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Gran faena de Perera a un toro importante en Logroño
24 Septiembre 2009
FICHA DEL FESTEJO
TOROS:
Seis toros de Torrealta (Paloma Eulate), de desiguales hechuras, condición y juego. Vuelta al ruedo para el tercero, bravo de verdad. Con clase un cuarto al borde de los seis años, pero lastimado. Se rajaron segundo y quinto. Pegó cabezazos el primero. Se vino abajo un noble sexto.
ESPADAS:
Diego Urdiales, que sustituyó a El Cid, de azul cobalto y oro, silencio tras un aviso y silencio.
José María Manzanares, de azul pastel y oro, ovación y silencio.
Miguel Ángel Perera, de verde botella y oro, oreja tras un aviso y ovación.
INCIDENCIAS:
Pero no remata con la espada una faena imponente con un bravo torrealta de vuelta al ruedo. Poderoso también Manzanares con lote deslucido. Pundonor de Urdiales.
CRÓNICA DEL FESTEJO
Manzanares, imparable
Percances que pudieron haber sido graves pero no. El primer torrealta prendió de lleno a Urdiales en el encuentro de la estocada, le metió el pitón entre faja y cintura, los traspasó, desgarró chaleco y chaquetilla. Tuvo tiempo y entereza el torero de Arnedo para descabellar. Sin acierto. La estocada, delantera, no dejaba descolgar al toro. El último, abierto de cuerna, astifino, le ganó por la mano a Joselito Gutiérrez en la reunión del primer par de banderillas. Lo zarandeó con la pala, le hizo caer y en el suelo lo cosió a derrotes. No cornadas. Milagro. Con gente al quite, todavía el toro, con la presa a mano, se resistía a soltarla. En gesto de valor, Joselito se levantó enrabietado, pidió por las mismas un par de banderillas, se calzó las zapatillas que había perdido en la paliza y acabó poniendo no sin apuros un par de verdadero mérito.
Percances sufrieron a su manera algunos toros también. El que cogió de tan fea manera a Urdiales se pegó antes de varas un volatín completo. El cuarto, con Diego en escena de nuevo, cobró sólo al segundo muletazo una vuelta de campana todavía más a pulso y lesiva que la primera. Ese toro, con casi seis años y una calidad sorprendente, se partió la mano derecha por la pezuña en un mal paso. Antes de la igualada, todavía enterró los pitones para darse una impensable voltereta. Lo nunca visto.
Esta corrida tan accidentada e imprevisible tuvo dos protagonistas estelares: un bravo tercer toro, casi cinqueño, de nombre Minero, y el torero que le dio con riesgo y dominio una gran fiesta, Miguel Ángel Perera. Sin Perera es probable que hubiera costado entrever o adivinar el fondo del toro. Sin la bravura del toro tampoco se habría podido ver a Perera en su mejor dimensión. Picado algo trasero, muy bien lidiado por Joselito Gutiérrez, el toro tendió de partida a abrirse un poco. Pero sólo con una madeja de siete muletazos por abajo, espléndidos por mandones, estaba encelado. A algunos toros tanto poder les resulta excesivo. No a éste, que quiso en la distancia, repitió a los toques, no renunció a ningún enganche. Cuatro tandas en redondo. Y eso que, venido arriba, pesaba el toro más de la cuenta.
Después Perera se puso por la izquierda. La misma fórmula: cite en distancia, series de cuatro ligados sin rectificar, toreo del caro, templado y por abajo. La segunda de esas dos series de naturales fue la guinda. Tal vez estuviera hecho todo, pero Perera decidió provocar el indulto del toro. Sin éxito. Pero lo intentó. Eso supuso alargar faena, incluso volver a citar en la distancia dos veces para que se viera todavía galopar al toro, pero el nivel no fue el mismo. La plaza estaba embalada. Un pinchazo, una estocada caída. Una oreja, casi dos. Y la vuelta para el toro.
Perera volvió a exhibir su valor con el sexto. No empujó el toro, paradito, desfondado. Manzanares toreó con gobierno los dos toros menos propicios y al segundo le pegó una estocada excelente. Urdiales se peleó como un titán con el primero, que pegaba cabezazos terribles y abusó de acortar distancias con el sorprendente cuarto, que se puso algo pegajoso por eso.
Colpisa - Barquerito
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