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25/09/05 Redacción |
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Luís Domecq se ha ido de los ruedos, una verdadera sorpresa en el fondo pero no en la forma, ya que en sus veinte años de carrera ha hecho gala de discreción y no es su estilo el recorrer las plazas en giras de despedida. Eso sí, los buenos aficionados al toreo a caballo van a echar de menos lo que es el rejoneo de arte. —Ha sido una conmoción y una sorpresa. —Cuando uno toma una decisión así no es que la haya pensado de repente. Llevo mucho tiempo madurándola. Creo que es el momento idóneo y hay muchos motivos para esta decisión: llevo veinte años toreando, tengo tres hijos y me gustaría estar más tiempo con ellos. Aquella noche del incendio del camión decidí que en lugar de que unos salvajes me quitasen del rejoneo tenía que luchar para conseguir recuperar el nivel que había alcanzado. Gracias a Dios el año pasado lo conseguí y este año he disfrutado mucho toreando. Ahora creo que es el momento idóneo para descansar un poco y ver las cosas desde otro lado. A partir de ahora voy a torear menos, en corridas escogidas y festivales y quizás el año que viene no toree ninguna. Como tampoco sé si soy capaz de estar sin torear, no he querido anunciar nada porque para mí el toreo es una cosa muy seria y no me parece bien anunciar una retirada si luego no soy capaz de estar sin torear.
—La categoría empieza por uno mismo. En el rejoneo y en todo lo que he hecho en la vida siempre he procurado llevar la máxima seriedad posible. El toreo es una profesión muy dura a la que le estoy muy agradecido. Creo que lo más bonito que puede hacer un hombre es torear y el toreo te provoca sensaciones muy difíciles de sentir en otros ámbitos de la vida. He sido muy feliz durante todos estos años y, en agradecimiento al toreo, quiero seguir dándole la seriedad que se merece. —Debe ser difícil irse toreando en las ferias y en las cimas del escalafón. —Es muy bonito irse cuando uno está en un buen nivel y anunciado en todas las ferias, hacerlo en figura después de tantos años es gratificante. —Quizá es momento de hacer balance y mirar atrás. Usted ha hecho dos carreras profesionales, separadas por aquel incendio del camión. —Superar aquello era un objetivo y se ha conseguido. Se tarda en conseguir una cuadra buena, del nivel que exige el rejoneo. Gracias a Dios he vuelto a tener caballos como el Quito y hacer lo que gustaba. Veinte años en los ruedos dan para mucho, tendríamos que hablar bastante pero lo que sí he intentado siempre y algunas veces he conseguido es dar seriedad al rejoneo, torear de frente, lo más despacio posible, en los medios; darle a los toros la lidia que tenían y no hacerle a todos los toros la misma faena y ponerle la misma cantidad de banderillas y sobre todo estar muy cerca de la doma y de la equitación. Hoy es importante que el caballo salga muy domado para poder torear bien, e intentar que todos los movimientos de alta escuela que se hacen obedezcan a una cadencia y un ritmo, no que se hagan a lo loco. Que las ayudas que tu le pides al caballo se noten lo menos posible, que el caballo vaya bien arreglado. Para ser torero, primero hay que parecerlo y después serlo. Hoy en el rejoneo se le da mucha importancia al último tercio, a las banderillas cortas, que es lo que menos mérito tiene de toda la faena. Quizás hoy se mira más al espectáculo y menos al arte y la clase, que es lo que siempre he buscado en el toreo. —Ustedes han conseguido que se diga con normalidad que un rejoneador es un torero. —Es lo que hemos intentado pero no hay que olvidarse que en todas las épocas del rejoneo ha habido grandes rejoneadores. Nosotros no hemos inventado nada. Aquí estaba todo inventado, sí que hemos intentado es progresar. Todo evoluciona y el rejoneo también: los caballos están mejor seleccionados y mejor domados que antes, el toro también embiste mucho mejor que antes y hoy se torea mejor que nunca pero antes se han hecho cosas muy importantes e incluso los que vengan detrás torearán mejor que nosotros. —Su carrera comenzó en Jerez en 1985 y ha habido hitos importantes. ¿Terminará en Jerez? —He tenido muchas faenas importantes en Madrid, Sevilla, Jerez, Córdoba, Granada, Antequera, Nimes, El Puerto.... recuerdo muchas tardes con mucho cariño. Cuando empezaba no podía imaginar llegar donde gracias a Dios he llegado. Estaré encantado de torear en Jerez cuando se pueda porque es una plaza que me ha gustado mucho y que por circunstancias estos dos años últimos, tal y como está montado el rejoneo hoy de que cada empresario tiene un rejoneador y tu pones al tuyo y yo al mío, pues no he podido entrar en el cartel. —¿Nadie le cortó el paso? —Los carteles lo hacen los empresarios y no los toreros y las corridas son de tres. Con eso se pierden las colleras y pierde mucho el público. Un toro a dúo bien toreado es una maravilla. Yo sí estaba en contra de la carnicería que se hacía y de lo mal que toreaban los toros a dúo. Pasa también con los toros individuales: muchos rejoneadores se creen que aquí se cobra por banderilla que se pone y se olvidan un poco del arte, que es lo que yo siempre busco en el toreo. —¿Le veremos torear en Jerez?
—Me hacía ilusión torear en Jerez
pero ahí sigue la plaza y estaré ahí. Todavía no he dicho mi última
palabra en el rejoneo. Espero que Dios me de fuerzas y ánimos para
torear muchas corridas mas. |