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El Cid y Talavante a hombros en Linares

Alejandro Talavante

El Cid y Talavante a hombros en Linares

29 Agosto 2012

Linares (Jaén) Segunda de feria. Dos tercios. Toros de Román Sorando, desiguales de presencia, mansurrones y de poco fondo.

Manuel Jesús "El Cid", que sustituía a José María Manzanares, oreja en ambos.
Sebastián Castella, silencios y ovación.
Alejandro Talavante, oreja en ambos.



Triunfaron casi por inercia en una tarde en la que se vio poco toreo. Cortaron orejas y, también, orejillas. Hubo cuatro en total, que les sirvieron para salir en volandas y dejar a Castella en tierra en una tarde para el olvido. La corrida de toros de Román Sorando no sirvió. Demostró poca fuerza y, además, escasa raza, lo que es mucho peor.

El Cid cortó un trofeo en el primer toro. Si no se lo hubieran concedido tampoco habría pasado nada, ya que su faena no pesó tanto como para exigirlo. Con la muleta le dio mucho tiempo entre tanda y tanda y aprovechó el pitón derecho, por el que se desplazó mejor con un toro para bostezar en cada embestida. Lo único bueno que tuvo el animal fue la fijeza, que invitó siempre al torero a confiarse. El cuarto tampoco se desplazó. El astado siempre estuvo muy parado y El Cid aprovechó para pararse también y pegarse un arrimón entre los pitones. Le acarició la testuz, interpretó algún circular invertido y consiguió el trofeo que le faltaba para una puerta grande más pequeña que otras veces.

Castella, como si no hubiera estado. No sirvió de nada que cuidara hasta en la briega en banderillas a su primero. Llegó a la muleta y se vino abajo. Muletazos con la diestra con tornillazos y un pinchazo arriba antes de la estocada. Con el quinto, aún peor. Este tenía peligro sordo, que es ese que no llega a los tendidos pero el matador se ve cogido. Siempre tuvo querencia para toriles y cuando se vio que perdía la pelea se paró y hasta se acostó en los medios. ¡Una fiera tendida en mitad de la pelea a la que hay que tirarle del rabo para levantarla! Por favor... Castella intentó sacarle algo. Le dio un pase cambiado por la espalda al inicio de la faena para el que necesitó acortar la distancia hasta el filo de lo imposible y hasta tirarle la montera al animal. Y ni por esas se arrancaba. Aprovechó el genio de las primeras embestidas y poco más.

Talavante recibió al primero a la verónica y levantó una ovación por delantales. Luego, emocionó con una gaoneras en los medios en los que se pasó los pitones cerca de la taleguilla. Brindó al público y comenzó con unos estatuarios. El toro se desplazaba algo más que sus compañeros de encierro, por lo que hubo más emoción. Talavante se vio cogido en varias ocasiones, pero el público ni se percató. Mala cosa. Así es el peligro sordo. Le cortó una oreja.

Salió el sexto y se devolvió. Poca fuerza y mucha mansedumbre. Apareció el primer sobrero y pasó lo mismo. Después, salió el segundo sobrero --casi a las diez y media de la noche-- y Talavante le cortó una oreja. El espada extremeño sacó un toreo más comunicativo que puro. Se adaptó al animal, que no daba para más. Le bajó la mano en redondo y al natural mientras que aguantó. Luego, molinetes y momentos de inspiración hasta lograr la puerta grande. ¡Qué pobres se ven tres toreros tan grandes cuando no hay toro en la plaza! Fue una tarde para bostezar.

diariodecordoba.es



 






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