Toros en El Puerto

RESEÑA DEL FESTEJO

 

3 Agosto 2006 HUELVA

PRIMER FESTEJO COLOMBINAS 2006

Enrique Ponce y El Cid, a hombros en el 'día grande' de Huelva

Cartel: Enrique Ponce, de tabaco y oro, dos orejas y vuelta al ruedo. Manuel Jesús 'El Cid', de grana y oro, saludos y dos orejas. David Fandila 'El Fandi', de azul y oro, saludos y una oreja con fuerte petición de la segunda

 

Toros. Se han lidiado toros de la ganadería de Santiago Domecq, bien presentados y de desigual juego. El primero fue devuelto y se lidió un sobrero de La Dehesilla noblote, sobre todo por el lado derecho. El segundo se dejó, aunque justo de fuerzas. Manejable el tercero, pero también limitado de fuerzas. Complicado el cuarto, incierto y sin clase. Manejable el quinto. Rajado el último 
 

Incidencias: Los dos espadas cortaron cada uno dos orejas, mientras que El Fandi sólo logró una del sexto, aunque se pidieron las dos con fuerza. Los toros de Santiago Domecq, de desigual juego. Se rozó el 'No hay billetes'.
    

      La ciudad de Huelva vive su 'día grande' el día 3, recordando el mismo día en que partieron de estas tierras las tres carabelas comandadas por el almirante Cristóbal Colón en busca de las tierras del Nuevo Mundo. Y para el 'día grande', cartel grande: Ponce, Cid y Fandi. Por tercer año consecutivo lidiaba en tan señalado día el hierro de Santiago Domecq, habida cuenta de que en las dos últimas comparecencias se les había cortado cuatro orejas a sus astados. Esta tarde, en cambio, el toro fue muy desigual, con toros noblotes pero justos de fuerzas y otros mansos y rajados como el último.

Ponce y El Cid - triunfadores      Y si Colón fue el almirante de aquella flota que debía descubrir el horizonte del Nuevo Mundo, Enrique Ponce es el actual almirante con mando en plaza en La Merced desde el adiós del último Litri. Ponce respira por y con Huelva. Su amistad con la familia Litri le han hecho un torero más de esta ciudad. Y él, conocedor de ello, se entrega completamente. Sólo así, y por su tremenda afición, se comprende el esfuerzo y la trabajadísima faena realizada en el cuarto cuando ya tenía las dos orejas del primero. Fue un toro incierto en los primeros tercios, sin definirse, molesto. El almirante echó mano de su particular brújula taurina para orientarse en la faena y se trabajó unos muletazos que al final asomaron en la playa del gusto taurino. Hay que tener mucha afición para no aburrirse cuando tras tres tandas el toro aún no decía nada de importancia y la faena tampoco. Ponce logró al final varias tandas buenas, de las de un torero de carisma.

     Y aunque a este cuarto no le pudo cortar las orejas por el remate final, sí lo hizo en su primero. Fue a un sobrero de La Dehesilla, ya que el titular fue precipitadamente devuelto a corrales. Tras permanecer media hora en el ruedo intentando conducirlo a corrales, Ponce decidió estoquearlo no sin antes dejar entrever su calidad en varios muletazos por bajo. El sobrero de La Dehesilla fue manejable, de templadas embestidas, sobre todo por el lado derecho; por el izquierdo sacó aspereza. Faena templada del valenciano, con gusto y tempo, perfectamente rematada con una buena estocada.

     El Cid, que en las Colombinas del pasado año no pudo tocar pelo a pesar de firmar dos de las mejores faenas del ciclo, vino a desquitarse esta vez. En su primero, un manejable animal, faena entonadita del sevillano pero que pudo haber sido mejor, sin terminar de romperse el torero del mismo modo que sí lo hizo en el quinto. De todas formas, el fallo a espadas en ese segundo dejó la petición de oreja en saludos. En el quinto sí logró nota alta con un buen ejemplar de Santiago Domecq. La anécdota de la tarde-noche taurina sucedió en este astado, cuando en el tercio de varas se sufrió un apagón total de la iluminación de la centenaria plaza. Faena de poder pero con el gusto del sevillano, jugando las muñecas y acompañando con la cintura el trazo del muletazo. Esta vez sí agarró la estocada y las dos orejas.

     El Fandi formó sendos líos en los tercios de banderillas. Impresionante la habilidad y destreza del granadino, unido a su excelente conocimiento de los terrenos del toro, las distancias y el temple a cuerpo limpio. Sin embargo no acompañó a sus compañeros en la salida final a hombros. En el tercero, el clímax de banderillas se vino muy abajo en una faena de muleta sin destellos ni grandes detalles de calidad. Además, el feo espadazo que asomó emborronó aún más el remate final. El quinto se le rajó y se fue a toriles. Allí le expuso David, con una faena efectista porque no cabía otra cosa. Su esfuerzo se recompensó con un trofeo, aunque se pidieron los dos.

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