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Fuente Ymbro, Perera y Luque, aburren a la concurrencia

Fuente Ymbro, Perera y Luque, aburren a la concurrencia

23 Abril 2010

Sevilla.. Decimoquinto festejo de Feria . Con lleno de No Hay Billetes se han lidiados toros de Fuente Ymbro. bien presentados y juego diverso.

Miguel A. Perera, silencio, aplausos; y división tras aviso
Daniel Luque, silencio, silencio y silencio
 



FICHA DEL FESTEJO


La Maestranza, 15ª festejo de la Feria de Abril. Lleno.
Tooros de Fuente Ymbro -el quinto lidiado como sobrero-, bien presentados, serios y flojos. Destacó el tercero, un toro bravo ovacionado en el arrastre. El quinto fue un toro encastado también de triunfo. Los demás, con falta de fuerzas y escasa casta, fueron manejables.
Miguel Ángel Perera, de verde manzana y oro. Silencio, palmas y algunos pitos tras aviso.
Daniel Luque, de rosa y oro. Silencio, silencio y silencio.
 

CRÓNICA DEL FESTEJO



Un derechazo de Perera

Podía resultar desconcertante, y resultó, juntar en una tarde a Perera y Luque. El motivo de estar juntos no fue fruto del azar, sino un deseo de acercamiento a la rivalidad de dos toreros, por entonces, de máximo interés. De este modo, como si de dos discursos paralelos y complementarios se tratara, como si dos formas de percibir el toreo se enfrentaran, Perera y Luque ilusionaban. Hoy ni el primero empujó con sus armas, ni el segundo replicó con la suyas. Contemplarlos fue una mayúscula decepción.

La derrota se auguraba en el ambiente. Pese al lleno de un viernes de Feria de Abril la actitud de la gente era de calma chicha. Ni tan siquiera rompió con la característica ovación de las grandes apuestas cuando se deshizo el paseíllo. Mal presagio. Y toro a toro, poco a poco, la esperanza del triunfo se esfumaba porque esfumado estaba el toreo de Perera y Luque. Aquél que se jugó la vida en una épica tarde en Las Ventas de Madrid no fue el que hoy estuvo en la Maestranza de Sevilla. Y ese otro que enfatizaba sus logros en el ruedo con ambición desmedida perdido estaba en el desánimo.

Ni uno ni otro. Ni Perera mostró la fortaleza que siempre desprendió su seguridad de poder con todo. Ni Luque basculó entre el clasicismo y el encimismo de unas formas con las que quiere ser cuanto antes alguien importante en esto. Sólo la enorme despaciosidad de su capote alumbró la penumbra de una tarde para olvidar.

De todas formas, uno cuando ve la bravura desaprovechada por quien la sueña para crear y emocionar se queda pensando: y bien ¿qué significa esto? ¿Cómo es posible dejar pasar un triunfo de Puerta del Príncipe?.

Y así fue, a Miguel Ángel Perera le salió “Ostrero”, bravo como el solo, lo dejó sin picar, se plantó en los medios y le citó para cambiarle el camino en el último segundo y hacerlo pasar por su espalda. Sin inmutarse siguió de igual guisa, para de inmediato bajar la mano y ligarle a derecha la más completa tanda de muletazos de toda la tarde. Y no hubo más. El toro de Fuente Ymbro acometía sin cesar a una muleta con alarmante falta de mando y temple. Increíble. A este buen tercero lo dejó listo para el arrastre tras pinchazo y estocada.
Noble, aunque flojo y rajado al final, fue el primero, al que el diestro extremeño le realizó un trasteo sin apreturas, de aislados y bien dibujados muletazos, que no llegaron a emocionar. De media estocada trasera se lo quitó de encima. Y el quinto. Un sobrero del mismo hierro que sustituyó al de más trapío de la tarde inutilizado, posiblemente, en el inicio de la lidia. El encastado toro de Ricardo Gallardo no encontró torero que le pudiera. Desanimado y vulgar se deshizo de él con certero espadazo.

Hasta su encerrona en Las Ventas todo lo que ha hecho Daniel Luque lo ha hecho con absoluta honestidad en sus planteamientos. Su toreo ha ido tupiéndose, que no enmarañándose, a base de valor y talento, saliendo airoso de tardes que hasta podrían haberse convertido en un peligro empobrecedor. De Madrid salió tocado. Aquí le ha dado la espalda la suerte, y el desánimo, aunque enmascarado en su aparente buena actitud, le ha llegado. Hizo suyo el toreo de capa de la tarde, quitó a cada uno de los toros… pero muy poco convenció.

Sin emplearse a fondo estuvo correcto con el manso y rajado segundo. Tuvo atisbos de un toreo despacioso con el flojo y protestado cuarto, y sólo con el sexto se hizo notar en unos lances a la verónica, muy despacio y a compás. Lo mejor. Los intentos de faena resultaron baldíos ante la desesperante falta de fuerzas del toro y la desesperanza del torero.
Dos buenos toros salvan la corrida de Ricardo Gallardo, demasiado floja y rajadita al final de faenas, aunque el bravo tercero y el encastado quinto fueron toros de auténtico triunfo. El que hubiese conseguido Miguel Ángel Perera si el destino se lo hubiese puesto por delante dos años atrás.


    Manuel Viera-sevillataurina.com
 



 






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