberto Domínguez de padrino y Espartaco de testigo.
Desde entonces tan sólo ha faltado en tres ediciones a la Feria de San Isidro (2006, 2007 y 2009), ha sumado 42 paseíllos en Madrid (nueve como novillero) y 44 en Valladolid como matador de toros, las dos plazas sobre las que ha cimentado su trayectoria, exenta de cornadas graves.
Casado y padre de tres hijos "muy pequeños como para pensar en ser toreros", Manolo Sánchez recuerda con especial predilección su etapa como novillero puntero, "muy bonita", y sus primeros años de matador en que fue apoderado por la Casa Chopera, y que le permitió recorrer los principales ruedos españoles, franceses y americanos, donde se anunció junto a las figuras del momento.
Con los dedos llegó a rozar esa condición de figura el propio diestro vallisoletano, algo que "no es fácil" dentro de una profesión "dura, sacrificada y bonita en la que te juegas la vida desde niño", pero se queda con el reconocimiento de los aficionados y la sensación de haber sido valorado por los propios profesionales.
Madurez y experiencia, según sus palabras, ha acumulado a lo largo de todos estos años, como torero pero también como persona, y en breve afrontará una nueva etapa en su vida que no intuye muy lejos del ámbito taurino: "no será difícil que trabaje para una casa importante" de apoderados, ha pronosticado, donde poder aportar todo lo que ha aprendido.
En algunos casos muy cerca de quienes son y han sido notables figuras, entre los que ha mencionado a José Tomás, Enrique Ponce, "El Juli", José María Manzanares, José María Talavante, Sebastián Castella, Cayetano, "El Fandi" y "tantos otros porque no se pueden nombrar a todos".
"Todos ellos, también los modestos, tienen una categoría y un mérito muy especiales por el simple hecho de vestirse de luces", ha concluido Sánchez, quien ciñó su primer traje de luces en 1988 en Tudela de Duero (Valladolid) y debutó con picadores en Sigüenza (Guadalajara) el 19 de agosto de 1989.
Confirmó su doctorado el 12 de mayo de 1993 ante un encierro de González Sánchez-Dalp con José María Manzanares de padrino y en presencia de Fernando Cepeda. EFE


