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Un secreto a voces

Un secreto a voces

22 Enero 2026

 El Puerto (Cádiz) Artículo de opinión de Juan M Quiros

 

 

 

 

 

 

 



 
Estaba más que claro que Morante iba a volver. No creo que nadie tuviera la más mínima duda. Quizá lo único que ha sorprendido —al menos a mí— ha sido lo pronto que se ha producido ese regreso. Porque cuando se trata de Morante, nada es nunca definitivo, pero todo parece inevitable.
 
 
Este es un asunto con mucha tela que cortar. Están los que critican la poca palabra del diestro cigarrero; los que aplauden la decisión sin fisuras; y los que se quedan en tierra de nadie, mirando de reojo, sin mojarse. En definitiva, los de siempre. Y como bien sabéis quienes me conocéis, yo soy de los que se mojan, para lo bueno y para lo malo, aunque el chaparrón caiga fuerte.
 
Recuerdo ahora la tertulia que se organizó en el Bar Triana, a la que tuve la suerte de estar invitado. Allí debatimos largo y tendido sobre si debía volver, o incluso si creíamos que volvería. Y como no me gusta esconderme, dije lo que sentía de verdad: como aficionado y como fiel devoto de la religión morantista, estaría loco por volver a verlo en los ruedos; pero como persona, no me gustaría verlo vestido de luces otra vez. Un hombre con esos problemas psicológicos no debería ponerse delante de un toro. No es cobardía, es humanidad.
 
 
Se me viene a la memoria un comentario de uno de los invitados, que vino a decir, más o menos, que “Morante no sabe hacer otra cosa que no sea torear; prácticamente no sabe hacer una O con un canuto, es como un niño chico”. Una frase dura, quizá exagerada, pero que encierra una verdad incómoda: hay toreros que no eligieron el toreo, sino que el toreo los eligió a ellos.
 
Ahora, hablando solo como aficionado, doy mi opinión sin reservas. Que el que para muchos es el mejor torero de la historia vuelva es un regalo caído del cielo. No sé cuántas corridas toreará más allá de Sevilla, ni si esta vuelta será solo un guiño a La Maestranza o el inicio de algo más duradero. Eso, sinceramente, ahora mismo es secundario. Lo verdaderamente cierto es que a los aficionados —y muy especialmente a los morantistas— nos ha regalado una alegría inmensa, de esas que se sienten en el pecho antes que en la cabeza.
 
 
Por supuesto, no puedo terminar sin dar la enhorabuena a Garzón y a Lances de Futuro por hacer posible esta vuelta de Morante de La Puebla. El tiempo dirá hasta dónde llega, pero el simple hecho de volver a soñarlo ya merece la pena.
 
 
Porque con Morante, incluso la duda… también es arte.
 

 Juan M Quiros

 


 






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