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Vuelta a la entrega de Pinar
22 Abril 2010Sevilla. Decimocuarto festejo de Feria Casi lleno. Se lidiaron toros de Alcurrucén, .bonita de lamina pero baja de fuerza y casta .
Curro Díaz, ovación y silencio;
Matías Tejela, silencio en ambos
Rubén Pinar, vuelta al ruedo y ovación
FICHA DEL FESTEJO
La Maestranza, 13º festejo de Feria de Abril. Algo más de tres cuarto de plaza.
Tooros de Alcurrucén, Aceptables de presentación y de bonitas hechuras. Mansos, de escasa casta, aunque sin demasiadas complicaciones. Destacaron el manejable primero y el tercero tuvo calidad en la embestida.
Curro Díaz, de grosella y oro. Ovación y ovación.
Matías Tejela, de marfil y oro. Silencio y silencio.
Rubén Pinar, de nazareno y oro. Vuelta al ruedo y ovación tras aviso.
Cuadrillas. Destacó en la lidia y en banderillas José M. Calvo “Montoliú”
CRÓNICA DEL FESTEJO
La capacidad de Rubén Pinar para solventar las dificultades que le plantea la lidia no deja de sorprender. Y lo hace partiendo de un valor sin cuento, una técnica notable, y calidad suficiente como para poder gratificar a quien atento lo ve. Al tercero, un toro muy manso en los primeros tercios, como toda la corrida de los Hermanos Lozano, lo hizo romper en la muleta a base de suficiencia lidiadora, a base de poderle, a bases de aguantarle. A base de dejarle la tela en la cara a la terminación de cada pase evitando así la tendencia a la huida. Y así llegó el trazo de refinados muletazos diestros que fueron la raíz de lo que había de venir después.

Rubén Pinarcon la derecha
Y es que Pinar toreó tan bajo, tan arrastrada la tela que parecía un arroyo de agua clara que todo lo limpia. Cada muletazo aparecía en su auténtica verdad. Lo más llamativo de todo fue el remate obligado y contundente, la ligazón, lo que reveló con toda evidencia la emotividad de su toreo. Fue una faena a derecha con la que hizo despertar a un público aburrido y sin demasiadas exigencias, y con la que dejó el mejor toreo de la tarde. Ya en el epílogo otra tanda diestra hilvanada con el natural tuvo fondo y contenido. La estocada no bastó para finiquitar lo hecho, y una malísima utilización del descabello le hizo perder un seguro trofeo.
De igual forma lo dispuso con el sexto, un toro muy soso, parado y de complicadas embestidas, aunque la enorme voluntad de Pinar sólo sirvió para lograr, muy al final, sorprender con un toreo diestro excitante, con algo más de contenido y con el que logró arrebatarle el aplauso a los menos receptivos. Con todo, el trasteo resultó, largo, anodino y poco consistente. Tras pinchazo, estocada y descabello le silenciaron lo hecho.
Curro Díaz se las apañó -como casi siempre- en el inicio de faena al primer toro de la tarde, noble y con calidad en las embestidas, para elaborar un trasteo con sensibilidad y estética. La belleza que desprendían cada uno de los muletazos, junto a la variedad de los pases, fue fiel reflejo de la riqueza de unas formas creativas e inspiradas. El jiennense le dio sabor a un toreo hecho muy despacio que después no tuvo continuidad. El trasteo transcurrió con la intermitencia de quien abusó del torear en línea, de los medios pases y de un conformismo que resta credibilidad y transmite simplicidad. Calcada fue la faena al mansurrón cuarto. Hubo algo en las formas de Curro Díaz que despertó los sentidos. Y ese algo arrancó del toreo mismo: de la despaciosidad del muletazo por abajo, de la trinchera, del lentísimo circular… y se acabó. Después vulgaridad, medios pases… y no completar una faena con motivos para dejar huella en la tarde. Lo mejor las dos estocadas a cada uno de sus oponentes.
Para Matías Tejela fueron los más mansos de los mansos. Con el segundo, de embestidas muy bruscas, se mostró desconfiado y vulgar. Con el quinto, descastado y sin clase, se perdió en unos intentos vanos con escasa decisión y sujeto a demasiados condicionante. Sólo se “enfadó” muy al final del trasteo, cuando las posibilidades de alcanzar nota ya eran nulas.
Manuel Viera-sevillataurina.com
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