Tras la argumentación de
la pasada semana del sustento de la Fiesta asentada
sobre sus cuatro pilares fundamentales, el económico, el
ecológico, el social y el cultural, habría que destacar
y quizás es lo más importante el aspecto de ritual y de
belleza que atesora en todo su esplendor.
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Alejandro
Morilla solo ante el peligro |
Siempre nos preguntamos
que nos cautivo de ella que no podemos explicar con
palabras suficientes. Las opiniones son de lo más
variopintas, desde el aspecto de evento social y de
masas, al misterio en si de un animal tan enigmático
como bello y sublime.
Quizás quienes lo ven
desde fuera, su raciocinio no es capaz de asimilar el
amor de los integrantes del mundo del toro por su
verdadero y único protagonista.
Su fuerza, su carácter, su
entorno natural, la belleza en sus formas, su raza, su
casta y nobleza y sobre todo su interior mítico y
misterioso. Para quienes se enfrentan a él es una
especie de dependencia, de adicción a sus encantos y
aquellos que lo contemplamos desde el tendido nunca nos
acabaremos de encandilar ante su fuerza y comportamiento
en la plaza.
Al margen de todo ello en
el trasfondo de la lucha entre la vida y la muerte está
la pasión por la profesión de quienes entregan su vida a
el, dedicados a lograr un sueño en el que saben que el
riesgo forma parte de sus efímeras vidas. No olvidemos
la cantidad de vidas sesgadas en las arenas de los cosos
que se quedaron en el abismo de la pugna.
Además la Fiesta en si es
una amalgama de colores, de luz, de sonidos
característicos, de olor a sal y a tarde grande, aromas
personalísimos de un micro mundo donde oponente y hombre
son sólo un mismo ser. Increíblemente compenetrados la
mano del hombre por una parte y por supuesto todo
aquello que aporta la masa de la obra, el barro en el
cual se esculpen verdaderas obras de arte modeladas con
un trapo rojo y un cuerpo que no suele superar los
sesenta kilos frente a los mas de quinientos de su
oponente.
Aquellos que no son
capaces de asimilar que es un verdadero misterio
envuelto en realidad nunca podrán entender que en ese
escenario del espectáculo se muere de verdad y nunca se
baja el telón para ambos actores predestinados para ello
siempre.