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Oreja para Ortega y Rey, y dos grandes novillos de Adolfo Martín en Arnedo

Juan Ortega

Oreja para Ortega y Rey, y dos grandes novillos de Adolfo Martín en Arnedo

28 Septiembre 2013

Arnedo. Novillos de Adolfo Martín, muy serios de presentación, aplaudidos de salida primero, tercero y quinto, y de juego desigual. Los mejores, quinto y sexto, dos novillos extraordinarios por clase, bravura y fijeza; primero y tercero, flojos; con genio el segundo; y gazapón y deslucido el cuarto.La plaza tuvo media entrada.


Juan Ortega: estocada (oreja con ligeras protestas); y pinchazo, media y dos descabellos (silencio).

Brandon Campos, de México: media tendida y dos descabellos (silencio); y pinchazo hondo y descabello (vuelta al ruedo).

Fernando Rey: pinchazo, y estocada trasera y caída (silencio); y estocada enhebrada y gran estocada (oreja).

 

 



OREJAS DE DISTINTO VALOR

Ortega cortó una sorprendente oreja a su flojito primero por una faena en la que en ningún momento logró hacerse con la situación. Brilló con el capote el sevillano, eso si, pero muleta en mano llevó a cabo una labor demasiado encimista y sin emoción.

La estocada fue certera, quizás lo que valoró el usía para conceder un trofeo que cogió a todos de imprevisto, pues ni hubo tantos méritos en el trasteo ni pañuelos suficientes en la petición.

En el cuarto no pudo redondear nada Ortega ante un astado gazapón y muy incómodo con el que llevó a cabo un trasteo de lo más deslavazado.

El mexicano Brandon Campos instrumentó una faena de más a menos ante el segundo del festejo, novillo medido de fortaleza pero con un punto de casta y genio que propició que el mexicano, que había iniciado su labor con buen aire por el derecho, acabara desbordado.

El quinto fue un novillo extraordinario, y con él se vio a un Brandon Campos muy puesto en una labor de nota en los primeros compases, con muletazos largos y ligados, aunque, a medida que fue avanzando la lidia, el mexicano comenzó a desinflarse, acabando a merced del animal, que no cesó de embestir.

El primero de Rey fue el más blando y reservón hasta el ecuador del festejo, novillo claudicante en todos los tercios al que el joven espada malagueño, muy dispuesto, no pudo someter en ningún momento en la muleta.

El que cerró plaza fue el otro gran novillo del envío de Adolfo Martín con el que Rey llevó a cabo la mejor faena de lo que va de feria. Toreo con gusto y reposado, sobre todo al natural, y también de firmeza, metiéndose en los terrenos del toro para lograr pases de mucha enjundia.

La pena fueron los aceros, pues la fea estocada enhebrada que precedió al espadazo definitivo dejó todo en una sola oreja. EFE



 






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