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Buena presentación de Juan del Álamo
30 Abril 2010Las Ventas. Madrid. P30 Abril. Las Ventas. Un cuarto de plaza. Primera de la Feria de la Comunidad. Novillos de Pedraza de Yeltes, hierro que toma antigüedad. bien presentados y desigual juego.
José Manuel Mas, ovación tras petición y silencio;
Adrián de Torres, silencio tras dos avisos y silencio
Juan del Álamo, ovación tras dos avisos y ovación tras aviso
FICHA DEL FESTEJO
Madrid. 1º de la Feria de la Comunidad. Casi un cuarto de plaza. Soleado, ventoso a rachas.
Seis novillos de Pedraza de Yeltes (Luis Uranga). Tomaba antigüedad la ganadería. Novillada lucida y hermosa, astifina. Fríos y corretones de salida sin excepción, guerreros en el caballo, se emplearon todos, pero de distinta manera. Con buen son los dos primeros; con particular codicia el tercero y el quinto; protestando el cuarto; con brusquedad el sexto, que se blandeó en el caballo y se quedó crudo de castigo.
José Manuel Mas, de malva y oro, saludos y silencio.
Adrián de Torres, de turquesa y oro, silencio tras dos avisos en los dos.
Juan del Álamo, de bermellón y oro, saludos tras dos avisos y saludos tras un aviso.
De Torres, de Linares (Jaén), y Del Álamo, de Ciudad Rodrigo (Salamanca), nuevos en Madrid.
CRÓNICA DEL FESTEJO
El ruido y la fuerza de una faena redonda y templada de un novillero debutante en Madrid: Juan del Álamo, de Ciudad Rodrigo. Una faena de poder, querer, entrega, buen gobierno. Muy resuelta. Muy jaleada también. Pero, después del ruido que celebró tantos méritos, la frustración de venir a subrayarse todo con dos avisos: uno que sonó tras una estocada muy tendida y otro que castigó la falta de acierto paciencia con el descabello. Doce intentos a toro sin descubrir y recostado en tablas.
Una temeraria tanda de arrucinas previa a la igualada no fue idea adecuada para ayudar a descolgar al toro, voluminoso y alto de agujas, con motor fiable. El ataque con la espada fue precipitado. Un jarro de agua fría los dos avisos, cambiados por lo que pudieron haber sido dos orejas. O una y media. Muy rotundo el trabajo: logros de tandas ligadas de cinco, seis y hasta siete sin ceder terreno, a toro metido en el engaño sin trampa ni cartón, a pulso. Inteligente la manera de acoplarse Juan sin apreturas primero; soberbio el dibujo de una tanda de naturales de mano baja.
De la fibra de novillero de casta volvió a haber prueba en el segundo turno. Con un novillo sexto de corrida menos llevadero que el tercero. Escarbó, y fue el único de los seis, se bandeó exageradamente en los dos caballos, descabalgó a un picador valiente –Óscar Bernal-, se quedó sin picar ni sangrar en serio, se dolió en banderillas, arreó nervioso. En tablas fue pegajoso; fuera de ellas, temperamental y brusco. Una gota de agresividad. Un desarme de Juan en el primer asalto, pero en la tercera ronda ya había casi ganado la partida el torero de Ciudad Rodrigo. La mano baja, asiento y encaje no fingidos, corazón, de nuevo el buen pulso. Valor y, por tanto, ambición. Un punto acelerado de repente, y justo cuando el toro empezaba a rendirse. Los nervios del compromiso. Ahora el cañonazo fue a la primera, pero, por larga, la faena trajo de castigo un aviso. Total: torero en danza. Vuelve a Madrid el 11 de mayo.
Era la despedida del escalafón de José Manuel Mas, que el 13 de mayo toma la alternativa en el abono de San Isidro. Y la presentación de otro novillero, de Linares, un Adrián de Torres de firmeza y entereza sorprendentes. Capaz de superar dos feas cogidas: primero, en un estatuario en los medios cuando empezaba a faenar con el segundo; luego, en el primer lance de lo que iba a ser un quite por gaoneras al cuarto. Codillero, ajustadísimo, fiado más en la inercia de los dos novillos de lote –un pastueño segundo, un quinto que no tanto- que en el gobierno de brazos y muñecas. Vertical, inmutable, con la imagen de José Tomás en la cabeza. Delicadeza cuando dibujó despacio con las dos manos. No ritmo todavía. Ni sitio. Sí corazón. Ninguna técnica con la espada. La falta de oficio. Y la ayuda impagable de un banderillero tan bueno como Carlos Ávila que le dejó casi domado al quinto. Dos avisos en cada toro. Catorce descabellos. Pero conviene esperar. No abundan los novilleros de ese afán.
Mas resolvió con seguridad y oficio. Muy despatarrado al entregarse con el notable primero, pero el toro siempre en la mano. La firma de una tanda con la izquierda excelente por todo. Mucho carácter al cargar la suerte en los de pecho. Soltura, facilidad. Cuadra el tópico: lucirá más con el toro. Después de la voltereta del quite de Adrián, el cuarto, muy tocado de capotazos, no fue sencillo. Sopló viento. Mas tuvo el mérito de convertir en faena de rutina lo que en otras manos no habría podido serlo. Al cupo de golpes de descabello de esta corrida –más de treinta- contribuyó Mas con cinco. La sexta parte.
Colpisa - Barquerito
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