TEMPORADA 2005

 

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Luís Rivas

 

Luces y sombras de un abono
para la reflexión


30 Agosto 2008


Sin terminar aún  la semifinal y final del certamen “El  Puerto busca un torero”, incluido en el abono general, es momento para el análisis y la reflexión de los otros festejos mayores ya celebrados, como las siete corridas de toros, dos de rejones  y otras tantas novilladas con picadores En el podium de triunfadores, cuatro nombres han  hecho historia en este ciclo, José Maria Manzanares, Miguel Ángel Perera, Pepín Liria y Alejandro Morilla. El Juli aunque  igualmente traspasó el umbral de la puerta grande lo hizo  con una primera oreja barata. En el capítulo torista, donde el toro  es elemento fundamental de la fiesta, falló en las primeras corridas, repitiéndose lo de otras ocasiones y   en ferias de España. La falta de coraje y fuerzas, o lo que es igual, bravura, se ha dejado notar, aparte de la presentación  de varios ejemplares. Faltó emoción, aunque, y esto no debe olvidarse, el toro no pierde su facilidad para herir e incluso matar. 


la terna corrida 27 de julio

En la parte positiva hay que señalar que con los encierros de Santiago Domecq, Marqués de Domecq y Camacho, sustitutos de Gavira, sin contar con los de Cuvillo, mejores presentados que las corridas precedentes, aunque sin fondo ni calidad, el abono tomó vuelo para bien. Salió ese toro que se quiere para una plaza como la del Puerto. Llegaron las tardes buenas y el público, que es lo importante, porque se retrata en taquilla tarde tras tarde, se divirtió y disfrutó. Hasta entonces poco brillo hubo en  los dos primeros festejos con figuras incluidas. Una sola oreja para El Cid por faenas de poca intensidad. Si bien es verdad que el lote de Torrestrella, que le tocó poco le ayudó, no rompiendo para bien. Castella con una actuación gris pasó de puntillas, con un complicado  sobrero de La Palmosilla y no se entendió con el último, que aunque se desplazaba tiene el defecto de calamochear algo.

Si en la primera corrida de Ponce no hubo vibración, en la siguiente tampoco logró esos buenos momentos a que nos tiene acostumbrado. Poca relevancia tuvo la labor con el que abrió plaza y con el poniente en contra. En el cuarto el de juanpedro le faltó casta. En estas circunstancias, Ponce no salió satisfecho y el público igual. De este encierro mal presentado y descastado de Juan Pedro Domecq, el resultado fue otro fiasco. ¿Cuántos  lleva en esta temporada el  ganadero jerezano? Sólo se salvó de la quema el tercero bravo y noble,  con el que José María Manzanares se inspiró, en una faena “muy sentía”, con empaque, ritmo, templada y profunda. Sólo faltó el cante desgarrador de Camarón. Se gustó el torero, partiéndose la cintura en cada serie, adornada con trincherillas, cambios de mano, con compás y aroma. No remató con la espada y le obligaron a dar la vuelta. El público se la recompensó en el último con las dos orejas, por otra faena con el mismo son,  aún sin el calado de la primera.

La corrida de Maria José Barral, mal presentada, mansa y descastada, fue remendada por otros tres de Gavira, de pobre presentación e igualmente mansa y que no debían haber  mandado los ganaderos. Hubo marejadilla por la mañana en los reconocimientos y posturas enfrentadas, por parte de la cuadrilla de Cayetano, que a fin de cuenta resultó el triunfador, saliendo por la puerta grande, cortando un apéndice en cada toro, tras estar muy dispuesto y valiente, jugándose la cornada. Su hermano Francisco, voluntarioso pechó con un toro de Gavira, condenado a banderillas negras. Hacía muchos años que no se aplicaba ese castigo en el coso portuense. El Fandi entretuvo como es habitual con las banderillas y variado  con el capote.

