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19/10/04
Casemo
En la tarde hoy ha fallecido a las 87 años de edad, en el hospital
general Santa Maria de El Puerto, de El Puerto de Santa Maria (Cádiz),
Manuel Figueroa Rueda, hombre que durante 70 años ha sido monosabio en la
Plaza Real de El Puerto,
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Todo
tiene su principio, y todo tiene su fin. Se fue para
siempre un hombre que dedicó toda una vida a la Fiesta
Nacional. Manuel Figueroa Rueda dejó
definitivamente su camisa roja a las 87 años de edad. Fue
un "mono muy sabio"
sus consejos siempre eran aceptados por todos aquellos que
lo rodeaban. Fue un hombre "multiuso" desde
arrumbador en bodegas, pasando por capataz de costalero y
terminando de "Director espiritual" de
picadores, asesores, veterinarios y mozos de cuadra.
Durante
sus setenta años en el mundillo taurino, perteneció a
las cuadras de caballos de Belmonte, Romualdo y José
Almodovar y últimamente a la de Antonio Peña,
habiendo prestado sus servicios a todas las figuras del
toreo de antes y ahora, entre ellas el Califa de Córdoba
"Manolete". Tanto se dejaba apreciar, que en el
año 2000 la Tertulia Taurina Portuense "La
Garrocha" le ofreció un merecido homenaje, por su
incansable labor dentro del mundo del toro.
Este
homenaje tuvo muchas adhesiones, entre ellas la de su
amigo Antonio Ruiz, joven veterinario y buen aficionado,
que dijo estas cosas de él:
De
bien nacidos es ser agradecidos.
Quiero, en nombre de todos tus amigos, darte las gracias.
Gracias Manolo por toda una vida dedicada al toro. Setenta
años ya. Desde Belmonte a Tomás… casi ná.
Gracias, de los matadores, novilleros y becerristas.
Gracias, de ganaderos, mayorales, garrochistas y vaqueros.
Gracias de los mozos, los de espada y los de cuadras, de
los ayudas y torileros.
Gracias de las vacas, sementales, novillos y cuatreños.
Gracias de alguaciles y puntilleros, veterinarios y médicos.
Gracias de apoderados y empresarios.
Gracias en fin, de pecherines y de los petos recios, de
cinchas, baticolas y cabezales engrasados, de miles de
puntás y puntás, de miles de raciones de haba y avena,
de los palos de majaguas afilaos del betún en los cascos,
del tronar de limpios estribos; gracias por tu generosidad
sin nada a cambio.
Gracias, por todo lo que aprendí a tu lado en once años
de cuadras y callejones de chicotes, de alpargatas y
blusas rojas.
Gracias, de las yeguas y los potrancos y de viejos
percherones.
Gracias de los picadores, de los más antiguos y certeros, a los menos iniciados: todos venían
por tu consejo y amistad.
Y gracias al final Manolo, de “Jardinero” tordo
vinoso, por aguantar a su lado cuando la vida se le
escapaba durante cuatro días y cuatro noches de vela,
insomnio y vigilia cuando Guardiola traicionero, de astas
certeras y afiladas, le echó las tripas afuera. Nunca
olvidaré la expresión de tu cara quebrada por el dolor y
las lágrimas de los ojos agotados, cuando al final
“Jardinero” se te fue para siempre.
Y gracias Don Manuel, de cinco generaciones de afición a
los toros, porque sin ti la grandeza y emoción de la
suerte de picar en esta Real Plaza, ya no será igual.
La
vida continua, la Fiesta de los toros sigue su camino,
pero debemos dejar patente que setenta años dedicado en
cuerpo y alma a esta maravillosa Fiesta, merece se tenga
presente el recuerdo de Manolo en el lugar donde tantos
años, días y horas ha permanecido fiel a su pasión por
el toro y el caballo, que no es otro que la cuadra de
caballos de la Plaza Real de El Puerto de Santa Maria.
Sitio para un mosaico lo hay, meritos contraídos, muchos,
espero que también haya voluntad para hacerlo. Que
la tierra te sea leve Manolo
En
la imagen superior el día de su homenaje en febrero del
2001, en unión de dos jóvenes picadores, Guillermo
Rosales y Romualdo Almodovar. En la inferior en febrero
del 2004, con su habitual puro sentado en la puerta de la
plaza de abastos.
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