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José Tomás corta una oreja de poco peso en un fracaso de tarde en León

José Tomás

José Tomás corta una oreja de poco peso en un fracaso de tarde en León

22 Junio 2014

León. Tres toros -primero, segundo y sexto- de El Pilar, de desiguales de hechuras e inválidos, y otros tres -tercero, cuarto y quinto- de Domingo Hernández, terciados y deslucidos por falta de raza y carencia también de clase. Salvo el primero, pitados los otros cinco arrastres.La plaza tuvo lleno de "no hay billetes" en tarde espléndida pero con calor sofocante dentro del recinto multiusos del León Arena, a pesar de estar la capota totalmente descubierta.



Juan Mora: media (ovación); pinchazo, otro hondo y descabello (silencio).
José Tomás: estocada ligeramente trasera (ovación tras aviso); pinchazo, y estocada tendida y atravesada (oreja).
Iván Fandiño: dos pinchazos y estocada desprendida (ovación); pinchazo y estocada caída (silencio).

En cuadrillas, Pedro Lara y Jesús Arruga se desmonteraron tras parear al tercero.



José Tomás cortó hoy una oreja de escaso peso en su segunda comparecencia en ruedos nacionales, en León, un fracaso de tarde en la que el deslucido ganado echó por tierra tanta expectación.

En la enfermería fue intervenido el banderillero Fernando Casanova de "cornada en tercio proximal, cara anterior de muslo derecho con trayectoria ascendente hacia la región inguinal, sin afectación del paquete vascular aunque contusionando levemente el músculo recto anterior; y herida en pliegue de glúteo derecho. Pronóstico menos grave".

SUPO A POCO, CASI A NADA

No fue la tarde soñada, ni tan siquiera un mínimo esbozo de lo que suele esperarse de una corrida de José Tomás, más aún cuando el ídolo de Galapagar comparecía en León con una costilla fracturada tras el aparatoso percance sufrido hace tres días en Granada, lo que otorgaba a esta segunda cita de su temporada en ruedos españoles un cariz épico, e incluso heroico.

Pero en esta ocasión no pudo ser, y no lo fue sobre todo por el desastroso e incluso infame encierro ganadero que se eligió para la ocasión: inválidos y vacíos por completo los tres toros de El Pilar, y bobalicones, sin raza ni clase, los de Domingo Hernández. Y eso en cuanto al comportamiento, pues en presentación los seis astados también dejaron mucho que desear.

Ni la solitaria oreja que paseó José Tomás del quinto toro, consecuencia del fervor desmedido de la legión de partidarios que suele congregar en cada plaza que se anuncia, tuvo la consistencia necesaria para salvar una tarde que supo a poco, más bien a casi nada.

Ese apéndice vino a recompensar, o a justificar, una faena intermitente, que tuvo los pasajes de mayor entidad en el toreo al natural, por donde Tomás se fajó en algunos muletazos largos, hondos y cadenciosos. Pases sueltos, pero suficientes para que la gente vibrara como si aquello fuera una gran obra, la que seguramente imaginaban en vez de observar y valorar en su justa medida,

Pero no. La faena tuvo esos momentos aislados, pero al grueso de la misma le faltó de todo, sobre todo continuidad, la misma que no tuvo el desrazado toro de Garcigrande, principal culpable de que la labor, en vez de tintes triunfales los tuviera con claro signo triunfalista.

Antes, en su primero, que no tuvo la mínima fuerza ni para aguantar la divisa, Tomás llevó a cabo una faena muy larga, de voluntad y paciencia para tratar de afianzar un animal claudicante hasta en los pases por alto. Sólo dos series cortas a pies juntos sobre la mano izquierda en el epílogo tuvieron cierta enjundia, mas tanto empeño, al final, no sirvió para nada.

El primero de Fandiño apuntó cierto brío de salida, pero enseguida se vio lo que portaba dentro, es decir, nada. Verónicas sensaciones en el recibo, y posterior quite por chicuelinas y saltilleras citando muy de largo al de Domingo Hernández empezaron a caldear los tendidos, que enardecieron tras los dos pendulazos en el inicio de muleta.

Aquello parecía que iba a "romper" pues al menos el animal apuntaba cierta movilidad, aunque soltando mucho la cara. Fandiño le pegó una primera tanda a derechas de mucho mando, poderío y mano baja. Pero hasta ahí, pues el toro, al verse sometido, empezó a quedarse hasta apagarse por completo. Fue un visto y no visto.

El sexto fue el colmo de la invalidez, y Fandiño, que brindó faena a José Tomás, se desesperó al ver como su amago de oponente se derrumbaba una y otra vez sobre el albero leonés.

El más veterano del cartel, Juan Mora, dejó pinceladas de su aromático y personal toreo en el que abrió plaza, con el que protagonizó los momentos más notables de su actuación manejando la zocata, aunque siempre a media altura y sin apretar a un astado que se sujetaba con alfileres.

En el cuarto, en cambio, anduvo un poco más a la deriva con un toro al que le costaba un mundo repetir sus embestidas.

Javier López EFE



 






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