Una de las corridas mas completa del abono fue la del sábado 9, víspera del acontecimiento del año. Sirvió el encierro de Santiago Domecq, en general bien presentada si exceptuamos el último. Otro gol que le colaron por la escuadra a la señora Ana Alonso. Se le dio la vuelta al ruedo al segundo, un bravo ejemplar, que repetía y humillaba, donde Manzanares, volvió a mostrar la dimensión de un torero que atraviesa un momento excepcional. Sin llegar a estar a la altura de su primera tarde en su primer toro, transmitió, emocionó, tejiendo una faena artística, con armonía, temple y hondura. La estocada y la posterior muerte espectacular del animal en los medios, provocó aún más si cabe la doble petición de orejas. El Juli, que nada había hecho en su primera tarde, se  quitó la espina, justificando su posición en el escalafón en sendas faenas de capote y muleta, sobre toda en su segundo que fue de menos a más La otra grata sorpresa llegó de la mano de Miguel Ángel Perera,  que está en un momento dulce de su carrera y que sin duda es la revelación del año. Las tres orejas que cortó justamente, demuestra todo lo bueno que hizo en el ruedo con un público entregado. Este Miguel Ángel, valiente toda la tarde, dibujó tandas sobre ambos pitones, en una faena poderosa y de sometimiento. El quite ceñidísimo por gaoneras, solemne y rotundo, para el recuerdo. Le dio la vuelta a la faena al último, que se protestó de salida, calentando y tragando, provocando las palmas por bulerías, en series de circulares y naturales en terrenos comprometidos. La gente salió entusiasmada, los tres matadores por la puerta grande, además de picarse con soberbios puyazos, y matarse de estocada por toro, aunque no todas  por arriba.


José Tomas, importante

Y llegamos a la corrida del año. Mucho se ha escrito y hablado, pero la realidad tiene un nombre: Núñez del Cuvillo. Algunos con armamento cornudo y astifino, deslucido y bronco. Desbordada la expectación, lo que se vio en el ruedo fue más bien poco o nada. La decepción se “coló” sin pasar por taquilla o la reventa, que hizo su agosto particular. La ilusión de doce mil personas que llenaban los tendidos se vino abajo. Los toros  no dieron juego, y los toreros se contagiaron en momento, en una tarde  sombría, aunque luciera el sol en las alturas. Sólo la entrega de José Tomás y la decisión de Morante aportaron escasos pasajes interesantes, como los estatuarios, un quite por gaoneras, y algunos naturales de Tomás, pero sobre todo lo mas relevante fue la entereza, la frialdad para aguantar dos cornadas, la de la axila, más delicada y otra en el glúteo, hasta final de la corrida. Un gesto que da una idea de la capacidad física y torera de uno de los diestros más admirado y respetado de este siglo. En cuanto a Morante nos queda el recuerdo del toreo a la verónica y una serie ligada sobre la izquierda inmensa, estimulado por el fandango de Manuel Horta. Pudo haber cortado oreja, pero la espada no funcionó.

Frente al aburrimiento del festejo, queda la parte positiva y no fue otra que la económica. Mucho dinero para la hostelería y otros negocios afines. La empresa se apuntó un tanto, a tener muy en cuenta, al conseguir organizar ese único mano a mano. Hay que reconocérselo. No sólo se benefició El Puerto sino toda la Bahía, provocando la llegada de muchas personas de países lejanos y de toda España. El Puerto fue por un día, referente mundial de la fiesta de los toros, con presencia de  artistas, escritores, poetas, gentes de las finanzas y el empresariado, algún duque y duquesa en horas bajas, sin olvidar hasta un puñado de gañotes, que se aposentaron en burladeros de callejón y barreras. Los hay listo y con cara.

Otra corrida completa fue la Ganadería Marqués de Domecq, de excelente presentación, brava, noble, con movilidad, fijeza, transmisión, y  un gran toro como fue el cuarto, que resultó indultado. A Pepín Liria le será difícil olvidar en su despedida a Insensato. Lo entendió desde el primer instante, fajándose en una faena  bien planteada, enjundiosa, poderosa y emocionante, sobre ambos pitones. Otro que tocó pelo, fue Jesuli de Torrecera, con sitio, muy dispuesto con el exigente tercero. Volviéndose a jugar la vida en el último con genio y  con un pitón derecho de cuidado. Fue quizás el toro que desentonó del buen encierro del Marqués. El sustituto de Cámara, Javier Rodríguez, puso voluntad y en momentos trenzó buenas series, no contando con el favor del público, que aplaudió el buen lote del valenciano.

