Juan Manuel Garcia de Quiros Pérez

Juan Manuel Garcia de Quiros Pérez

Aficionado taurino

11 Enero 2026

¿Regalo de Reyes?

 
 
Cada vez son más insistentes los rumores que apuntan al regreso del Genio de La Puebla. Y, por lo que se comenta en los mentideros taurinos, quizá no sea un regreso a largo plazo, como muchos creíamos en un primer momento. Demasiadas pistas se nos están dejando por el camino como para mirar hacia otro lado. Y ya lo dice el sabio refranero español: cuando el río suena, agua lleva.
 
 
Ahí están esos mensajes encriptados de Garzón, empresario de La Maestranza, paseando por su finca de La Puebla junto al diestro cigarrero. Imágenes, gestos y comentarios medidos —o quizá no tanto— que invitan a pensar, a soñar y a sospechar. Detalles que parecen colocados con intención, como migas de pan para quien quiera seguir el rastro.
 
 
Todo ello hace que muchos pensemos que el arrebato de Morante en Las Ventas, aquel 12 de octubre, fue precisamente eso: un arrebato. Un impulso nacido del agotamiento mental, del peso insoportable de una temporada histórica, de la exigencia constante y del castigo silencioso de su propia cabeza. Un arrebato del que, estoy convencido, comenzó a arrepentirse casi de inmediato, quizá desde el mismo instante en que cruzó la puerta del Hotel Wellington de regreso.
 
 
Porque Morante sin torear no es Morante. Porque Morante necesita al toro tanto como el toro necesita a Morante. Hay artistas que pueden retirarse y seguir viviendo de recuerdos; otros, como él, solo saben respirar cuando sienten el aliento del toro cerca. El albero es su refugio, su idioma, su manera de estar en el mundo.
 
 
Aparte de todo eso, basta verlo estos días con el traje corto: fino, mucho más delgado, estilizado, con ese aire de quien se está cuidando no solo el cuerpo, sino también el alma. No parece la imagen de alguien definitivamente apartado, sino más bien la de quien se prepara en silencio, sin ruido, sin prisas, pero con determinación.
 
 

 

Quizá mañana salgamos de dudas. Quizá no. Con Morante nunca se sabe, porque su tiempo no es el nuestro y sus decisiones no obedecen a calendarios ni a lógicas convencionales. Pero por si acaso, por si el milagro está cerca, yo mañana iré a ponerle unas velitas a la Virgen de los Milagros. Que nunca está de más pedirle a los cielos que el arte vuelva a vestirse de luces.
 
Juan M Quiros



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