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Los novillos imposibilitan el triunfo

Los novillos imposibilitan el triunfo

30 Septiembre 2010

Madrid. 1ª de la Feria de Otoño. Más media entrada. Se han lidiado novillos de José Luis Pereda, (el 1º, como sobrero de Torres Gallego) bien presentados y desigual en el juego

Cristian Escribano, silencio tras aviso y silencio
Damián Castaño, silencio en ambos.
Víctor Barrio, saludos y silencio tras avisos.

Se desmonteró tras parear al 2º el banderillero David Adalid.



Se abrió en falso el abono de Otoño: un primer novillo de muy serio cuajo, abanto y corretón, suelto de no pretender ni fijarse. Se desriñonó al apretar en la segunda vara contra un caballo muralla, salió renqueante, perdió las manos en banderillas, fue devuelto. Entró en escena un sobrero de Torres Gallego, bizco, muy astifino, de corretear de puntillas, de salirse suelto de dos varas y de querer marcharse de todo.

De modo que hubo que ir a buscarlo a las tablas de sol, donde parecía a gusto. A la zona de trabajar se lo trajo Christian Escribano, que se había estirado con el capote sin soltarse. No fue fácil el novillo, encogido, un punto frenado, sin entrega. Oficio y decisión de Escribano en un trabajito decoroso. Ninguna puntería con la espada: tres pinchazos, media tendida, tres descabellos. Sonó un aviso. Iban a sonar cuatro en este estreno de feria. Para el propio Escribano otro más en el cuarto de la tarde; dos en un mismo toro, el sexto, para el sepulvedano Víctor Barrio, que repetía en Madrid con bastante ambiente. Gustó mucho el día de su debut a comienzos de verano.

No salió ni buena ni mala la novillada de José Luis Pereda. Tras la devolución del primero, un segundo que ni descolgó ni se empleó ni terminó de dejarse tampoco, y que en un momento dado se rompió una mano. Con la mano rota, buscó rajado las tablas. Misión imposible para el salmantino Damián Castaño. Después de un segundo puyazo caído, salió a quitar Barrio con garbo vertical: dos lances encajados y ceremoniosos, media enganchada de remate.
El mismo Víctor Barrio se fue al platillo para esperar de salida al tercero, que, abrochado y apuntado de pitones, parecía de infalibles hechuras. Abanto, el toro se fue suelto por tres veces de otros tantos lances firmísimos de Víctor. Tafalleras clásicas. Descarado, Christian Escribano salió en su turno para firmar un quite abusivo por largo: una larga cambiada rondeña –de pie, frontal, a la manera de Ordóñez-, tres gaoneras limpias y ajustadas, un farol, media y una larga. Siete lances, siete. Se celebraron. Pero fueron para el toro quebranto, porque era novillo de veinte viajes y ni uno más.

Sereno y arrojado Víctor: apertura temeraria en los medios de rodillas y de largo, y verticalidad incluso al torear de rodillas. Con el toro apagado, tiró de él con calma en dos tandas templadas, a suerte descargada, bien dibujadas. Linda la manera de tirar del novillo y no tanto la manera de taparlo. El aire amanoletado del torero es llamativo. Pese a remitir a un modelo tan clásico, es personal. Dos pinchazos y una estocada desprendida.

Muy aplomados el cuarto y el quinto, retintos, almas gemelas. Escribano anduvo seguro y directo en toreo de capa de repertorio: verónicas de rodillas ganando terreno, delantales –en pie, naturalmente- cosidos a ellas, media buena y un inesperado pingüí de última hora. El toro romaneó en una vara cobrada por los pechos del caballo que tuvo efectos letales. Un entierro de pitones fue llover sobre mojado. Noble, pero aplomadísimo el toro. Christian se pegó un gratuito arrimón. Muchas voces. Dos pinchazos, una estocada.

Distraído, el quinto, de honda traza, se paró enseguida. En un quite se lo quiso traer por los vuelos Víctor Barrio. Se interpuso el viento. Muy parado el toro, pero Castaño se metió y atrevió con él, y, la muleta en el hocico, le sacó una tanda excelente con la derecha. Se jaleó. No tuvo más fondo el toro. Honrada la porfía de Castaño cuando el toro, la cara arriba, protestaba quedado a mitad de suerte. Trabajo de gran espontaneidad. De torero campero y no académico. Dos pinchazos, una entera. Es valiente este Castaño.

El sexto, salinero y capirote, tuvo la plaza propia de los toros de su pinta. Bizco, con un tremendo garfio izquierdo- Engañosos galopes. Iba a ser el toro decepción: por echar las manos por delante, por distraerse pero ponerse mirón, por su escasa voluntad. A porta gayola y en larga cambiada de rodillas Víctor en el recibo. A los lances en pie les faltó asiento y dibujo. Ya apretaba el toro por su pitón dudoso, que era el garfio. Picó de maravilla Briseño. Apertura estática de Barrio de largo en los medios: el pase cambiado mexicano. Sin especial ajuste. Tres y uno excelente de pecho. Un intento de valor con la mano izquierda, pero sólo tragó en un muletazo primero. Se vino encima el toro luego. Cortos viajes del toro, que topaba. Tirones secos de Barrio. Irregular aguante. No se entendía con el novillo que llevaba la cara por las nubes. Un metisaca a toro arrancado, una estocada, fallos con el descabello. Dos avisos cuando dobló el toro. Novillero interesante.

Colpisa - Barquerito
 



 






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