Llegó la corrida que más conflicto creó en el reconocimiento mañanero, con amago de plante del torero pacense Talavante.  Este vez aplicó el rodillo Ana Alonso, y no dejó que le colaron mas goles, como los de Juanpedro, Barral y algún que otro de Gavira que se lidió de sobrero. Ella junto a su compañero Rafael Sestelo, que ha estado mas acertado en el Palco, y la empresa por supuesto, saben el toro que debe salir a la plaza de El Puerto. Tomen  nota los veedores de las distintas figuras, que en muchos casos quieren el dinero grande, el toro pequeño y demasiado cómodos de pitones En el toro tomarse alguna que otra ventajilla es humano, pasarse no procede y hasta suena a traición.

A prisa y corriendo, con el agua al cuello, se trajo un encierro de Mari Carmen Camacho, nobles, la mayoría cinqueño, con caja y pitones, mansos segundo, tercero y cuarto, sirviendo el resto, en sustitución de los de Gavira rechazados  excepto dos, que retiraron los ganaderos. Alejandro Morilla, con recursos, sitio, entrega y valor, tuvo una actuación muy digna y grata. Las orejas que le abrieron la puerta grande, no fueron de paisanaje, ni mucho menos. Tanto con el capote en un quite ceñido como con la muleta, volvió a demostrar que es un torero largo y de muy buenas condiciones. Sólo le falta regularidad. El otro torero comprovinciano Caro Gil, sólo nos dejó el aroma de su buen toreo por verónicas. No fue su tarde. No se encontró. En cuanto a Talavante, cortó la oreja del quinto a pesar del descabello, porque sacó a relucir su personal toreo que lo encumbró el pasado año, es decir, la quietud, acortando distancias,  el toreo al natural levantando a las gentes y unas bernardinas en cercanías. No apretó en su primero. 


Diego Ventura, poder y entrega

En el capítulo de rejones cabe destacar a Diego Ventura, triunfador en sus dos actuaciones. Enrazado y haciendo un rejoneo que llega pronto por su espectacularidad, dominio y excelente  cuadra, dan fe del liderazgo que ocupa, a punto de arrebatarle el cetro al navarro Hermoso de Mendoza. Andy Cartagena, es otro de los triunfadores, sobresaliendo su  entrega y toreo de costado, Tiene igualmente una buena cuadra y luce un rejoneo muy del gusto actual. Fermín Bohórquez y Antonio Domecq, fieles exponentes del rejoneo puro, campero y ortodoxo, dictaron su lección correspondiente, aunque ni los toros de su padre Fermín y Benítez Cubero, le ayudaron. Los buenos aficionados disfrutaron y apreciaron el rejoneo de toda la vida, exento de saltos innecesarios. El joven Leonardo Hernández cumplió. En cuanto a las novilladas poco queda en el recuerdo Una mansada  excepto el cuarto, de Camacho que sustituían a los Torrestrella, estrellándose las buenas maneras de Daniel Sotillo, que cortó una oreja, la mala suerte de Martin Gallo y la exquisitez y la calidad del ubriqueño de Miguel Ángel Sánchez, que cortó también una oreja… La segunda novillada fue una noche de petardos, con reses mansas y complicadas de Lagunajanda, donde sólo cortó una oreja Luis Miguel Casares, porque toreó con gusto sobre la derecha al tercero y se tiró a matar como un cañón. Era su segunda novillada con los del castoreño y habrá que seguirle. El Sombrerero valentísimo, lo intentó pero no tuvo opción. Tiene cualidades. Dámaso González, sin definir su personalidad, se contagió de la sosería y mansedumbre de su lote.

 La empresa ha aterrizado como quien dice hace “media hora”. Ya habrá conocido la idiosincrasia de la ciudad y por ende del aficionado. Tomará  buena  nota de lo acontecido. Tiene un año por delante para corregir y marcar las líneas maestras de lo que debe ser la temporada venidera. En palabras del maestro desaparecido Rafael Campos de Espala,” la fiesta refleja como en un espejo, el acontecer del pueblo español, quedando impregnado de las circunstancias taurinas, los distintos estados de ánimos de los españoles”. Por eso la fiesta  seguirá viva y pujante

.       Fotos: Eva Morales
 

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