Noticias |
![]() ![]() ![]() |

Triunfo de Manzanares y El Juli en Barcelona
26 Septiembre 2009
FICHA DEL FESTEJO
TOROS:
Seis toros de Victoriano del Río. El segundo, sobrero. De desigual remate, corrida de generoso perfil. De espléndido remate primero y quinto, que fueron, uno en bravo y otro en bueno, los de mejor nota. Al quinto lo premiaron con la vuelta al ruedo. El sobrero fue nobilísimo. El tercero, el más terciado, salió listo. El cuarto, mirón pero noble, dio juego en buenas manos. Deslumbrado por los focos, el sexto, noble también, no llegó ni a fijarse ni a rajarse.
ESPADAS:
El Juli, de nazareno y oro, oreja con petición y oreja.
Manzanares, de carmín y oro, dos orejas y dos orejas tras un aviso.
Cayetano, de azul prusia y oro, ovación en los dos. Un gran par de Trujillo al quinto.
INCIDENCIAS:
Tres sobresalientes toros de Victoriano del Río, El Juli soberbio y rotundo en dos versiones distintas, a placer Manzanares con gran lote, sin fortuna Cayetano.
CRÓNICA DEL FESTEJO
Un brillante espectáculo casi redondo
El prólogo fue muy emocionante. Al final del paseíllo, y bajo el palco de presidencia, cuadrillas y dependencias se destocaron, la gente se puso en pie y se guardó un riguroso minuto de silencio para honrar la memoria de Francisco Rivera “Paquirri”. Su hijo Cayetano, con brazalete de luto, era de esta partida. La ovación, tras el silencio y el rompan filas, fue tan fuerte e intencionada que El Juli, percatado de lo que suponía, hizo salir a Cayetano a saludar. Por él y por su difunto padre iban las palmas en catarata, cariñosísimas. Cayetano sacó con él a Julián y a Manzanares.
Por megafonía se había anunciado la intención de conmemorar con ese minuto de respeto los veinticinco años de la muerte de Paquirri en Pozoblanco y se recordó, de paso, el detalle casi olvidado de que fue en la Monumental de Barcelona donde Paquirri tomó, en 1966, la alternativa. Estalló una ovación de trueno aún mayor cuando, antes de soltarse el tercero de corrida, Cayetano se fue a esperarlo a porta gayola. Una suerte que Paquirri protagonizó tantas veces y transformó hasta darle un sello personal. El gesto de Cayetano provocó un vuelco de corazón.
Ese toro, suelto de la larga cambiada de recibo, fue el garbanzo negro de una más que notable corrida de Victoriano del Río. Con ella brillaron, de un lado, el poder, el saber y el querer de El Juli en astronómica tarde; de otra, el sentido plástico, y el temple o el poderío más que la pureza de Manzanares. Con los focos encendidos, no lució lo esperado el sexto, que derribó y salió del derribo encelado y desgobernado. Cayetano, por tanto, no tuvo suerte. No fue mal toro ese sexto, pero no tuvo ni las calidades del quinto, de extraordinario son, ni el bravo fondo del primero. Ni siquiera la formidable bondad del sobrero que se jugó de segundo. Ni tampoco las dificultades del cuarto, que no fue sencillo de torear.
Ni imposible. Pero estaba El Juli al aparato y capaz fue de hacerle hasta dos faenas a ese toro que se encampanaba a la salida de suerte por sistema y que, encampanadito, le miraba al torero las hombreras. Tenía torcida la cabeza, embestía muy despacito porque no tenía golpe de riñón y se lo pensó más de una vez a mitad de suerte. El Juli había sido una especie de chorro de sangre caliente con el bravo primero de corrida, pero ahora apareció su versión de sangre fría, que es tan original como la otra. Despatarrado con la mano derecha, a pies juntos con la izquierda, siempre en los medios, ni un muletazo de más ni de menos, una genial improvisación de trinchera transformada en molinete, cambios de mano, péndulos cuando se resistió el toro, gran pulso, ni un enganchón, y el pulso para convertir lo que eran medias embestidas iniciales en viajes completos.
Las dos faenas de más ricos recursos de cuantas se vieron fueron las dos de El Juli. Y de las dos, la más compleja, esta segunda. Su final, un sorprendente telonazo en las rayas previo a tres toques para encontrar la igualada. Media estocada y un descabello sin dilación. La primera fue más pasión en catarata. Toda en los medios, que es donde estuvo puesto El Juli tras seis largos muletazos por debajo de tanteo y asiento. El toro, sardo y berrendo, muy serias las puntas, de pies ligeros, atacó en chorro disparado. Cuando se desataba, lo ataba El Juli a base de enganches y toques. Y de mano baja. Ligado, bien medio toreo. La gente, entregada con El Juli desde el principio, celebró los lances de saludos templados y un ajustadísimo quite por chicuelinas. Y coreó con fiebre cada uno de los pasajes de esa faena tan poderosa y tam abundante, tan seguida, tan sin pausas, rematada y redonda. Un estoconazo algo ladeado. De muerte lenta. La acompañó El Juli con distinción. Se pidió una segunda oreja.
Se la negó el palco, que luego se las regaló a Manzanares sin motivo mayor. El palco estaba con Manzanares. O eso parecía. Precipitadamente fue devuelto el segundo de corrida, que no llegó ni a caerse ni a poder sangrar en el caballo. El sobrero fue un bollito bueno. Salpicado y capirote, cornicorto y gordinflón, se empleó fijo en varas y embistió con franqueza y son. Manzanares le pegó muchos muletazos de gran ritmo. Mejor el ritmo de los muletazos que los de las tandas, porque Manzanares perdió pasos siempre y no llegó nunca al cuarto ligado. Exageradamente tapado el toro en cada toma, como si no hubiera muletazos nuevos. Un poco bruscas las salidas de la cara. Una estocada sin puntilla.
Al gran quinto lo recibió Manzanares con lances de corto vuelo. Renunció al quite a pesar de que el toro lo tenía y se fue enseguida a los medios, donde pedía el toro. No siempre cargada la suerte, no siempre traído el toro por delante y en la mano, hermosamente rematados algunos muletazos, lentísimos a veces, enganchados otros, una faena desordenada. No mala, Tampoco a la altura del toro, que calentaba a cualquiera. Una estocada contraria y sin muerte, Manzanares renunció a descabellar y dio la impresión de que era el miedo a no acertar, y el toro tuvo inmerecida muerte: como si barbeara las tablas o se acostara en ellas. El palco lo premió con dos orejas. Generosamente. Cayetano, avisado por el tercero en dos aviesos viajes, quiso en serio con el último antes de que se le fuera. Y después. Majeza y gitanería, puro clasicismo en el toreo de traer, mecer y soltar. Gran encaje. Finura. Una estocada. Lo despidieron con mucho afecto. A hombros El Juli y Manzanares
Colpisa - Barquerito
Noticias


Tuenti
Enviar a un amigo




Subir