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Solo una ovación se escuchó en toda la tarde

Solo una ovación se escuchó en toda la tarde

25 Abril 2010

Las Ventas (Madrid). Mas de un cuarto de. entrada Se han lidiado seis toros de Partido de Resina, bien presentados y juego diverso

José Calvo, pitos tras aviso y ovación con saludos;
Fernando Cruz, silencio tras aviso y silencio tras dos avisos y
Álvaro Ortega, que confirmaba alternativa, silencio en ambos.

Antes de iniciarse el paseíllo se guardó un minuto de silencio en memoria del matador de toros Jaime Marco 'El Choni'.
 



FICHA DEL FESTEJO


Toros de Partido de Resina, muy bien presentados, con cuajo y mucho trapío -algunos de ellos, como quinto y sexto, por encima de los seiscientos kilos-, encastados y de juego interesante. El segundo, un gran toro; primero, quinto y sexto, en menor grado, también fueron buenos; aplaudidos estos cuatro arrastres. Y tercero y cuarto, deslucidos.
José Calvo: estocada caída (silencio); y pinchazo, estocada y tres descabellos (ovación tras aviso).
Fernando Cruz: seis pinchazos, estocada y descabello (silencio tras aviso); y dos pinchazos, estocada y dos descabellos (silencio tras dos avisos).
Álvaro Ortega, que confirmó alternativa: pinchazo y estocada (silencio); y dos pinchazos y estocada (silencio tras aviso).
Antes de romper el paseíllo se guardó un minuto de silencio en memoria del matador de toros valenciano Jaime Marco "El Choni", recientemente fallecido.
La plaza tuvo un cuarto de entrada en tarde espléndida.
 

CRÓNICA DEL FESTEJO


Interesante corrida de la ganadería de Partido de Resina, o mejor dicho, buena corrida. El hecho de que cuatro de los seis toros fueran aplaudidos en el arrastre, demuestra que los "pabloromeros" (procedencia de esta divisa sevillana) aprobaron con suficiencia en su regreso a Las Ventas cinco años después.

 
Caso aparte también, la extraordinaria estampa que lucieron los seis sin excepción, grandes, hondos, serios y astifinos por delante y cuajados. Cinco cárdenos y un negro entrepelado, preciosos, los seis también ovacionados incluso de salida.

El problema fue que los toreros actuantes acusaron falta de rodaje, y no estuvieron a la altura, si acaso José Calvo en el que cerró plaza, dejó algunos detalles sueltos, pero a todas luces insuficiente.

Un José Calvo que tuvo en primer lugar el mejor toro del encierro, el segundo, que apretó en el caballo con codicia, y noble y encastado en la muleta, embistiendo con alegría por los dos pitones, y siempre por abajo. Calvo evidenció falta de recursos en una faena anodina en la que faltó reposo, seguridad y ligazón.

Tras estoquearlo Calvo pasó a la enfermería para ser atendido de un pisotón, pero después de correr turno, salió para dar cuenta del sexto, otro toro potable, que aun sin transmitir mucho, se desplazó con buen aire. El valenciano llevó a cabo una faena voluntariosa, que tuvo momentos de cierto interés con muletazos relajados pero con poco ajuste.
A Fernando Cruz le correspondió uno de los garbanzos negros de la corrida, su primero, un toro que de salida ya tuvo dificultades. Sin humillar, con la cara por las nubes, revolviéndose y al acecho del hombre, fue imposible armar faena.

El quinto fue lo que se dice "un pavo" de seiscientos setenta y tres kilos, que entró tres veces al caballo, aun sin emplearse demasiado. Llegó a la muleta con poquitas fuerzas, y aunque de escasa transmisión, "se dejó" torear. Cruz lo muleteó sobre ambas manos en una faena muy larga y espesa, dando tiempo a que sonara un aviso antes de montar la espada.
Ortega no tuvo la confirmación de alternativa deseada, y no por las dificultades que pudiera encontrar de su primer "pablorromero", que lejos de ser complicado, "se dejó" lo suyo. El hándicap aquí estuvo en el torero.

El toro, bravo de salida, derribó en el caballo y peleó con buen estilo en varas. En la muleta desarrolló buen fondo, regalando algunas embestidas con clase por el pitón izquierdo, aunque por el derecho se quedaba corto. Ortega no se acopló, y su labor no llegó a tomar vuelo.

Al alterar el orden de lidia por la lesión de Calvo, Ortega se hizo cargo del cuarto, la otra excepción en la tarde, un toro que apenas aportó nada, en el límite de la casta, parado y deslucido.

Ortega intentó esta vez torearlo en la distancia corta, pegándose un arrimón, valiente, pero todo esfuerzo fue vano dada la condición del astado.

Al final, el interés en la tarde lo pusieron los toros de Partido de Resina, el único tema de conversación de los aficionados que se marchaban de Las Ventas lamentándose, primero de la oportunidad perdida por los tres toreros, y segundo, preguntándose si tardarán otros cinco años para volver a verlos (a los toros) en Madrid.
EFE

 

 



 






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