Un espectáculo visual.


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Toros en El Puerto
 


 
 
 
 
 
 
 
 

Ocultos tras las ramas nos observan acostumbrados a ser curioseados, relajados pero tensos a la vez en cuanto a la mirada penetrante que se clava en la nuestra, diciéndonos que no nos acerquemos ni un milímetro más,...


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Apacibles, relajados, tranquilos, pacientes pero a la vez musculazos y fuertes, sanos y expectantes ante los intrusos que osan mirarles con tanto descaro.  


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Su arrogancia y tranquilidad del campo contrastan con su fiereza y tensión en la plaza.
 

         
 

Un espectáculo visual.

 

El pasado domingo, en plan excursión familiar, decidimos rondar y pasear por las ganaderías de la zona, privilegiada, en el pleno corazón de la ruta del toro, un paraíso terrenal, mezcla de misticismo y aroma de belleza sin igual.

Anduvimos por aquellas ganaderías en las cuales los toros están al borde de la carretera y la estampa es una maravilla. El toro bravo en su máxima expresión del Rey de la Fiesta .

        Ocultos tras las ramas nos observan acostumbrados a ser curioseados, relajados pero tensos a la vez en cuanto a la mirada penetrante que se clava en la nuestra, diciéndonos que no nos acerquemos ni un milímetro más, que no debemos invadir su espacio ni con un vistazo más. Apacibles, relajados, tranquilos, pacientes pero a la vez musculazos y fuertes, sanos y expectantes ante los intrusos que osan mirarles con tanto descaro.  


Bonito ejemplar de Gavira en su hábitat natural

Su paso es lento pero firme, con la seguridad que atesoran en si mismo de ser el epicentro del lugar que pisan. Resulta increíble como un animal tan bucólico en su hábitat, pueda alzar el cuello y afinar todos y cada uno de sus músculos una vez se pone en marcha la maquinaria del traslado a la plaza y, de ahí a la manga del chiquero que asoma a la luz de la plaza.

         Las vacas nos curiosean más inquietas junto a sus crías, futuros ejemplares que ya despuntan en raza y casta con tan sólo un gesto. Ejemplares lustrosos que pastan en la más absoluta serenidad del campo. Privilegiados del entorno donde placen, en un ámbito muestra  y lección de  ecología pura y plena.

            Un espectáculo visual de un animal incomparable, que durante todo su existir es mimado hasta la saciedad y que sabe, y así lo demuestra, que es quien manda en esto. Cuidado por los mayorales, mimado  entre vegetación que simula los algodones.

Su arrogancia y tranquilidad del campo contrastan con su fiereza y tensión en la plaza. Increíble como la masa de la sangre se enarbola en un momento determinado para poner en jaque a todo aquel que se atreve a hacerle frente.

  

24 Mayo 2008
 

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